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DESDE DENTRO RICARDO PEYTAVÍ

Los currantes

3/mar/08 19:25
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HUBO UN TIEMPO, al comienzo de la primera legislatura de Felipe González, en el que el PSOE parecía que por fin había superado la lucha de clases. Es decir, el enfrentamiento eterno entre trabajadores pobres y empresarios opulentos que acumulan riqueza exprimiendo a los proletarios. Fue una época en la que Miguel Boyer, licenciado con brillantez en Ciencias Físicas y en Economía, asumió la cartera de Economía y Hacienda e impulsó la idea, novedosa en la izquierda española, de que lo bueno para las empresas puede ser también bueno para los trabajadores. Dicho de otra forma, que la riqueza de unos no implica la miseria de la mayoría. Eran los días de la llamada gente guapa. La beautiful people para los que chapurrean el inglés. Luego vino lo de la china, el chalet con dieciocho cuartos de baño y calefacción en la caseta del perro, y el asunto se fastidió.

Sea como haya sido, se trataba de una concepción de la economía opuesta al PSOE recalcitrante que lideraba Alfonso Guerra. Al final, a Boyer lo lapidaron con la ideología leninista de la que nunca se ha librado del todo el socialismo español. Ahí tenemos, sin más, a Santiago Pérez para recordarlo si alguna vez lo olvidamos. Y también a López Aguilar, su jefe directo. La última del Terminator ha sido señalar a Manuel Pizarro como contraejemplo de currante. "El PP no es el partido de los currantes, sino de los cañetes y pizarros que se han forrado de pasta con las privatizaciones", manifestó el otro día. No seré yo quien defienda a Arias Cañete y a Manolo Pizarro. Sobre todo a este último, que ha ganado mucho más dinero del que yo podría gastarme, racionalmente, en dos o tres siglos de vida. Ni siquiera voy a recordar -lo hizo él mismo hace poco- que Pizarro vivió durante algún tiempo gracias al sueldo de su mujer, profesora eventual en un instituto de secundaria, mientras preparaba las oposiciones a la Abogacía del Estado. Es decir, no heredó ni un solo céntimo de lo que posee. Puestos a no hacer preguntas, tampoco voy a cuestionar en qué empresas privadas ha trabajado Juan Fernando López Aguilar, licenciado en Derecho con un expediente igual de brillante al de Pizarro. Porque claro, lo que le paguen a un señor en una mercantil privada es asunto del empresario en cuestión, dueño de hacer con su dinero lo que estime oportuno. En cambio, lo que cobre un señor a cuenta de los presupuestos del Estado sí me incumbe por la circunstancia, en absoluto trivial, de que sale de mi bolsillo. Y también del bolsillo de todos ustedes. Aunque no merece la pena ponernos quisquillosos sobre el hecho de que ni López Aguilar, ni Zapatero, ni otros muchos impolutos sólo han cobrado sueldos públicos. El trabajo ha de ser justamente remunerado sea quien sea el patrón. La cuestión es otra. Verbigracia, saber cuántos callos tiene en sus manos López Aguilar por trabajar en el campo con una azada, o por cargar bloques en una obra. Y cuántas manchas en la camisa por limpiar gomilla en una platanera, o por servir cafés en un bar. Por favor?

Bien es verdad que pedirle sensatez al Terminator es como ir al mar por naranjas. Un esfuerzo inútil y un caso perdido. No renuncio, en cambio, a un PSOE un poco más moderno. O, cuando menos, no tan proclive a discursos trasnochados.

rpeyt@yahoo.es

 

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