Al igual que nuestras Islas Canarias, las de Madeira también son volcánicas; ambas forman parte, junto a las Azores, Cabo Verde y Salvajes, de la Macaronesia. La isla de la madera -bautizada así a principios del s. XV por los portugueses, a causa de su masa boscosa- y la isla de Porto Santo están habitadas; no así las otras tres islas menores, Las Desiertas, que hacen honor a su nombre. La soleada, tranquila y tradicional ciudad de Funchal es la capital del grupo de islas y está situada en la más extensa y poblada de ellas -como tiene que ser-, Madeira. A pesar de que hace unos 2000 años romanos, norteafricanos, fenicios, etc. pasaron por sus costas, Madeira estaba deshabitada en el momento de su conquista. Todo lo contrario ocurrió en las Islas Afortunadas, que sí estaban habitadas por un pueblo noble y valiente cuando llegaron los conquistadores. Canarias, y en concreto Tenerife, tienen mucho en común con Madeira: paisaje, clima, cultivos, turismo etc.; incluso, el nombre de dos ciudades de la provincia tinerfeña -Santa Cruz y Puerto de la Cruz- figuran en el mapa de esta isla portuguesa. Según algunos datos, hay unos 1.500 km. de atarjeas o "levadas" -como se llaman allí-, que recorren la isla de norte a sur y por su interior, llevando el agua a las zonas agrícolas. Los cultivos dispuestos en terrazas, los barrancos o el verdor de sus laderas te hacen sentir por un instante en las Canarias occidentales. Quizás lo único que se echa de menos por esos lares es una buena playa de arena, pues abundan las de callao.
Aunque Madeira ya había sido descubierta por los portugueses en 1418, un breve paseo por su historia nos desvela que sólo alrededor de 1424 empezaron a construirse en su territorio los primeros asentamientos. Al mismo tiempo que crecía el negocio del vino y el de la caña de azúcar, fue aumentando su población. Ésta estaba compuesta por portugueses, españoles, italianos, holandeses, moros y judíos, en general; la mayor parte de ellos eran comerciantes o aventureros. También habían entre los habitantes muchos esclavos; éstos eran traídos de otras tierras para trabajar en las plantaciones y la construcción de "levadas" para el riego. Unos siglos después -a principios del s. XIX-, las tropas inglesas convirtieron Madeira por unos años en su base del océano Atlántico, y todo para poder luchar contra Napoleón. Es digno de mención el hecho de que unos años antes -en julio de 1797- la temida armada inglesa, con el almirante Nelson al frente ya había intentado hacerse con Santa Cruz de Tenerife y, por consiguiente, con el resto de la isla más extensa del archipiélago canario, Tenerife; pero gracias al coraje defensivo de nuestra milicia isleña, los británicos cayeron derrotados. En la segunda mitad del s. XIX y durante algunos años, la isla de la madera -Madeira- sufrió una crisis vinícola originada por las plagas que destruyeron gran cantidad de viñedos; las consecuencias no se hicieron de esperar, una parte de su población tuvo que emigrar, sobre todo a Sudamérica y Australia. Después de algunos años de penurias económicas -causadas por la situación anteriormente comentada-, empezaron a llegar a Madeira familias inglesas adineradas, se cree que para estimular de nuevo la exportación del famoso vino. En los años que siguieron, cada vez con más frecuencia y preferentemente en invierno, comenzaron a llegar ingleses a la isla. En seguida, el turismo consiguió situarse como primera fuente de ingresos, y en 1891 se abrió para los turistas el primer hotel, el Reid's. A comienzos de la década de los sesenta, entró de lleno a formar parte de los destinos turísticos preferidos por los europeos, entre los que se encontraba Tenerife, con su pintoresco y saludable Puerto de la Cruz.
En fin, Madeira también tiene su encanto.
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