F.A. FERRER, La Laguna
El barrio de La Candelaria es uno más en La Laguna. No es el más bonito, ni el más limpio, ni el más acogedor, ni el de mayor número de habitantes, ni el de mayor solera. Pero sus calles no reflejan lo que sus vecinos quisieran, al menos una parte de ellos, que lamentan el deterioro al que ha llegado el mobiliario urbano de su entorno. La lista es larga. Pero valga como ejemplo que la calle más larga de La Candelaria, que la cruza de arriba a abajo, Marqués de Bajamar, no tenga ni un sólo rótulo que la identifique. De forma simbólica, este es el nombre con el que los vecinos encabezados por Jesús Conde han bautizado a una nueva asociación de vecinos de la zona. Para que su barrio, como dice el nombre de otra de las calles, no caiga en "El Olvido".
La Candelaria presenta toda una colección de despropósitos. Para empezar, sólo posee un contenedor para reciclar papel y cartón a la entrada, con lo que eso conlleva. Los parques infantiles tienen varias losetas de goma rotas y sueltas, aparte del mal estado de los columpios y una fuente de agua que no es tal, pues sólo se llena cuando llueve.
El asfalto de casi todas las calles está deteriorado como consecuencia del paso de camiones de gran tonelaje. Las aceras ídem de lo mismo, quebradas desde hace años sin que nadie lo remedie y, algunas de ellas, sin los rebajes oportunos para minusválidos. Decenas de pivotes colocados por la corporación para que los vecinos no aparquen han caído sin remedio. Diversos solares sin murar actúan como escombreras que rebosan hasta la calle. Contenedores de basura inutilizados y un par de coches abandonados desde hace meses, haciendo acopio del polvo y de las chiquilladas.
Ante la evidencia del mal estado del barrio, EL DÍA contactó con la concejala de la zona, Blanca Pérez, quien defendió las tesis municipales y el buen estado del barrio. De hecho, Pérez aseguró que "lo único grave son los solares sin murar, y no es que no se haya querido, sino que son de propiedad privada y es complicado contactar con los dueños porque están en paradero desconocido".
Para cada queja vecinal, la concejala tiene una solución: los rebajes de las aceras se están rematando; después de Semana Santa se colocará la capa de rodadura en las calles que faltan; hace dos meses se hizo un repaso de la señalización y se encargó una rotulación nueva que podría estar dentro de un mes; se está redactando un proyecto para renovar el alumbrado público este año; la retirada de coches es un proceso que lleva en torno a 25 días y se está haciendo un informe para considerarlos residuos; el Plan Urbano modificará en breve la zona de juegos infantiles, que irá ubicado al otro lado de la plaza; los pivotes se han puesto porque se suben los coches a la acera, y a cada paso hay que reponerlos.
Sin embargo, y a pesar de lo bien que pinta el futuro de La Candelaria para el Ayuntamiento de La Laguna, los vecinos no deben verlo tan claro. Ellos viven ahí día a día, ven la evolución del barrio, ven que un día hay una cosa rota, al día siguiente otra y al siguiente otra nueva.
No obstante, al igual que los habitantes pueden y deben exigir a sus gobernantes que tengan en igual estima el centro del municipio y las afueras, éstos pueden y deben exigir a los habitantes que respeten y denuncien a aquellos que destrozan lo público, que no cuidan lo común y que incumplen las normas básicas de urbanidad y convivencia.
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