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LA BUENA UVA JOSÉ H. CHELA

La dudosa virtud de madrugar

1/mar/08 19:22
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MARIANO RAJOY estuvo hace un par de días por estas ínsulas y dijo varias cosas interesantes, además de una bobería, desde mi modesto punto de vista. Dijo, por ejemplo, que cumpliría con Canarias. Todos lo dicen cuando vienen por el Archipiélago en plan mitinero, pero, luego, casi nunca se ve. Dijo además que al primer presidente autonómico que recibirá, si llega a La Moncloa, será a Paulino Rivero. Bueno. Pues recibir tampoco significa necesariamente hacer caso o atender a unas determinadas peticiones y exigencias, la verdad. Aunque, vale, formalmente, es una promesa que Paulino habrá anotado en su agenda por si se dan las circunstancias, que vayan ustedes a saber y a fiarse de las encuestas.

Pero, les adelantaba que, en mi opinión, el candidato popular dijo una bobada. Anunció textualmente, si las crónicas periodísticas no mienten:

-Seré el presidente de la gente normal. De la que madruga.

Y ahí volvemos al caer en un dichoso tópico social. ¿Qué pasa?.... Los que no madrugamos ¿somos bichos raros?... Ciertamente, la mayoría de los ciudadanos se ven obligados a madrugar. Ojo: obligados: sus horarios laborales así lo estipulan. Pero, madrugar, aunque se presente como una virtud, no es tal. Dormir algo más de lo establecido por las normas es saludable. Y añado algo de lo que estoy convencido: los países, la economía, la sociedad funcionarían mejor si el personal no tuviese que madrugar por narices. En principio mejoraría el ambiente y el carácter de los contribuyentes, que se levantan habitualmente de mala leche, desayunan pésimamente (mala nutrición) y a toda prisa, llegan dormidos al trabajo, descargan su mal rollo con los compañeros y con los clientes o las personas a las que tienen que atender, y realizan desganadamente sus tareas, con la consiguiente repercusión negativa para las empresas, cuando no se dedican, en las primeras horas de curro, a leer los periódicos o a hablar de fútbol con los compañeros. La falta de un sueño reparador y completo es responsable de un porcentaje no estipulado, pero seguramente terrorífico, de accidentes laborales que implican un tremendo costo a la seguridad social.

¿Quién dijo, pues, que madrugar es bueno?... ¿Quién dijo, aparte de Rajoy, que madrugar es normal?... Lo será para algunos organismos e individuos, pero no para la mayoría de los electores a los que se dirigen los candidatos a la presidencia del Gobierno. Aparte de que ¿la gente que trabaja por la noche y que, por lo común, duerme hasta mediodía -locutores, farmacéuticos, médicos de guardia, taxistas, vigilantes, etcétera- no son gente normal para Rajoy?...

Mire usted, don Mariano. Yo quiero un presidente que no madrugue demasiado, o sea que esté en buena disposición para afrontar con optimismo y buen humor cada jornada. Y me gustaría un candidato que entre sus promesas incluyera precisamente una estupenda: intentar que todos madruguemos menos.

josechela@mojopi.com

 

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