PARECE COMO SI de pronto, en nuestro país, no hubiera otra cosa importante que la política.
Se ha caído en el politicismo integral y ya se sabe que la política no es sino el arte de realizar en cada momento histórico aquella porción del ideal del hombre que permiten las circunstancias.
Política es, entre otras cosas, el arte de servir a los hombres, no de servirse a uno mismo, que esto es egoísmo y nada tiene que ver con la política.
Hace ya mucho tiempo, se afirmó que "en las crisis políticas, lo más difícil de un hombre honrado no es ya cumplir con su deber, sino saber cuál es éste".
He leído y creo que tiene toda la razón, cuando se dice "que este país alcanzará la medida exacta de la democracia cuando los políticos sean sólo una parte integrante de un armónico concierto total del Estado, inteligentemente estructurado, es decir, como los abogados, o los médicos, o los arquitectos, o los ingenieros, parcelas interrelacionadas de la sociedad, con su valor intrínseco dentro de cada una de ellas.
Cuando, hace unos años, estuve en la Suiza francesa, tuve la oportunidad de estudiar la organización cantonal de aquel país maravilloso, y de conocer -someramente- el alcance que allí se da a lo político. Efectivamente, al preguntar a mis amigos suizos por el nombre del presidente de tal o cual cantón, o por el de la República, nadie sabía decírmelo. A ninguno les preocupaba.
Quiere esto decir que allí -y a esto hay que aspirar- la política no es más que la arquitectura o que la medicina. Es una parcela social importante para quienes concretamente la ejercen; pero para el resto de los ciudadanos, es algo normalmente incorporado a la vida social, como la ingeniería o el derecho, y en modo alguno prima sobre el resto de las interdependencias comunitarias. Y, por supuesto, no ocupa por entero las páginas de los rotativos, ni sus líderes son más que los profesionales o los empresarios.
Sería un buen ejercicio, ahora en el comienzo de una nueva andadura política, poner las cosas en su sitio y reducir a sus justos límites el descomunal protagonismo de lo político y de los políticos sobre el resto de las actividades sociales.
En toda Europa, al ciudadano medio no le preocupa la política. Está en manos de profesionales de esa actividad, y ellos saben lo que hacen. No hace falta saber sus nombres. Los profesionales de la política harán lo que convenga al país. tratarán de no defraudar.
Son profesionales, como los médicos, los abogados, o los arquitectos. Destacan en sus respectivas parcelas, y no deben tener sino un protagonismo que se relaciona con la actividad que realizan. No tiene que llenar las páginas de los periódicos. Se destacará, eso sí, en cada profesión lo que sea destacable de ella. Y, no más. Pongamos las cosas en su sitio, usemos pues la razón, aplicándola a la transformación de una sociedad por tantos conceptos deformada. Y usémosla, además, con imaginación en la construcción de un proyecto de vida que, manteniendo la armonía entre todos sus elementos estructurales, estimule las funciones colectivas para dar vida a un cuerpo social que sea a la vez atractivo y posible.
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