LAS GOLONDRINAS sortean cortinas de arena en el vacío que media entre el cielo y la tierra. El gris se impone sobre el azul luminoso de una mañana de un postrero febrero bisiesto y alterado por su propia naturaleza, donde las ideas proyectan siluetas borrosas y cansinas, desprovistas de color. La vida también es posible más allá del blanco y el negro, pero muy tediosa en el término medio de la gama de grises conformistas y domesticados por una paleta monocromática.
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