JORGE DÁVILA, S/C de Tfe.
Anoche tocó en Arrecife y hoy, a partir de las 21:00 horas, estará en el Auditorio de El Sauzal. Lleva 25 años sumergido en el "mundillo" de la música aunque, según él, es ahora cuando empieza a tener claro qué es lo que quiere hacer. Por si alguien no lo ha reconocido aún, el saxofonista de la foto es Kike Perdomo, acaba de presentar su nuevo disco ("Ac&Funk") y ha regalado un montón de veces su talento a artistas tan conocidos como Bill Evans, Richard Bona, Chano Domínguez, Chuck Loeb, Miguel Ríos, Joaquín Sabina y Luz Casal, entre otros.
-¿Hacer música en el Archipiélago sigue siendo una aventura?
-No, hacer música en España es una aventura. En Canarias es una cuestión de supervivencia. Ahora hay más músicos, más locales, pero el pastel tiene el mismo tamaño que hace algunos años, es decir, hay más invitados a la fiesta pero no han puesto más dulces.
-Pero, ¿hay materia prima y, sobre todo, mayor calidad artística?
-Tenemos cosas muy interesantes, pero la oferta es tan grande que es imposible hacerse una referencia general. La gran mayoría de los grupos que quieren editar música sobreviven gracias a las subvenciones. Hasta ahí los problemas son solucionables. Lo peor llega cuando decides trasladar este producto a un directo; entonces se ven las carencias. No es lo mismo tocar en un estudio que hacerlo en un espacio abierto. Hay maquetas que mueren segundos después de ser grabadas.
-Y a usted, ¿le tratan bien?
-Se equivocan poco los que aseguran que nadie es profeta en su tierra. En mi caso, por ejemplo, me da pena (por no decir que me calienta mucho) que la gente no fuera a verme al Guimerá por 12 euros y en cambio sí que pague 30 ó 40 por escuchar a un desconocido en el Auditorio. En Tenerife el público no va a un concierto a oír al músico, acude a ver al famoso o al conocido.
-Encima, Kike Perdomo destaca como saxofonista.
-Igual lo tendría un poquito más fácil si fuera un guitarrista o tocara el bajo, pero soy saxofonista. Con un saxo sólo tienes dos caminos. O te hartas a hacer colaboraciones, o te lo montas por tu cuenta.
-¿Y en su caso se lo ha montado por su cuenta?
-Sí, básicamente es lo que hago. Ya no vivo preocupado por la incertidumbre de saber si lo que creo es bueno o malo, ahora pienso en mí y en mi banda como el empresario que debe sacar adelante su proyecto.
-¿Es fiel a su saxo?
-El saxo es como una novia; si no lo cuidas, no suena (se ríe). Hay que darle mucho cariño, como a tu chica, para que no te deje tirado. En serio, es un instrumento precioso que no puedes dejar de lado varios días porque cuando lo vuelves a coger suena distinto.
-Después de 25 años "dando la nota", ¿sabe el punto exacto en que se encuentra su carrera profesional?
-Sé lo que quiero hacer y lo que no volveré a intentar jamás. Soy un músico libre y sin complejos, o lo que es lo mismo, que no se asusta cuando lo tientan con un reto aparentemente difícil.
-¿Le quita muchas horas al día?
-No es por contradecir a Rajoy, pero ha habido días en los que me he sentado a componer a las siete de la mañana y no he levantado el culo (perdón) de la silla hasta las dos o tres de la madrugada.
-El jazz, con todas sus virtudes, sigue teniendo etiquetas que no lo dejan crecer por encima de un tope, ¿está de acuerdo?
-El jazz se ha abierto a todos los géneros; ha conseguido liberarse de unas cargas que existían en los años 50 y 60 para evolucionar hasta la imagen que tenemos hoy de él. Es verdad que todavía hay miedo a la hora de utilizar los conceptos jazz-pop, jazz-flamenco, jazz-rock, jazz-clásico..., entre otros muchos, pero todo lo que sea sumar enriquecerá un estilo que no morirá nunca.
-Dicen que es un estilo donde se desatan muchos egoísmos.
-He dejado de ser egoísta. Ahora no siento la necesidad de interpretar todo lo que compongo.
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