EL BIPARTIDISMO se acentúa en España porque las dos principales fuerzas políticas han subido en votos y escaños y la mayoría de los nacionalismos han bajado. Eso significa para Canarias más de lo mismo, sobre todo para Tenerife, que seguirá a merced de un virreinato con base en Las Palmas, el cual ve reforzado su poder porque es allí donde tienen su base los representantes canarios del PP y el PSOE con capacidad verdadera de decisión en el Archipiélago. Por tanto, las elecciones que ayer se celebraron en España no van a variar la vida de los canarios, a los que les quedan muy lejos las decisiones que se toman en Madrid.
Los análisis que se pueden hacer de los resultados de estas elecciones generales son muy diversos, pero todos se reducen a eso que se decía al principio: nada cambia para el Archipiélago, con un agravante: el retroceso del nacionalismo de Coalición Canaria, que hace imposible la recuperación del grupo parlamentario del Congreso y acalla todavía más la ya escasa voz de estas islas en Madrid. Si antes nos hacían poco caso, ahora nos harán menos aún. Y, dentro de la derrota, hay que señalar que CC en la provincia de Las Palmas está definitivamente acabada. Ya lo anticipaban algunas declaraciones de líderes tinerfeños del partido: tras las elecciones habrá que analizar qué tipo de nacionalismo queremos, vinieron a decir. Pues bien, ahora tienen ante sí una opción distinta a ésta que tan magros resultados les ha dado: la del avance hacia la soberanía de Canarias por la vía de un consenso con Madrid en base a una situación muy particular que impone la realidad física: dos mil kilómetros de distancia. Lo cual no significa que tengan que romperse los lazos comerciales, culturales y de otro tipo entre ambas orillas; sólo aquellos que nos atan política y administrativamente a un Estado que ni siquiera nos comprende. Y, una vez rehecha nuestra configuración institucional al margen de España, aquí también se reproducirá el esquema de izquierdas y derechas, liberales o de cualquier otra tendencia. Pero ya serán partidos netamente canarios.
Ahora, tras los resultados de las elecciones de ayer, ¿qué va a ser del Estatuto de Autonomía que pretenden resucitar con algunos retoques las fuerzas políticas del Parlamento canario? ¿No habrá llegado la hora de empezar a pedir un estatuto que, como paso intermedio, nos conduzca a esa soberanía, a conversaciones con el Gobierno de Madrid, con el de Bruselas, con la ONU? Es decir, a recuperar la libertad que tenía este pueblo cuando fue conquistado por la fuerza de las armas hace cinco siglos y su estructura social fue aniquilada.
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