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LA BUENA UVA JOSÉ H. CHELA

Más dichos culinarios

9/mar/08 19:34
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Como hoy son las elecciones, imagino que estarán ustedes un poco cansados de la política, tras la intensa campaña, y de las obligaciones ciudadanas, y más que se van a cansar a partir de mañana, cuando empiecen a valorarse (y a explicarse con encaje de bolillos aritméticos) los resultados. Los malos, mayormente. De modo que aprovecho la jornada para atender las peticiones de algunos lectores que me han recordado el olvido de una promesa: explicar el origen de algunas frases, refranes o dichos relacionados con la culinaria y la gastronomía, tarea que comencé hace meses, pero que abandoné con las mismas. Mis disculpas y vayamos al grano (que, por cierto y ya ven, es otra expresión con connotaciones agrícolas y nutricionales).

Creo que al último giro coloquial al que me referí aquí fue al de "Con azúcar está peor", de modo que podemos seguir por orden analfabético, como decía el otro (medio analfabeto también, por supuesto).

Nuestro paisano, el portuense Tomás de Iriarte, que tiene una calle dedicada a su nombre en Santa Cruz y en cuya esquina, más o menos, habito, parece que es el responsable de la popularidad de la frase hecha "Con su pan se lo coman". En su fábula "El elefante y otros animales" se incluían estos versillos que se hicieron famosos: "Y pues nos vituperan/señaladas personas,/quien haga aplicaciones/con su pan se lo coman".

Aunque la expresión "Échale guindas al pavo" se deriva de un texto literario y de un rito religioso, tampoco nos vamos a meter en terrenos históricos farragosos en exceso. Si se popularizó enormemente fue gracias al poder de atracción del cine -y de la copla en la España de los años treinta y cuarenta-. Aparecía el verso en una canción de la película "Morena clara", de Florián Rey, interpretada por Imperio Argentina. La letra decía: "Échale guindas al pavo/ que yo le echaré a la pava/ azuquita, canela y clavo". Se empleaba el saleroso tópico, hoy en desuso, para expresar asombro y admiración, oigan.

Otra más y acabo. Cuando se pretende que alguien no se ande con rodeos ni subterfugios y cuando se le pide a un político que deje de hablarnos en politiqués y lo haga en cristiano y con palabras y conceptos comprensibles para el ciudadano medio, se le dice por lo común:

-Mire usted: las cosas claras y el chocolate espeso.

Y es curioso de donde viene el dicho. Cuando los trapenses del Monasterio de Piedra probaron las primeras muestras de cacao que les proporcionó fray Aguiar, el chocolate no gustó nada de nada. Era demasiado amargo. De modo que empezó a utilizarse sólo como producto medicinal y con escaso éxito. Pero una casualidad hizo que unas monjas del convento de Guajaca (México) añadieran al preparado azúcar; y la mezcla resultó un éxito formidable. Mientras la Iglesia discutía si la ingestión de semejante golosina rompía las reglas del ayuno o no, los forofos de la nueva bebida se dividían en dos grupos: los que creían que el chocolate debía tomarse muy espeso y los que defendían que estaba más rico con poco cacao, o sea, clarito. En España triunfó el primer movimiento gastronómico (chocolate a la española) y se afianzó con el aserto de que las que sí tienen que estar siempre claras son las cosas. En Francia venció el otro bando (chocolate a la francesa) y, naturalmente, allí no existe un dicho similar.

Vale por hoy. Cualquier día de estos, seguimos con el tema.

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