¿Recuerdan? El teniente Somerset (Morgan Freeman), del departamento de homicidios, está a punto de jubilarse y ser reemplazado por el ambicioso y brillante detective David Mills (Brad Pitt). Ambos tendrán que colaborar en la resolución de una serie de asesinatos cometidos por un psicópata que toma como base la relación de los siete pecados capitales: gula, pereza, soberbia, avaricia, envidia, lujuria e ira.
Los cuerpos de las víctimas, sobre los que el asesino se ensaña de manera impúdica, se convertirán para los policías en un enigma que los obligará a viajar al horror y la barbarie más absoluta. Sí, es el argumento de "Seven". Una película sombría y desasosegante, sobre un guión inteligente, cuyas imágenes no se han borrado aún de mi memoria. El final me derrumbó completamente. A pesar de la docena de años transcurridos la recuerdo como si la hubiese visto ayer.
Si David Fincher, su director, tuviera que realizar hoy el film, tendría que hacerlo por entregas. Los siete pecados capitales catalogados por el Papa Gregorio Magno en el siglo VI y popularizados, antes de la película citada, por Dante en "La Divina Comedia", no son suficientes para los tiempos modernos.
La Iglesia, a la que tantas veces se le acusa de no adaptar su doctrina a los tiempos, nos deja claro que "uno no ofende a Dios sólo al robar, blasfemar o desear la mujer del prójimo, sino también cuando uno daña el medio ambiente, participa en experimentos científicos dudosos y manipulación genética, acumula excesivas riquezas, consume o trafica con drogas y ocasiona pobreza, injusticia y desigualdad social". Así lo manifestó Monseñor Girotti, portavoz del órgano oficial del Vaticano, L'Osservatore Romano.
Queda bastante claro quiénes van teniendo una parcelita en el infierno. No hay más que echar un vistazo a esa revista que publica el ránking de supermillonarios para saber, por ejemplo, que Warren Buffet, campeón indiscutido en el rubro de las fortunas obscenas; o el mexicano Carlos Slim, número dos, o ese "desconocido" al que llaman Bill Gates, van a ir derechitos al averno.
Con el pecado mortal de la contaminación ambiental -además del primo de Rajoy- si no hubiera tiempo para deslindar responsabilidades individuales, pues irían de cabeza al fuego eterno la mayoría de los estadounidenses -los grandes contaminadores del planeta- y también los chinos, que si siguen así tampoco se van a escapar de las llamas.
Con los científicos? pues, eso: si se dedican a la manipulación genética, derechitos al infierno.
Los narcotraficantes imagino que no se sorprenderían por el lugar que les correspondía, pero de los drogadictos? tengo mis dudas. No sería demasiado justo que acabaran en el infierno después de haberlo vivido aquí en la tierra. ¿No tendrían derecho siquiera a una conmutación de la pena?
En fin, a este paso, van a tener que ampliar tan calentito albergue. Un rumor: dicen que el recién estrenado presidente de la Conferencia Episcopal, monseñor Rouco Varela, así como el arzobispo de Burgos, Francisco Gil, han estado invirtiendo en los últimos años fondos de la Iglesia en compañías farmacéuticas como Pfizer, una multinacional que tiene como producto estrella la Viagra, así como un anticonceptivo inyectable con mucho éxito en Estados Unidos. Vivir para ver. Ni por el código antiguo se salvan.
Menos mal, Señor, que vuelves y mueres por nosotros cada año.
Feliz Domingo? de Ramos.
adebernar@yahoo.es
© Editorial Leoncio Rodríguez, S.A. |Aviso legal | Mapa del sitio | Publicación digital controlada por OJD