LOS PRIMEROS Hermanos de San Juan de Dios que vinieron a Canarias fueron limosneros, que casi por ese puesto empiezan a servir estos religiosos de la Orden Hospitalaria que el santo fundó en Granada y ahora está extendida por todo el mundo. Vinieron sólo a pedir para la casa que habían fundado en Jerez de la Frontera, en la provincia de Cádiz. Entonces no se solía viajar en avión y todas nuestras comunicaciones eran marítimas. En uno de aquellos barcos-correo, procedentes de Cádiz viajaron aquellos religiosos a Tenerife. Su misión era, repito, la limosna y llevar lo recaudado para fundar y sostener la casa jerezana, la más cercana a esta isla. Aunque más tarde tuvimos en el Archipiélago dos casas, una en Santa Cruz y otra en Las Palmas. Por primera vez, encontré -recuerdo que eran tres juntos- a aquellos religiosos con un hábito que no conocía y que era diferente a todos los que había visto. No supuse que la Orden a que pertenecían quedaría para siempre entre nosotros a hacer a nuestros niños y jóvenes un bien inesperado e impagable favor.
Yo entonces era un muchachillo de pocos años, y recuerdo a aquellos hermanos cómo explicaban a mi madre el objeto de su visita. Oí hablar también por primera vez de San Juan de Dios y de lo que contaban los hermanos de la Orden fundada por el santo, que aún no se sabía si vendría a establecerse en Canarias. Pero sí vino, porque el pueblo creyó a los religiosos porque los esperaba en cada uno de los viajes, porque les atendían con cordialidad y con confianza en cada casa y porque todo Santa Cruz se sumó de forma entusiasta a la obra que se esperaba cuando ya los religiosos, llamados insistentemente por el pueblo, estaban decididos a establecer una Casa en Santa Cruz, a partir de cero, como en todas las ocasiones.
La mano del santo fundador está detrás de todas las obras y todas las realizaciones y, cuando hace muy poco, he sabido por boca del padre general que una de ellas existe, desde hace un año o así, en una región helada al Norte de Siberia, ahora puedo pensar que el poder de San Juan de Dios no se para ante nada y ante nadie.
En Tenerife varias personas influyentes colaboraron desde el primer momento con los hermanos. Una partida del Cabildo Insular de cerca de 300.000 pesetas se libró para la obra a instancias del consejero don Miguel López, un traumatólogo de Tenerife que fue director de la primera clínica y formó el excelente cuadro médico que, sin cobrar una peseta, puso a funcionar el establecimiento, para luego, siguiendo el camino de la generosidad pública, construir el actual hospital. La poliomielitis o terrible parálisis infantil la erradicaron en Canarias, como en más de medio mundo, San Juan de Dios y sus Hermanos, y el santo hospitalario está ahí, cerca de Dios, para seguir haciendo el bien a los humanos. El día 8 de este mes celebran sus casas en todo el mundo la fiesta litúrgica de este santo.
© Editorial Leoncio Rodríguez, S.A. |Aviso legal | Mapa del sitio | Publicación digital controlada por OJD