SIEMPRE confesé que Borges era mi escritor favorito. Aunque a veces me quedo en la duda de si no me interesará y me absorberá más aún su colega e íntimo amigo Adolfo Bioy Casares. De Bioy es indispensable leer dos libritos de cuentos impagables, difíciles de encontrar ahora mismo, pero que se publicaron en Alianza Editorial, "Historias de amor" e "Historias fantásticas". Inténtenlo, si no los han disfrutado aún. Lo curioso es que para conocer al Jorge Luis Borges más íntimo, contradictorio, divertido e imaginativo hay que leer a Adolfo Bioy Casares, que fue recopilando escritos y ocurrencias inéditas del autor de "El libro de arena". Una temporada atípica ajena a la habitual nocturnidad me ha permito repasar algunas de esas notas y no me resisto a compartir con el lector hallazgos concretos.
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De Borges se recuerda siempre su definición de democracia: un exceso de las matemáticas. Lo que no se dice es que don Jorge Luis amaba, era un apasionado de las matemáticas. Y lo que no se sabe es si conocía la ley D´Hont. Se conocerla, quizás habría cambiado su dictamen y hubiese calificado, además, el exceso de caprichoso.
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También gustaba del ajedrez (como buen matemático). Convertía el tablero, los escaques, los trebejos en símbolos de la vida, de la fatalidad y del destino. Los jugadores jugaban sin saber que seres superiores dirigían sus movimientos Y que el combate mental trascendía a otros niveles.
Dios -suponía uno al leer esas lucubraciones- se inclinaba siempre y sin embargo, ligeramente, por el ajedrecista de las piezas blancas.
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Una señora ya madura le confesaba a don Jorge Luis:
-Desde hace tiempo, me cansa mucho joder. Lo que me gustaría ahora sería acabar (no sé si me entiende) sin tener que tomarme el trabajo de joder.
La dama decía "coger" en vez de "joder" porque era argentina, claro.
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A Borges le encantaba una cita que repetía con frecuencia:
"Así lloraba en la celda el pobre parricida".
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Aseguraba el escritor que a la entrada de Puebla (México) había un cartel que otras localidades deberían copiar: "Bienvenidos a Puebla. No somos como dicen".
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Una observación borgiana. Cuando podemos serlo impunemente, somos crueles. Con la persona enamorada de nosotros, con nuestros padres, con nuestros hermanos.
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Borges, Silvina Ocampo y el propio Bioy Casares se adelantaron a su tiempo en lo que a catas se refiere. Inventaron un juego que descolocaría, ahora mismo, a cualquier avezado sumiller: Qué deliciosas uvas, tienen gusto a queso de cochino. Que cóctel más agradable. Parece bizcocho seco. Trajeron un champán de exquisito pala. Sabía a té de garbanzos.
(Y así sucesivamente)
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