TRANSCRIBO textualmente un resumen de periódicos: "La crisis de la economía española continúa dando que hablar en la prensa internacional. A los funestos pronósticos del Wall Street Journal y el Financial Times, se suma ahora The Economist avisando que ha llegado el dolor para nuestra economía. Zapatero no ha hecho las reformas económicas necesarias, y eso le pasará factura. Esté preparado porque vienen tiempos duros y ZP puede dejarnos apenas con lo puesto". Eso, claro está, son alarmismos creados por el PP para confundir a buena parte de la población española con la ayuda de periódicos, y otros medios, que le son afines aunque estén editados más allá de nuestras fronteras. El otro día me argumentaba un catedrático que el "golfo" de Rajoy y sus compinches habían sido capaces de engañar a diez millones de españoles para que apoyen su proyecto. Proyecto que, a su entender, no es otro que impedirle a una "persona elegante y educada, como Zapatero", que complete los cambios necesarios para que este país disfrute de un bienestar como el que no ha conocido en toda su historia.
Golfo o decente, a lo peor es verdad que Rajoy posee aliados internacionales. Los mismos que no quieren saber nada del actual presidente en funciones del Gobierno central. Aunque también debe de tenerlos por estos alrededores archipielágicos, habida cuenta que la CEOE-Tenerife ha dado la enésima voz de alarma: "Desastre laboral para la construcción", titulaba EL DÍA el pasado sábado. Una cabecera de noticia similar a la insertada por otros periódicos que se editan en las Islas. Pero no pasa nada porque eso son mentiras. Que se lo digan a esas 23.000 personas del citado sector que se van a quedar sin empleo a lo largo de este año; que se lo digan cuando les toque comerse el turrón -¿turrón, qué turrón?- en las próximas Navidades. Ya entonces habrán experimentado muchos en sus propias carnes el precio de las ideas. Porque las ideas son muy bonitas cuando las defiende un catedrático al que nunca le faltarán los garbanzos. Pero no son gratis. Su precio lo conocen bien quienes, a falta de un sueldo seguro, tienen que echarse a la calle cada mañana para procurarse el sustento.
Concurre, por añadidura, la penosa circunstancia de que esos 23.000 empleos son sólo una parte del desaguisado total. La construcción, baladí resulta recordarlo, es un sector que tira de todos los demás; la locomotora de una economía, como la canaria, basada en el turismo y la construcción, sin olvidar el sector inmobiliario. Esas, y no otras, son nuestras habas contadas.
No pretendo, sin embargo, convertir este folio en una loa a Rajoy. Mientras que los empresarios canarios temen, y cada día más, las consecuencias de las discrepancias entre el Gobierno de Zapatero y el de Rivero, los empresarios de toda España van haciéndose a la idea de que el PSOE seguirá en el Poder no sólo esta legislatura presta a comenzar, sino alguna o algunas más. Rajoy ha optado por enrocarse como líder de la oposición, sin otro horizonte que disfrutar de las prebendas -mediocres prebendas, conviene precisar- que le confiere ese estatus a él y a la camarilla de chupatintas que lo acompaña en su desventurada aventura. Ellos, y no el PSOE de Zapatero, son los responsables últimos de lo que se avecina.
TRANSCRIBO textualmente un resumen de periódicos: "La crisis de la economía española continúa dando que hablar en la prensa internacional. A los funestos pronósticos del Wall Street Journal y el Financial Times, se suma ahora The Economist avisando que ha llegado el dolor para nuestra economía. Zapatero no ha hecho las reformas económicas necesarias, y eso le pasará factura. Esté preparado porque vienen tiempos duros y ZP puede dejarnos apenas con lo puesto". Eso, claro está, son alarmismos creados por el PP para confundir a buena parte de la población española con la ayuda de periódicos, y otros medios, que le son afines aunque estén editados más allá de nuestras fronteras. El otro día me argumentaba un catedrático que el "golfo" de Rajoy y sus compinches habían sido capaces de engañar a diez millones de españoles para que apoyen su proyecto. Proyecto que, a su entender, no es otro que impedirle a una "persona elegante y educada, como Zapatero", que complete los cambios necesarios para que este país disfrute de un bienestar como el que no ha conocido en toda su historia.
Golfo o decente, a lo peor es verdad que Rajoy posee aliados internacionales. Los mismos que no quieren saber nada del actual presidente en funciones del Gobierno central. Aunque también debe de tenerlos por estos alrededores archipielágicos, habida cuenta que la CEOE-Tenerife ha dado la enésima voz de alarma: "Desastre laboral para la construcción", titulaba EL DÍA el pasado sábado. Una cabecera de noticia similar a la insertada por otros periódicos que se editan en las Islas. Pero no pasa nada porque eso son mentiras. Que se lo digan a esas 23.000 personas del citado sector que se van a quedar sin empleo a lo largo de este año; que se lo digan cuando les toque comerse el turrón -¿turrón, qué turrón?- en las próximas Navidades. Ya entonces habrán experimentado muchos en sus propias carnes el precio de las ideas. Porque las ideas son muy bonitas cuando las defiende un catedrático al que nunca le faltarán los garbanzos. Pero no son gratis. Su precio lo conocen bien quienes, a falta de un sueldo seguro, tienen que echarse a la calle cada mañana para procurarse el sustento.
Concurre, por añadidura, la penosa circunstancia de que esos 23.000 empleos son sólo una parte del desaguisado total. La construcción, baladí resulta recordarlo, es un sector que tira de todos los demás; la locomotora de una economía, como la canaria, basada en el turismo y la construcción, sin olvidar el sector inmobiliario. Esas, y no otras, son nuestras habas contadas.
No pretendo, sin embargo, convertir este folio en una loa a Rajoy. Mientras que los empresarios canarios temen, y cada día más, las consecuencias de las discrepancias entre el Gobierno de Zapatero y el de Rivero, los empresarios de toda España van haciéndose a la idea de que el PSOE seguirá en el Poder no sólo esta legislatura presta a comenzar, sino alguna o algunas más. Rajoy ha optado por enrocarse como líder de la oposición, sin otro horizonte que disfrutar de las prebendas -mediocres prebendas, conviene precisar- que le confiere ese estatus a él y a la camarilla de chupatintas que lo acompaña en su desventurada aventura. Ellos, y no el PSOE de Zapatero, son los responsables últimos de lo que se avecina.
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