Esta es una ecuación verosímil y voy a explicar su significado, pero no su desenlace definitivo. En primer lugar, habría que despejar la X. Solamente hay dos posibilidades, basados en el número de escaños que puedan conseguir el PSOE y el PP en las inmediatas elecciones generales. En las numerosas encuestas ya publicadas, se apunta al mal llamado "empate técnico" entre ambos partidos, cuya interpretación más genérica es que puede ganar cualquiera de los dos. En la practica, se apuntaría que la suma de ambos alcanzaría 320 escaños; el vencedor, alrededor de 160-162 escaños; el otro, próximo a los 156. El primero necesitaría unos 15-18 y el segundo, 20-22 para alcanzar la mayoría absoluta de 176 diputados. Los restantes 30-32 escaños se repartirían para los grupos minoritarios que decidirían, en teoría, quién gobernaría España durante los próximos cuatro años.
Y digo en teoría porque la aseveración anterior no es rigurosa ni cierta. Muchos de esos escaños minoritarios no son ambivalentes; es decir, que se puede ya tener la seguridad que no apoyarían a un eventual gobierno del PP, casos de Ezquerra Republicana de Catalunya y de Izquierda Unida que, en las diversas encuestas, oscilan, sumando ambos, entre los 11 y 12 escaños, y que sí podrían apoyar al PSOE.
Pero ambos ya han puesto severas condiciones para ese eventual pacto. Los republicanos, además de exigir previamente la publicación de las cuentas fiscales "reales" de las comunidades autónomas, reclaman el cumplimiento "ya" del nuevo Estatuto, además de poner fecha al referéndum de autodeterminación, que sería en el año 2014, pero con el compromiso previo de aceptación de su celebración y, eventualmente, de sus resultados. Por parte de Izquierda Unida -lo resume en su programa-, el PSOE tendría que abandonar los principios ideológicos de la socialdemocracia, sobre todo en el campo económico y social, abrazando al socialismo puro y duro, aunque en estos temas siempre hay flexibilidad y etapas.
Creo que actualmente el PSOE no está en condiciones de afrontar la totalidad de los compromisos indicados, por lo que tendría que explorar otros pactos con el resto de los grupos políticos. Entre ellos están los partidos vasco-navarros, que podrían sumar 8-9 escaños y que, como denominador común, tienen ya una fecha concreta para el referéndum de consulta política el próximo e inmediato mes de octubre, que se exige sea autorizado, cuestión que el PSOE no está en condiciones de aceptar -Plan Ibarretxe- y que ya ha rechazado parlamentariamente.
Siguiendo el análisis de los grupos minoritarios, los 10 escaños de CiU sí pueden ser ambivalentes, aunque ya han exteriorizado sus condiciones: retirada del recurso de inconstitucionalidad y aplicación inmediata del nuevo Estatuto. Los aspectos económicos, culturales y lingüísticos parecen ser asumibles por el PSOE, pero difícilmente por el PP. Los dos escaños del BNG son fácilmente negociables por el PSOE, incluyendo dentro de la otra incógnita (Y) a otros varios escaños aislados y muy minoritarios. Queda, por último, la gran incógnita de los nacionalistas canarios, también ambivalente, cuyas condiciones dependerán, fundamentalmente, del número de escaños definitivos que obtengan -entre los 3 y los 4 que han mantenido desde 1993- y de la necesidad que tengan de ellos tanto el PSOE como el PP en su suma final.
Las aspiraciones de los nacionalistas canarios no son fácilmente resueltas, ni por unos ni por otros. Sus cuestiones fundamentales -el nuevo Estatuto, las aguas interinsulares, un régimen fiscal seguro, una policía propia, las infraestructuras necesarias en el siglo XXI, un control de la emigración y su problemática demográfica, junto a la imprescindible normativa como frontera sur de Europa y plataforma de impulso al desarrollo sobre el continente africano, respetando sus seculares características agrarias- no son fáciles de obtener y de ahí la importancia de los escaños que logren.
Si valoramos las posibilidades de ambos grupos mayoritarios, en ese empate técnico teórico, las del PSOE son algo mayores que las del PP para llegar al número clave de los 176 escaños. Aquél tendrá dos opciones teóricas, enjuiciadas de forma global: una de izquierda radical y otra de centro-nacionalista, y dependerá, básicamente, de la distribución de los escaños, aunque pienso que la segunda solución es la más apropiada para sintonizar con la actual Unión Europea. El Partido Popular, salvo sorpresas, tendría que esperar y realizar más políticas de centro y de acercamiento a los nacionalismos periféricos, claves para completar mayorías absolutas en esta España plural de comienzos del siglo XXI.
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