Tenerife
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DOMINGO, 9 DE MARZO DE 2008
EDITORIAL

¡Plántate, Tenerife!

HOY MÁS QUE NUNCA conviene recordar aquel hermoso verso del Cantar del Mío Cid: "Dios, qué buen vasallo, si hubiese buen señor". Canarias no puede continuar siendo una posesión de España y, por eso, es necesario que cuanto antes y sin dilaciones obtenga su soberanía.

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como ya expusimos el pasado miércoles, Coalición Canaria (CC) ha venido a descubrir a última hora, ultimísima hora, la "nación canaria". Quizás porque hasta ahora en esta formación política muchos han confundido el ser nacionalista con una profesión política, ocupar un escaño, pasar el tiempo y ganar dinero. Alguno de ellos, por ejemplo, no ha dudado en presumir recientemente de su condición de nacionalista a la vez que desechaba el "soberanismo", término este último que no existe ni en el DRAE. Sí existe, sin embargo, soberanía, que es lo que desde hace tiempo estamos reclamando a través de las páginas de EL DÍA, al igual que lo hace el pueblo en la calle y cada vez con más ímpetu, pues desea ser libre, decidir por sí mismo y no ser gente de segunda clase a la que se trata como indígenas y que no tiene relieve ni aquí, ni en España, ni en el resto de Europa. Gente que, en definitiva, no es nada.

Nos parece bien lo dicho esta semana por Oliva Pino, candidata de CC al Senado por Tenerife, en un mitin celebrado el pasado lunes en el Auditorio: "Ya es hora, después de 500 años de historia de poder centralista, de que retomemos el espíritu de Viera, porque desde la política, y sin rupturas, el futuro de Canarias no es otro que la definitiva articulación de la nación canaria" . Efectivamente, es hora de que los tinerfeños y el resto de los canarios despierten de ese largo sueño en el que han estado inmersos tantos años y, a través del diálogo y sin violencia, exijan sus derechos y un estatus que les permitan vivir en libertad, no esa astuta trampa político-jurídica del Estatuto de Autonomía de Canarias, esa nada.

En Canaria, la tercera isla, ya se han decidido por los partidos nacionales (PSOE y PP) y han sabido sacarle rendimiento a ese respaldo, pues han logrado que los centros de decisión de estas formaciones políticas en el Archipiélago estén situados en aquella isla y que sea allí donde se elaboran las estrategias y de donde parten las órdenes para el resto de las islas.

En el mismo mitin en el que intervino Oliva Pino también participó el actual presidente del Gobierno de Canarias, Paulino Rivero, quien vaticinó unos buenos resultados electorales para los nacionalistas de CC en la provincia de Santa Cruz de Tenerife y mucho más dis- cretos en la de Las Palmas. Pues bien, si Coalición Canaria hubiera cuidado más a Tenerife y no hubiera sido tan generosa con Canaria, isla a la que ha regalado todo lo que le ha pedido durante años y años, seguramente esa predicción del presidente, con toda seguridad, se quedaría corta y los resultados serían mejores para su partido. Desafortunadamente, han pasado primero por delante las gestiones de sus antecesores de partido Manuel Hermoso y Adán Martín. Paulino Rivero puede ser la solución.

Y es que la verdadera fuerza, donde siempre ha obtenido sus mejores frutos CC, es Tenerife, pueblo que se ha visto machacado y se ha sentido atropellado por Canaria, la tercera isla. Una isla que no es nada y sólo sabe hablar de realengo, libro rojo de G. Canaria, gran libro de provisiones, reales cédulas, de Juana la Loca, etc., que no son más que aberraciones del pasado derivadas de esa conquista sangrienta que en su día sufrió este Archipiélago a base de engaños y traiciones a un pueblo noble que vivía tranquilo.

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Nunca es tarde si la dicha llega y, al igual que al comienzo de este Editorial hemos cuestionado la actitud que mantiene CC en referencia a la soberanía de Canarias, también le damos la bienvenida a aquellos dirigentes de la formación nacionalista que se suman a nuestras tesis, pues al fin se han dado cuenta de que las Islas necesitan otros estatus para liberarse de los corsés y ataduras que padecen bajo la tutela de un Estado ajeno política y administrativamente, aunque represente a una colectividad. Y acabar con la perturbadora y despreciable hegemonía de Las Palmas.

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