HAY QUIEN cree en la suerte. Otros, en el karma, que le dicen. Los supersticiosos, como un servidor, cuando empiezan a ocurrirles cosas desagradables, piensan si habrán sido observados por un tuerto con mala leche.
Posiblemente no exista el mal de ojo, pero, desde luego, lo que sí existen son las rachas. Las de fortuna y las desafortunadas. Eso lo saben bien los jugadores; no los ludópatas, a quienes ciega su propia patología. Los jugadores más o menos profesionales intuyen a veces que cuando obtienen un premio, una ganancia, un acierto, se va a repetir. Y, de hecho, ocurre en muchas ocasiones.
Las rachas negativas también se presentan, desagradablemente, cuando menos lo esperas. Sufre accidentes domésticos de lo más tontos, se te estropean las cosas cuando más falta te hacen, te sale un grano en las nalgas que te impide sentarte, te peleas con tu novia o tu mujer, el jefe te arma una bronca si es que no te despide del trabajo, pierdas la cartera con el dinero que acabas de sacar del cajero automático para hacer un pago urgente, se te avería el coche en un lugar absolutamente desértico y cuando tiras del móvil para llamar a la grúa o a un servicio de asistencia compruebas que te has quedado sin batería?
La sabiduría popular, recopilada como nadie ignora, en nuestro refranero lo dice bien clarito:
-Las desgracias nunca vienen solas.
Y mi amigo y colega Joaquín Martínez del Reguero solía añadir siempre que escuchaba la sentencia anterior:
-Vale. Es verdad. Nunca vienen solas, pero tampoco hace falta que vengan todas juntas, en plan manifestación.
Claro que igualmente es cierto, según cuentan algunos eruditos, que la legendaria sapiencia de Salomón tenía su origen en la frase que estaba grabada en el interior de su anillo mágico: "También esto pasará". Es decir, que las rachas estupendas se acaban, pero que con las malas sucede lo mismo. Algún día llegan a su fin por largas y deprimentes que resulten. Es un consuelo, oigan.
Yo no sé (que, en el fondo y después de tantas consideraciones, es a lo que iba) si a los países, a las naciones les ocurrirá lo mismo que a las buenas gentes del común. Que también padezcan o gocen de rachas malas y buenas. Las malas siempre achacables a la coyuntura, mayormente internacional, según los gobiernos de turno, y las buenas, por supuesto, perfectamente atribuibles a la magnífica y clarividente gestión de esos mismos gobernantes.
Si usted está atravesando una mala racha, quizás el domingo, con su voto contagioso, contribuya a propiciar cuatro años desastrosos para todos los españolitos. Piénseselo bien, porfa. Si está usted gafado, no nos haga la puñeta.
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