ME ESTREMEZCO, cada día, cuando contemplo a seres que en su casa están rodeados de las máximas comodidades y las abandonan, por varias horas, para visitar a los enfermos, para hacerles compañía, para mitigar sus dolencias, incluso realizando curas a seres desahuciados, con heridas infecciosas, y a veces con enfermedades contagiosas. Y esto que digo, no son pocas las personas que lo hacen. Hay muchísimas.
Y otras personas que, guiadas por un sentimiento sobrenatural, deseosas de que sus hermanos encuentren la felicidad que ellos poseen, desean que la misma sea compartida, y renuncian a todo, profesión, familia, comodidad..., para vivir en una especie de comunidad, haciendo, incluso, voto de pobreza, entregándolo todo, para lograr que sus hermanos consigan felicidad y paz espiritual, para que todos puedan compartir esa dicha.
Lo expresado, repito, me golpea la mente y el corazón continuamente, sobre todo hablo con personas que respiran amor, y que es lo importante, porque al final nos van a examinar de amor.
Entonces, ratifiqué, una vez más, que en el mundo actual la bondad es superior a la maldad, y que el lado bueno de cualquier persona es superior al lado malo. Diariamente lo estamos contemplando, y ello llena de satisfacción y de orgullo, y nos dá ánimos para seguir adelante, porque así es como se hace un mundo mejor, más justo, más habitable.
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