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MARÍA DEL PINO FUENTES DE ARMAS*

El otro terrorismo

5/mar/08 19:28
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ANDAN todos nuestros candidatos a los comicios del 9 de marzo, sea cual sea su partido, haciendo kilómetros por España. Intentando convencer con su capacidad dialéctica a los votantes, manifestando una y otra vez que les preocupa el terrorismo de ETA y el llamado terrorismo islámico, al tiempo que se intercalan acusaciones sobre conversaciones, pactos, negociaciones y medidas a adoptar. Mientras, otra forma de terrorismo social, cada vez menos silencioso, se asoma un día sí y el otro también, a las primeras páginas de los medios de comunicación.

Se le denomina "violencia de género", "violencia doméstica" o "violencia machista". Violencia, en resumen, como forma de encubrir ese elemento de control y explotación sexista que constituye una lacra social llamada machismo. Entendiendo éste como forma de coacción no necesariamente física, sino psicológica, que la mayoría de las veces se manifiesta en una actitud protectora que subestima las capacidades de las mujeres, alegando una mayor debilidad y oprimiendo al sexo femenino. Son un conjunto de actitudes, conductas, prácticas sociales y creencias, destinadas a justificar y promover el mantenimiento de la discriminación.

Muchos alegan como excusa que todo esto es producto de la educación recibida, pues, curiosamente, en 1962 se contemplaba la pena de destierro, que no de cárcel, al marido que: sorprendiendo en adulterio a su mujer la mataba o causaba lesiones graves. Pero si era la mujer la que sorprendiera a su marido en análogas circunstancias, el precepto no se cumplía. Aunque parezca extraño, esta tendencia se mantiene durante tiempo, pero se pasa a castigar a ambos: a la mujer adúltera con penas de hasta seis años de cárcel; al marido adúltero sólo cuando tuviere manceba dentro de la casa conyugal o notoriamente fuera de ella. Cláusulas que eran extensibles a las hijas menores de veintitrés años y a su corruptor. Se fomentaba así el concepto de pater familias tradicional, una figura con la que mujer e hijos pasaban a depender totalmente del cabeza de familia, de tal forma que éste no sólo asumía sus respectivos derechos de propiedad sino que también podía tomar medidas tan trascendentales para un ser humano como el derecho a la vida. Un aspecto de esta figura que fue ejemplificado por los medios de comunicación durante el período de la Transición con la expresión: "La maté porque era mía". Afortunadamente, en 1979, quedan derogados todos los preceptos de esta índole, considerándose legislativamente, desde 1989, los delitos de malos tratos en el ámbito familiar.

Estamos ante un fenómeno de neomachismo, una versión modernizada del machismo en la que el hombre asume que la mujer juega un rol en la sociedad, con derecho al trabajo y a su vida propia, pero en el ámbito familiar sigue exigiendo a su compañera explicaciones de todo tipo, además de no realizar aquellas tareas del hogar que aún se consideran poco masculinas. Si la mujer decide dar el paso de abandonarle, sean cuales sean las razones, el hombre, cada vez con más frecuencia, acaba con su vida. Esto es una nueva forma de terrorismo.

El Diccionario de la Real Academia Española define este término con tres acepciones: "dominación por el terror"; "sucesión de actos de violencia ejecutados para infundir terror"; y "actuación criminal de bandas organizadas, que, reiteradamente y por lo común de modo indiscriminado, pretende crear alarma social con fines políticos". Es decir, los académicos de la lengua ya hablan de la violencia y de la dominación, factores que atañen a las conductas de muchos hombres en este país, los que practican una forma de terrorismo social y están acabando con la vida de las mujeres, lamentablemente cada día más. Estas son víctimas de unos verdugos, de unos asesinos que matan y a la vez generan un efecto de intimidación sobre otras mujeres que conviven con un macho dominante. Tras cada asesinato, el maltratador psicológico, que generalmente tiene con su víctima algún tipo de vínculo personal, le recuerda que no se pueden sacar los pies del tiesto. Donde hay víctima hay victimario, aunque el principio de presunción de inocencia exija esperar a las decisiones judiciales para fijar la culpabilidad.

Si se analizan los últimos casos de violencia de género en nuestro país, hay homicidas que no esperan la decisión judicial y se suicidan tras cometer el acto criminal. Lo lamentable es que en ocasiones son también asesinos en serie, acaban con la vida de sus propios hijos. Ya no es una cuestión de edad, estrato social, nivel académico o poder adquisitivo. Es un tema preocupante, tanto o más que el mazazo que sufrimos cuando una banda terrorista pone una bomba y mata un par de guardias civiles de servicio. El número de muertes por este "otro terrorismo" se aproxima a pasos agigantados a las estadísticas de los primeros. Alguien tiene que arbitrar las medidas tendentes a solucionar este grave problema.

Debemos estar atentos a los fragmentos de violencia machista. Hay que agitar las conciencias de los ciudadanos en general, para que cada uno asuma su parte de responsabilidad en la lucha contra la violencia de género, la cual comienza por esos "pequeños" detalles, que a la postre se convierten en detonantes, y que son el reír o aceptar en silencio los comentarios a chistes machistas y agresivos que se emiten en nuestra presencia, siempre contra las mujeres o contra los hombres de modales femeninos.

Muy atrás en el tiempo, y comprenderán que esté en desacuerdo, Maquiavelo recomendaba a su príncipe que era "más seguro ser temido que amado". Cabría preguntarse: ¿qué teme el hombre de la mujer?

* Titulada superior universitaria en

Relaciones Institucionales y Protocolo

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