Criterios
Adquirir en formato PDF o consultar portada gratis
Adquirir en formato PDF o consultar portada gratis
LO ÚLTIMO:

LA MEDIA COLUMNA FRANCISCO AYALA

Adopción de niños desamparados

5/mar/08 19:28
Compartir
Edición impresa .

AQUÍ, en este Santa Cruz donde he vivido siempre, unos días después de haber nacido en San Sebastián de La Gomera, adonde mi madre me llevó, puesto, para colocarme allí en este mundo, un servidor vino a Tenerife sin siquiera poderse despedir de los que asistieron al parto y al bautizo en la histórica parroquia de Nuestra Señora de la Asunción, donde recibió las aguas bautismales éste que lo es, unos siglos después de ir a ese templo a orar, para que tuviera buen viaje y mejores descubrimientos un tal don Cristóbal Colón, lo que mucho me honra. A los presentes les dije, por señas, se sentía mucho no poderme despedir, pero todavía no me habían enseñado a hablar. En la capital de la provincia esperaba que alguien me enseñara a platicar, que dicen los mexicanos, y efectivamente así fue. Al cabo de un mes ya estaba "lenguajeando". Tuve la suerte de no ir a vivir en los barrios de El Cabo o de El Toscal, porque, por aquellos años, esos barrios eran, en cuanto a modismos, como el barrio de Lavapiés en los madriles, con la diferencia de que allí se pronunciaba en madrileño, que es de lo más antipático, y aquí, en canario amagado. Si hubiera residido en aquellos núcleos chicharreros de pura cepa, ahora hablaría como aquellos amigos de la infancia que decían: "la esparda", "er cardero", "las nargas", "l'andoba", "er buchón", "er nota", "la escariota"..., etc. Sin embargo, a pesar del lenguaje toscalero o llanero, en Santa Cruz había más educación y menos tolerancia. Por ejemplo, al homosexual no sé cómo lo verían los mayores; los chiquillos los mirábamos como seres raros y los temíamos cuando venían hacia nosotros, sin saber exactamente por qué. Los adultos finolis, para que no los entendiésemos los pibes, nombraban las lesbianas, y uno, hasta que fue mayorcito, no supo de quiénes se trataba.

Ahora, aquellos homosexuales de mi niñez se han integrado en la vida social y se hacen llamar gays y, además, demuestran su orgullo por serlo en manifestaciones y otros actos. Una nueva ley, auspiciada por el presidente Rodríguez Zapatero, los autoriza a casarse entre sí, con todos los derechos y deberes, y a adoptar niños. Pero, durante la actual campaña electoral, el Partido Popular ha dicho que, si gana los comicios, prohibirá la adopción de niños a los "matrimonios" de homosexuales. Aprovecho la ocasión para opinar que no me parece justa esta medida, por el perjuicio socio-familiar que se ocasiona a ese conjunto, que, independientemente de las razones morales que en general no entienden los niños pequeños, llevan una relación familiar.

La supuesta ruptura de esa relación por motivos políticos origina una grave contrariedad para el niño adoptado, que ha estado viviendo como las demás personas y a quien quieren como un hijo. Es un sufrimiento para el niño y para quienes lo adoptan; es como romper una familia. Muy distinto y obligatorio debería ser el control de la educación y el seguimiento de los adoptados. Además, hay muchos niños abandonados y hambrientos, para los que lo principal es un lugar de acogida.

 Última hora:

 Últimas galerías:

PUBLICIDAD

Cargando...

PUBLICIDAD
PUBLICIDAD
Portada > Criterios

© Editorial Leoncio Rodríguez, S.A. |Aviso legal | Mapa del sitio | Publicación digital controlada por OJD

eldia.es Dirección web de la noticia: