COLPISA, Madrid
La decantación de José Luis Rodríguez Zapatero por el "drama" no era mentira. El presidente del Gobierno ha concebido su discurso de campaña como el guión de película clásica. Un historia de buenos, los socialistas, y malos, los "populares", en el que no caben las medias tintas. Es su estrategia para polarizar el debate. Para dejar fuera del cuadro a las fuerzas minoritarias e intentar alcanzar el objetivo con el que sueña el PSOE para la próxima legislatura: la mayoría absoluta.
Los dirigentes socialistas se cuidan mucho de decirlo porque temen que el alarde de poderío provoque la desidia de los suyos y frene un potencial trasvase de votos. Necesitan que, no sólo los socialistas, sino también los nacionalistas perciban que el 9 de marzo sólo existen dos opciones: o un José Luis Rodríguez Zapatero fuerte o un Ejecutivo involucionista presidido por candidato conservador Mariano Rajoy.
La clave de la campaña de los socialistas reside principalmente en una doble confianza: la de que en la sociedad existe una mayoría de izquierdas y la de que la estrategia de oposición de Mariano Rajoy en esta legislatura ha contribuido a mantener vivo un fuerte sentimiento "antipepé". Por eso, mientras la familia ha definido bien sus mensajes sobre dos o tres temas concretos -terrorismo, economía e inmigración- el PSOE ha optado por algo más difuso. Apela al sentimiento y reclama una adscripción por identificación, conforme a las enseñanzas de su "gurú" George Lakoff. La estrategia de los populares ha sido bien distintas. "¡Lo cachamos en las patatas!", clama Mariano Rajoy desde el centro del escenario y el abigarrado recinto ruge complacido con un vaivén de banderas azules. Así se repite cada noche y también muchas mañanas, en una campaña electoral que el PP ha diseñado en función de los debates de su líder con Zapatero. La campaña de publicidad es el otro puntal clave de la estrategia mientras que los trasnochados mítines se quedan para consumo interno. Ni los andaluces, valencianos, murcianos, canarios, vascos o castellano-manchegos comprenden con exactitud la "gallegada" de las patatas que se permite el candidato, pero interpretan enseguida el arcano y saben que significa, como dice Esperanza Aguirre en expresión castiza, que "le hemos pillao con el carrito del helao". El desliz de su adversario, que, a micrófono cerrado, reconoció la necesidad de tensar la campaña, le dio a Rajoy el punto de apoyo para hacer girar la palanca de su discurso electoral alrededor de una idea fuerza: Zapatero finge, miente, no es de fiar, se ha pasado la legislatura enfrentando a los españoles...
el dato
Nacionalismo y los daños de 2004
En la segunda fase de campaña, la próxima semana, los socialistas se dirigirán, precisamente a aquellos de sus votantes que se muestran más permeables a los mensajes del PP también en materia antiterrorista y política antiterritorial. Fuentes del comité electoral explican que de aquí al 9 de marzo apelarán al voto que les permita alcanzar una mayoría suficiente para gobernar "sin hipotecas", es decir, para no tener que depender de los nacionalistas.
Sin embargo, el PSOE tiene fe en que también los nacionalistas moderados contribuyan a su victoria. Aseguran que, según todas las encuestas, éstas serán las elecciones en las que los nacionalistas quedarán más debilitados. Perciben que hay un sector muy amplio de la población que desea que gane Zapatero y en el que, no sólo hay socialistas indecisos sino también seguidores de CiU, PNV, Bloque Nacionalista Galego, Chunta Aragonesista y, sobre todo, Esquerra Republicana de Catalunya, que todavía no han decidido su voto.
En cuanto al PP, cabe destacar que sus mensajes están centrados, sobre todo, en las heridas de 2004. La apretada victoria por puntos que disfrutaron los populares en los comicios municipales curó sus heridas de 2004 y ahora llenan los recintos, animosos y bienhumorados, encandilados por un candidato que los llenó de orgullo cuando creen que acorraló a su adversario en el debate televisivo.
Fijar el electorado propio e insuflar moral de victoria era el primer objetivo de la etapa inicial de la campaña del PP, y su equipo cree que lo ha logrado gracias al cara a cara. El terrorismo fue la piedra de toque, el engaño, el arma arrojadiza y la economía familiar, el escenario más cómodo.
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