El nacionalismo está en crisis, axioma con el que no estoy del todo de acuerdo, pero que, a sazón de los últimos resultados electorales, tiene visos de certeza. En Canarias algunos dan por moribundo al nacionalismo, lo degradan, lo desprecian e incluso sonríen ante la perspectiva de una posible muerte cercana. En muchas ocasiones he defendido la importancia de una formación nacionalista fuerte en las Islas, sobre todo, porque la historia reciente del Archipiélago demuestra que el nacionalismo moderado, integrador, europeísta que se ha afianzado en Canarias ha sido provechoso para todos los canarios. Ahora, sujetos a los últimos datos, dicen que nada de eso vale y que Coalición Canaria es un fracaso. Y no. La formación política a la que pertenezco debe reflexionar, sí, pero no sentirse culpable de nada. Quizás haya llegado el momento de analizar, sin prisas, pero con rigor, qué posición ocupa en estos momentos Coalición Canaria en la sociedad isleña. Es cierto que ese análisis genera diferencias según se mire a unas islas u otras. Evidentemente, la sangría de apoyo electoral en la provincia de Las Palmas es un hecho incontestable que nos dice que algo se ha hecho mal, muy mal. En la provincia occidental ese apoyo en las urnas aún es enorme (diez mil votos más respecto a 2004 en Tenerife), pero en claro estancamiento en el cómputo general. Quizás en este último caso el problema de CC es que no ha sabido enganchar al nuevo electorado, a los jóvenes que se incorporan como adultos a la sociedad y que no se sienten identificados no ya con CC sino con el proyecto nacionalista. En cualquiera de los casos puede que sea el momento de que cambiemos de rumbo, de siglas incluso, para volver a generar ilusión y confianza alrededor de la idea nacionalista, fundamental en otra partes del Estado español pero imprescindible en Canarias.
El primer y complicado gran paso es volver a intentar la unión de todos los nacionalistas. Sé que hay destacados miembros de formaciones como Nueva Canarias que echan pestes de lo que ellos llaman ATI, señalando que jamás se sentarán a hablar con CC en Tenerife, acudiendo incluso al lenguaje que determinados socialistas usan para intentar desacreditar a Coalición Canaria. A esas personas les dejo claro de antemano que me siento muy orgulloso de haber pertenecido a ATI, orgulloso del trabajo que realizó durante años esa formación, muy orgulloso de las personas que al abrigo de esas siglas lucharon por mejorar la vida de los tinerfeños; nunca olvidaré ni despreciaré ese pasado enmarcado en ATI y, lo reconozco, a veces echo de menos esas tres iniciales que me forjaron como político. Dicho esto, y pese al tono despectivo con el que mencionan a ATI, me gustaría tender la mano a esos nacionalistas, dejando a un lado las personas y tratando de idear una unión que creo que todos ansiamos. Hay más siglas, más grupos, más visiones de una misma cosa, Canarias, con las que hay que debatir desde la concordia o desde el enfrentamiento, pero debatir.
Hace meses mantuve una controversia epistolar con Marino Alduán -candidato de Nueva Canarias al Congreso por Las Palmas- a través de un medio de comunicación. Desde la discrepancia, en determinados asuntos desde puntos de vista radicalmente opuestos, hablamos de política, discutimos, pero lo hicimos, -así lo sentí yo al menos-, desde el respeto, lejos del insulto y los malos modos que se han instalado en la política canaria últimamente. A ese tipo de debate me refiero. Si para llegar a la unión del nacionalismo hay personas que han de renunciar a su presencia pública, quizás sea hora de afrontar definitivamente algún que otro adiós, despedida o paso atrás. Creo sinceramente que un sacrificio así valdría la pena antes que dejar morir al nacionalismo canario. Y lo digo con conocimiento de causa. Debemos pelearnos por sacar adelante un proyecto común, que una, no que separe a los canarios. Puede que no lo logremos a corto plazo pero debemos ser los suficientemente responsables como para sentar las bases para ello.
Es la hora de hacer una transición, de iniciar un proceso de trabajo, de puesta en común, de ir más allá frente a los que abogan por los puros mecanismos de gestión pública sin tener un apoyo político e ideológico. Debemos reordenar el nacionalismo canario del siglo XXI desde el ámbito de la ideas, de los conceptos, porque, con el paso de los años, se ha ido abandonando esa cuestión; ya no importa, lo único que se dice es "somos nacionalistas" como si eso, en sí mismo, significara algo sin un trasfondo ideológico o unos objetivos políticos.
Los canarios deben conocer qué nacionalismo necesitan estas islas, qué modelo de nación queremos ser, qué papel debe jugar Canarias en el ámbito del Estado español, qué camino hay que seguir para lograr mayores cotas de autonomía, qué recursos debemos señalar como propios y cuáles como ajenos, qué capacidad de decisión, en definitiva, queremos tener los canarios sobre nuestras vidas en el Archipiélago. Y eso, creo, se ha olvidado. Canarias no necesita ondear banderas o hacer sonar chácaras para decir que es diferente, con problemas particulares y soluciones distintas a cualquier territorio no ya de España, sino de Europa. Ya está bien de orquestar frases vacías que no llevan sino a la mofa o la indiferencia. Es un paso complejo porque en Canarias persiste la idea de que de determinadas cosas no se puede hablar, que eso es mejor no tocarlo, que así estamos bien, etcétera. El Archipiélago canario y su gente es lo suficientemente madura desde el punto de vista político como para empezar a dejar atrás el miedo atávico a hablar de nosotros mismos y nuestro futuro. A ese despertar debemos contribuir muchos actores de la vida pública en Canarias, pero, sobre todo, los nacionalistas que desde la actividad política tenemos la responsabilidad de fomentar y liderar el progreso en esta tierra.
* Alcalde de Santa Cruz de Tenerife
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