A AQUELLOS QUE AÚN albergan dudas sobre el camino que debe emprender Canarias si realmente quiere ser algo en este mundo, les recomendamos que echen un vistazo a un suplemento publicado el pasado mes de febrero por el periódico El Mundo y dedicado íntegramente a Cabo Verde, país ubicado al sur de las Islas Canarias y que ganó su independencia en 1975. Compuesto por diez islas y ocho islotes de origen volcánico y con 480.000 habitantes, la República de Cabo Verde constituye en la actualidad, según palabras de su primer ministro, José María Neves, "un centro marítimo y aéreo en el que converge gran parte del comercio en el Atlántico". Un país "con una democracia en la que hay respeto por los derechos civiles, la libertad y las garantías ciudadanas".
Desde que lograra su independencia, Cabo Verde inició una carrera por el crecimiento económico y social y no ha dudado en establecer estrechos lazos con Europa y con España a través de distintos proyectos bilaterales en materia policial, jurídica y económica. Sobre este último aspecto cabe destacar las inversiones efectuadas por empresarios canarios que han visto en el sector turístico de ese país una gran oportunidad para hacer negocio.
Entre tanto, Canarias, que partía de una posición mucho más ventajosa, sigue sometida a las directrices de un Gobierno situado a más de dos mil kilómetros de distancia y al albur de los caprichos de los políticos instalados en la metrópoli. Mientras allí presumen de tener una cultura común que todos comparten y aprecian y que procuran profundizar y consolidar, aquí todavía tenemos que soportar los antojos de una sola isla y aguantar sus tergiversaciones históricas para mantener el "Gran"; para incordiar.
Los políticos canarios deberían fijarse bien en Cabo Verde y, del mismo modo que allí reconocen que "la experiencia adquirida en las Islas Canarias y Baleares puede ser muy útil" para sus ambiciosos planes de desarrollo de la industria turística, aquí también podríamos tomar nota de su organización político-administrativa. Empezando, por ejemplo, por situar la capital de Canarias en la isla más grande, más poblada y más importante, y que ya lo fue hasta que una dictadura se la arrebató: Tenerife. Como ocurre allí con Praia, ciudad localizada en Santiago, la isla mayor.
Cabo Verde no es un caso aislado, sino el más próximo. Se podrían tomar como referencia otros países, incluso con una superficie más pequeña y menor población que Canarias que gozan ahora mismo de un estatus que no tienen las Islas.
Ahí está, por ejemplo, Malta, cuyos habitantes presumen en el mundo de ser malteses y así se les reconoce. ¿Cómo se puede pensar si no fuera un país libre, una nación, que fueran "ingleses"? Porque el Reino Unido está allá lejos, en el infinito. Los canarios, sin embargo, no dejan de ser unos españoles de segunda clase. Y así se les ve, y son mirados y tratados como una cosa rara, con curiosidad, y tolerados por conmiseración.
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la situación actual de Canarias en España nos obliga a estar continuamente mendigando. Una muestra de ello es el artículo publicado el pasado domingo en las páginas de EL DÍA por la candidata de CC al Congreso de los Diputados por la provincia de Santa Cruz de Tenerife y alcaldesa de La Laguna, Ana Oramas, en el que se preguntaba "¿por qué tenemos los canarios que permitir que sea un funcionario enMadrid, alejado de nuestra realidad diaria, el que decida cuántos vuelos debe haber entre Tenerife y El Hierro? ¿Por qué debemos seguir tolerando la injusticia de que coger un avión entre las Islas nos cueste más dinero que viajar a la Península?...". La respuesta es muy fácil, porque no somos libres para decidir por nosotros y tenemos que vivir como siervos de las autoridades de la Administración central.
Ha sido precisamente la libertad lo que ha llevado al Parlamento de Kosovo a recomponer el mapa de su territorio, diluyendo sus fronteras "hechas con los tiralíneas de la guerra y la opresión", como nos recordaba el pasado lunes en su habitual colaboración Juan Jesús Ayala. "Por eso ?añadía? no debe ponerse en duda su esencia y fundamento de país y nadie debe sentirse incómodo por el grito que desde allí se ha dado, un grito colectivo que camina hacia la conformación de un nuevo Estado". Que cada uno saque sus propias conclusiones.
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estas circunstancias son quizás las que han llevado a algunos partidos políticos, minoritarios de momento, a luchar por la autodeterminación de Canarias, cuestión de la que nosotros no hablamos, pues buscamos la soberanía del Archipiélago a través del diálogo con el Gobierno de España, Bruselas, la ONU, la OTAN, la OCDE y todos aquellos organismos internacionales que sea preciso. Sorprende, sin embargo, que quien aspira a la autodeterminación sea el candidato de Unidad del Pueblo en Las Palmas, sede del virreinato del Estado español en Canarias.
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