Aplazamiento de la deuda para todos
Debido a la crisis de las "subprime" y al elevado endeudamiento adquirido por la gran mayoría de las inmobiliarias españolas, entre otros factores, la situación económica de dichas empresas se pueda catalogar de entre crítica y desesperada, llegando incluso al extremo de que algunas empresas que hace apenas unos meses iban muy bien, ahora han presentado suspensión de pagos.
Por ello, no nos debería de sorprender leer titulares como que la empresa Martinsa-Fadesa está negociando el aplazamiento del pago de una deuda de 3.800 millones de euros, hasta el año 2011, esto es, la banca le daría un plazo de gracia de entre tres a cuatro años para hacer frente a su deuda. O el caso de Metrovacesa, que ha logrado aplazar el pago de un préstamo de 1.266 millones, en este caso, hasta septiembre de 2008.
Creo que este mismo rasero que se aplica a las grandes empresas también se debería aplicar al resto de personas que tiene contraída una hipoteca y que pudiesen solicitar un aplazamiento sin ningún tipo de recargo de entre tres a cuatro años, obviamente sólo en aquellos casos en que las familias demostrasen la imposibilidad de pagar su hipoteca. Si bien es cierto que en teoría se puede pedir al banco un aplazamiento del pago de algunas cuotas o intentar renegociar la hipoteca o incluso cometer el error, según algunos expertos, de reagrupar todas las deudas, lo cierto es que la situación económica en España se presenta muy sombría para las economías familiares de muchos españoles.
Tan sólo un dato: según el Instituto Nacional de Estadística en 2007, en España se constituyeron un total de 1.235.212 viviendas hipotecadas y la hipoteca media era de 149.000 euros y la cuota mensual media se situó en 825,63 euros al mes o lo que es lo mismo, en 9.907,56 euros al año. Teniendo en cuenta que a las empresas Martinsa-Fadesa y Metrovacesa se les ha aplazado el pago en total de 5.066 millones de euros, esto representa el mismo valor que las cuotas que pagarán en un año un total de 511.327 españoles, lo que, a su vez, equivale a cerca de la mitad de las hipotecas en España.
Y estos datos corresponden sólo a dos de las muchas empresas inmobiliarias existentes en España. Creo que la permisividad que se aplica a las grandes empresas a la hora de pagar sus deudas se debería aplicar por igual a todos los españoles con problemas para hacer frente a las cuotas de sus hipotecas.
Pablo Martín Tharrats
Un vaso vino
Y tomándose su tiempo, los españoles desembarcaron en las playas de Añaza. Es decir, por la estación del tranvía, más o menos en La Fundación. Afilaron las espadas, guadañas y alimentaron los arcabuces de la guerra, cargaron las alforjas de unos 50 caballos y los 1.000 aventureros europeos más otros 1.500 guanches convertidos (de las islas orientales) la emprendieron hacia el norte. Se pertrecharon bien y comenzando por las vías del tranvía y después por la carretera vieja se adentraron en la cornisa septentrional de Tenerife. Armando bronca. En una zona llamada Acentejo, unos 5.000 guerreros o más los esperaban con las fuerzas de Bencomo y algunos cabecillas. Tinguaro al frente les tendió la trampa y surgió la Matanza, que también podía haberse llamado La Escabechina.
Escabechina es lo que hacen los fines de semana en esa misma carretera. Si un viernes o sábado noche usted va de Santa Cruz o La Laguna a echarse un vasito de vino y un trocito de algo, pasa lo mismo. La pareja, que ya constituyó familia, de la Guardia Civil está al acecho y si se descuida regando mosto al comerse la viejita o se manda un "wanijey", puede estar seguro de no eludir la trampa del Tinguaro de turno.
Una pedrada en la boca le estamparon al mismísimo Fernández de Lugo y los pobrecitos europeos desperdigados malamente, con muchísimas bajas volvieron a los que no se quedaron en el polvo, a la Fundación. Unos por la cumbre y otros costeando, cada uno penosamente como pudo y corriendo más que galgos. Así es como ahora se vuelve del Puerto de la Cruz o de Cuesta La Villa. A escondidas y no sólo de tu pareja.
A usted no le van a estampar una pedrada en la boca y en vez de ponerle puntos de sutura se los quitaran de la costura y una multa como un castillo amanecerá en su bolsillo. Menudos son colocando controles y no es lo mismo que se lo hagan a otro, que al fin y al cabo es otro, que a uno que controla y sabe lo que hace.
Los españoles se marcharon dejando un retén en el medio fuerte que habían construído previamente en la estación. Usted, váyase a casa, que es lo mejor que puede hacer y que sólo quede el soplido y la firma. Ya vendrá la receta.
Volvieron las huestes escarmentadas. Reforzadas con la experiencia y las armaduras. Un poquito más allá, unos añitos más tarde, en el mismo Acentejo repitieron la jugada. Los Guanches, ya sin Tinguaro decapitado, cayeron ahora ellos en la trampa y se llamó La Victoria.
Usted vuelva en guagua y tranvía al guachinche, no deje de ir al siguiente fin de semana, escarmentado o con el refuerzo de su pareja y que regule el susodicho.
Ahora en serio, deberíamos aprender de nuestra gloriosa historia (los aztecas o los incas, siendo millones, no fueron capaces de vencer a los desafiantes españoles, y los cabreros guanches sí), porque es preciosa y además sirve para un "vasito de orgullo".
José A. Infante Burgos
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