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5/mar/08 19:28
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Medicamentos genéricos

Los medicamentos genéricos son aquellos que son similares a los de marca (o de fantasía) y con frecuencia son menos costosos. El principio activo, en ambos casos, es el mismo.

Desde la introducción de los primeros genéricos en 1997 hasta la actualidad, se han registrado unos 25 laboratorios que los fabrican; pero la mayoría de ellos no gastan nada de sus beneficios en investigación de nuevos productos. Son, usando el símil de la música, "piratas", pero legales y sin canon digital. El periódico EL DÍA, en su edición del 13-2-2008, hace referencia a que su uso ha ahorrado 7.850 millones a Sanidad en 10 años.

En tal sentido, una política de salud basada en criterios economicistas no debe hacernos desviarnos a los sanitarios del verdadero objetivo de nuestra profesión, que no es solamente el ahorro sanitario, sino principalmente el bienestar y la curación de nuestros pacientes. Cierto que para los pacientes con pocos recursos es una solución ideal; aunque más ideal sería que los medicamentos de marca tuviesen los mismos precios que los genéricos y que se distribuyesen gratis a los que no pueden o al llamado Tercer Mundo (sirvan como ejemplo los fármacos para el tratamiento del sida en África).

En definitiva, la ventaja principal de los medicamentos genéricos estriba en el ahorra del precio final de venta al público. La reducción puede suponer entre el 25 y el 50% respecto al coste del medicamento original con marca. En teoría, no debe bajar la calidad ni la eficacia del genérico.

En nuestra comunidad canaria nos encontramos con que la Administración nos exige un porcentaje de recetas, que cada año va en aumento, por principio activo. Es decir, poner en la receta sólo el nombre científico del medicamento. La Organización Médica Colegial cree que este requerimiento va en contra de la libertad de prescripción del médico, y el hecho de poner sólo el principio activo hace que quede a merced del farmacéutico el despachar el medicamento de una casa comercial u otra. Hasta aquí se entiende lo expuesto, pero si tenemos en cuenta que hay 25 casas comerciales, nos encontramos con que un mismo principio activo puede tener hasta 25 presentaciones distintas, con envases y contenidos diversos en formas y colores. Todo ello crea confusión en nuestros mayores y en sus cuidadores, que no saben si lo que le despacharon hoy es lo mismo que lo del mes pasado. Esto llega a provocar el que no se los tomen o, lo que es peor, que se tome doble cantidad de un producto que creen distintos. Al final se provoca un incumplimiento del tratamiento que, en determinados casos, puede tener consecuencias fatales.

Por ello, lejos del puro ahorro económico, Sanidad debería adoptar medidas administrativas encaminadas a que, para un mismo principio activo, todos los genéricos tengan los mismos excipientes, las mismas formas de presentación, colores y sabores; principalmente en los medicamentos de uso crónico. Y, hasta que eso no se consiga, debemos seguir recetando por nombres comerciales, con marca, que no pueden ser cambiados en las farmacias, por la seguridad de nuestros pacientes con enfermedades de larga evolución.

Artemio

Violencia... general

Ante tema tan delicado, la prudencia ha de ser la que marque la pauta rigurosa. Sin embargo, y aún estando convencido de que aquí las formulas magistrales no existen, por ser un tema sensible y que conlleva tragedia en muchos casos, sí creo que hay parcelas de actuación que se deben promover y otras que se deben rectificar a fin de arañar algunas muertes, las más posibles, a la tétrica estadística anual.

La primera es que hay que reflexionar y sopesar, con sabiduría y experiencia. Y en esto creo que los políticos -como en otros muchos ámbitos- sólo deben hacer gala de voluntariedad, nunca erigirse en cirujanos, que no son para materias tan delicadas de operar.

Una vez dejado el tema a juristas, psicólogos, psiquiatras y evaluadores sociales, debemos dar el siguiente paso. La naturaleza humana es propensa al riesgo, al chute de adrenalina, al "challenge" anglosajón. El reto. La mayoría de los humanos equilibrados se conforman con el paracaidismo, parapente, o el "bobs". Otros de mentes más estropeadas entran en las autopistas en sentido contrario, juegan a la ruleta rusa o cualquier barbaridad que sea peligrosa y punible. Como las drogas, o los crímenes más penados. Estimulan al macho, o al duro, o al boss.

Pues alguna muerte se extraería de la estadística si las leyes, además de ser disuasorias, fueran más justas y no provocaran violencia en quien puede que sólo esté desesperado por la presión a que le somete la ley y decide saltársela con "un par".

También si, evitando que nadie afectado por maltrato deje de comunicar las denuncias reales. Esto debe quedar muy claro, pero que quien hace un uso torticero de la ley sea castigado de una manera importante, daría al asunto una pantalla de ecuanimidad que paliaría alguna violencia.

Quizás si asistentes sociales, psicólogos, y sobre todo, los abogados, fueran los que evaluaran las denuncias y fueran responsables de su veracidad al incoarlas, evitando que muchas de ellas, interesadas o mendaces, colapsen los juzgados y por su culpa pierdan credibilidad las verdaderas víctimas y se no se agilicen las medidas entre quien de verdad las necesitan, y se obstruya la protección de las que de verdad están amenazadas.

Y por último y no por terminada la relación, los jueces deben ser más reflexivos en las sentencias de separación, divorcio, otorgamiento de patrias potestades, pensiones impagables, adjudicaciones de viviendas o regímenes de visitas etc., ya que muchas de ellas poco afortunadas son los gérmenes de resentimientos, acunadores de odio y de la violencia futura, que a veces desemboca en las tragedias irreparables e irreversibles. Alguna se arañaría también, y, como decía la canción protesta, " si la estiramos un poco de aquí y un poco de allá, haremos que caiga y las podremos liberar".

A reflexionar.

L. Soriano

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