Las campañas electorales son períodos interesantes para el medio ambiente. Debido a la creciente importancia de este tema en las encuestas, por fin aparece recogido -con entidad- en los programas electorales de los diferentes partidos e, incluso, es materia de debate entre los primeros espadas, tal y como pudimos ver el pasado lunes, entre Rajoy y Zapatero. Resulta, cuando menos sorprendente, que, después de legislaturas enteras preocupados en otras cosas, se acuerden en estas fechas del medio ambiente para esgrimir acciones, propuestas, resultados u objetivos conseguidos o perseguidos.
Con interés profesional he leído con atención los programas electorales de los partidos que optan a dirigir los destinos de España los próximos cuatro años. Tengo que decir que no me ha convencido ninguno de ellos, aunque formalmente esté más trabajado el socialista, cuyo desarrollo da la sensación que el redactor del mismo era o bien más cualificado o se lo tomó con mayor cariño. Sin embargo, si a los hechos nos remitimos, ambos partidos dejan mucho que desear a la hora de demostrar ese compromiso ambiental que sobre el papel manifiestan poseer. Ni los populares en ocho años (con dos ministras que desconocían absolutamente el sector), ni los socialistas han ejercido una verdadera y eficaz política ambiental cuando han tenido la responsabilidad de gobernar. Si encima tenemos que aguantar que el presidente Zapatero se haga un lío en el debate con las cifras de emisiones de CO2 a la atmósfera y desconozca que lejos de disminuir -como dijo- en estos cuatro años han aumentado siete puntos (según su propio Ministerio de Medio Ambiente). Y si no lo han hecho más es -sobre todo- gracias a que las centrales nucleares españolas han trabajado a destajo y sin interrupciones (por cierto, las mismas centrales que el PSOE pretendía eliminar en 2004 y que en 2008 se conforma con esperar a que se mueran de viejas) durante este período. Una gran paradoja, no cabe duda.
El ministerio de Industria, dirigido por Montilla y Clos, ha estado "a partir un piñón" con Gas Natural. Fruto de esa privilegiada relación, se han mantenido las subvenciones al carbón y a las centrales dependientes de esta materia prima altamente contaminante, favoreciendo los beneficios de ésta y de otras grandes empresas eléctricas, que han triplicado beneficios en estos difíciles años. Asimismo, tal y como han denunciado repetidamente los ecologistas, se han obviado desde ese Ministerio los surtidores de biocombustible en gasolineras o no se ha actuado contra la proliferación de los -más contaminantes- vehículos cuatro por cuatro (hasta este año, con la penalización en el impuesto de matriculación, que ya ha sido absorbido por las empresas del sector, sin demasiadas dificultades).
Por otro lado, en lo referido a transportes, se han terminado las líneas del AVE que comenzó el PP, pero no se ha actuado de igual forma con las mercancías que con las personas. El tráfico de mercancías por tren -más eficiente y menos agresivo ambientalmente- continúa siendo otra de nuestras lagunas ambientales y continuará siéndolo hasta el fin de los tiempos, parece. Cualquiera de nosotros que circule por las carreteras europeas, como Suiza, Alemania o Francia, comprobará que circulan menos camiones gigantescos que en España, y que buena parte de los que lo hacen son de matrícula española. Del mismo modo, sería de desear una similar apuesta financiera -salvando las distancias- para los trenes en Canarias, y con menores dificultades políticas y partidistas que las padecidas por el tranvía de Santa Cruz de Tenerife.
El problema de nuestros gobernantes, y de la mayoría de los ajenos, es que se llenan la boca de bonitas palabras y luego "la realidad" les devuelve a su sitio. Y es que las grandes empresas españolas llaman directamente al ministro del ramo y le "aconsejan" qué se puede hacer y qué no. Si el Gobierno español está realmente interesado en luchar contra el cambio climático necesitará invertir ingentes cantidades de dinero para reducir el consumo de energía y apostar por las fuentes renovables. Este dinero, al revés que el que se emplea en combustibles fósiles, no es gasto, se recupera rápidamente. Sin embargo, hoy por hoy, no existe esa apuesta en los presupuestos generales del Estado ni se vislumbra más allá del panfleto electoral. Y tenemos que juzgar realidades, no promesas.
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