EL HUNDIMIENTO de los nacionalismos en las pasadas elecciones generales o, si se prefiere, el notable retroceso de los nacionalistas en general y de los radicales en particular, se ha recibido como una bendición en el conjunto del país. Me consta que la anterior afirmación es compartida por la mayoría de las familias españolas votantes del PSOE y del PP, y también las de los abstencionistas. Otros, los menos, posiblemente no la compartan. Claro está también que yo aquí, en esta columna dominguera, escribo lo que pienso en cada momento.
Y pienso que ya era hora de poner coto al chantaje, las hipotecas al Estado y las suculentas facturas de los partidos nacionalistas por sus servicios. Que la marea nacionalista retroceda es la mejor noticia de las últimas elecciones. En el mundo globalizado de nuestros días, el nacionalismo es anacrónico y obsoleto, y además incompatible con el futuro. Mirarse el ombligo es peor que mirar hacia atrás.
Los nacionalistas, moderados y radicales, vivieron un banquete festivo durante la pasada legislatura en España. Marcaban el rumbo, y gobernaron de hecho. El nacionalismo radical, secesionista e independentista, es una locura. Izquierda Unida ha pagado muy caro su alianza con los proetarras en los Ayuntamientos vascos. Además, uno de los aspectos mas sobresalientes del triunfo de Zapatero el pasado domingo es -no cabe la menor duda- el adelantamiento registrado por el PSOE en las tres provincias vascas, relegando así a los nacionalistas del PNV a un discreto segundo puesto en Guipúzcoa y Vizcaya y a un tercer lugar en Alava.
Es curioso observar algunos resultados de la distribución regional de escaños que, en cierto sentido, resultan alarmantes; en las regiones con pretensiones secesionistas, con anuncios de referendos incluidos (Cataluña y el País Vasco), el PSOE ha arrasado con 34 escaños frente a los 10 del PP. Por el contrario, en el resto de regiones españolas, que pretenden seguir siendo parte constitutiva de España, el PP ha logrado 143 escaños frente a los 135 del PSOE. ¿Qué nos espera con el futuro gobierno de España? ¿Pilotará, en agradecimiento, el PSOE (los escaños que el PNV aporta, sumados a los del dócil BNG, darían una estrecha mayoría al Presidente) el proceso de secesión de las regiones que, con sus votos, han propiciado la victoria del PSOE en el conjunto de España? ¿O sería capaz de seguir el mensaje enviado por los electores y que indica deseos de una gran coalición capaz de afrontar los grandes problemas que tiene el país -terrorismo, ordenación territorial, ralentización económica- con una visión global, en vez de la parcial de sus diferentes partes? Zapatero tiene al alcance de su mano rectificar su forma de gobernar para dar paso a una etapa de cooperación con el PP en los asuntos de Estado.
Por lo que respecta al PP entiendo que debe aprovechar el resultado electoral, mas que decente, para proceder con tranquilidad, aunque con determinación, a una renovación imprescindible que siente las bases de una nueva etapa. Olvidarse de los restos del aznarismo, ya electoralmente muy perjudiciales. Cambiar el discurso y el guión. Y enviar a Rajoy quizás, y con todos los honores, a la reserva, aunque nunca antes de que éste haya pilotado la transición en el PP. Todo esto ya se verá.
Lo que si se ha visto ya también son los resultados de los llamados nacionalistas canarios. Han perdido en la región decenas de miles de votos. De pena. Nada extraño y en sintonía con el resto de los nacionalismos. El canario, aunque tardío y remolón en muchas cosas, es inteligente. Y, a la vista está, no se le puede engañar tantas veces.
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