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LA SEMANA RAMÓN PI

Campaña de sangre

9/mar/08 19:34
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EL 10 DE FEBRERO pasado, cuando faltaban aún dos semanas para que empezase la campaña electoral, dejé escrito en este mismo lugar: "El dirigente socialista vasco De Buen ratificó en un discurso la voluntad del PSOE de reanudar la negociación con la ETA en cuanto vuelvan a darse las circunstancias que la permitieron en la pasada legislatura. Inmediatamente, desde Ferraz se dieron instrucciones para rectificar tan contraproducente mensaje, cosa que desde luego se hizo, aunque en términos lo bastante ambiguos como para dejar de todos modos la puerta de negociaciones futuras no cerrada, sino sólo entornada. La precampaña sigue. Todavía pueden pasar muchas cosas de aquí al 9 de marzo".

Pues bien, ya han pasado cosas. Escribo estas líneas a mediodía del sábado 8, y creo que todavía no se puede asegurar con certeza que no vayan a pasar más en estas últimas horas que faltan para la apertura de las urnas, o incluso en el transcurso de la jornada electoral.

Intromisión

El diario "El Mundo" titulaba ayer en su primera página: "El terrorismo vuelve a dinamitar la campaña y a condicionar las elecciones". El resumen me parece exacto. En efecto, el asesinato de Isaías Carrasco, ex concejal socialista de Mondragón, ha producido un impacto emocional que hace muy difícil mantener la serenidad de juicio para fundamentar el sentido del voto. Guste o no, ese crimen condiciona estas elecciones en las que todos nos jugamos mucho, porque algunas de las políticas emprendidas por el Gobierno saliente podrían convertirse en poco menos que irreversibles si se prolongase el mandato socialista, y porque la puesta en práctica de leyes que ahora están pendientes de veredicto del Tribunal Constitucional dificultaría enormemente un veredicto no condicionado por los hechos consumados.

El legislador electoral estableció la jornada de reflexión precisamente para que ese día de silencio político (y, en lo posible, mediático) contribuyese a la emisión del voto con ánimo verdaderamente sereno y libre de condicionamientos inmediatos. Desde este punto de vista, el asesinato del viernes en Mondragón ha tenido éxito, como lo tuvieron los atentados terribles de marzo de 2004 en Madrid: la sangre derramada no puede quedar al margen de los pensamientos del electorado.

Qui prodest

Desde el momento en que se tuvo conocimiento del crimen, inevitablemente pasó por la cabeza de todos la pregunta: ¿en qué sentido esos tiros por la espalda y a bocajarro van a alterar el resultado de las elecciones? Expresar esta pregunta en voz alta parece de muy mal estilo y suena muy mal, porque sugiere cierta voluntad de instrumentalizar el atentado. Pero no comparto esta opinión: el dolor y la rabia son, ciertamente, compatibles con la reflexión acerca de en qué medida los terroristas se van a salir con la suya, puesto que es evidente su propósito de interferir en el proceso electoral. Hacerse la pregunta clásica, qui prodest, esto es, a quién beneficia el asesinato de Carrasco, es una reacción enteramente normal, que sólo revelaría ruindad de ánimo si se pretenda instrumentalizar el asesinato como una pieza de campaña electoral, lo que equipararía a quien así se comportase con los propios terroristas.

Lo que ocurre es que no es nada fácil dar respuesta a una pregunta tan lógica, porque resulta poco menos que imposible entrar en los mecanismos mentales de esos asesinos. ¿Han querido castigar al PSOE con el que negociaron durante estos años, al ver que no han obtenido los resultados que esperaban? ¿Conciben el asesinato como un instrumento más de negociación? Ambas preguntas son pertinentes, pero también lo serían estas otras: ¿han querido los asesinos ayudar a Rodríguez Zapatero desviando la atención de las críticas a su política hacia el impacto emocional que todo lo oscurece? ¿Han pensado que matando a Isaías Carrasco provocarían un movimiento colectivo de cobardía similar al que se extendió tras los atentados de marzo de 2004, y que así se favorecería en la opinión pública la tendencia a negociar con la ETA para que se acabase la violencia?

Son cuestiones muy descarnadas y tremendas, pero que no hay más remedio que plantearse, máxime cuando el viernes por la tarde, ante la enésima petición del Partido Popular de revocar el acuerdo parlamentario que autoriza al Gobierno a negociar con la banda asesina, todos los demás partidos parlamentarios se negaron, también por enésima vez, poniendo de manifiesto que no quieren acompañar las grandes palabras de enérgica condena con la realidad del cierre de la puerta negociadora, que se persiste en querer dejar sólo entornada.

En realidad, pues, el crimen del viernes ciertamente perturba el normal desarrollo de estas elecciones, pero no es fácil discernir a favor de quién se puede producir esa perturbación, si es que se produce. En cualquier caso, la intromisión del terrorismo en el proceso electoral es un hecho lamentabilísimo, que otorgará a los que resulten perdedores un argumento (o una excusa) para tratar de justificar su derrota, con la secuela inevitable de dejar un poso de sospecha hacia la plena legitimidad de los comicios. Esta reacción, nada deseable, no se puede evitar en el escenario de empate virtual que nos han venido anunciando la mayoría de los sondeos.

Como si no

Ante este panorama, una vez más procede recomendar a todos y cada uno de los electores que no modifiquen su actitud en absoluto como consecuencia del atentado, y que se comporten como lo habrían hecho si la banda ETA no hubiera entrado en la campaña con su mensaje de sangre. Es la única forma de lograr que no se salga con la suya, sean sus propósitos los que fueren. Pero reconozco que esta recomendación la hago con muy poca convicción de que vaya a ser seguida: los humanos estamos hechos como estamos hechos.

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