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LA MEDIA COLUMNA FRANCISCO AYALA

Costas sigue destructiva

1/mar/08 19:22
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CUANDO "in illo tempore" nos pusieron en algunos de los cursos normales de la Facultad de Ciencias -que era sólo de Químicas- de la Universidad de La Laguna, la asignatura de Religión, sin venir a cuento y por influencia de "los curas", que decían en el Gobierno, también la hicieron obligatoria en las Facultades de Filosofía y Letras y no recuerdo si en la de Derecho. No había ni un libro para estudiarse las nuevas lecciones, y alguien de la Facultad de Filosofía, cuyo nombre no recuerdo, se comprometió a conseguir unos apuntes para el caso, y él los "recompuso" metiendo varias cosas de su propia cosecha, para darle forma al libraco.

A fin de "recopiar" el "ladrillo" para todos los que lo precisábamos, se ofreció el querido y popular compañero Manolo García Riquelme, en una rara copiadora, que no me acuerdo cómo se llamaba y que era la existente en esos tiempos. Manolo Riquelme, que era un vacilonista declarado, empezó a difundir detalles de los apuntes, debidamente "reciclados" por el "coautor", que era el compañero de Filosofía. Y cada reunión era una fiesta. El libro empezaba así: "Cuando el hombre no pensaba...". Y seguía en esa línea introduciendo pensamientos y frases propias de "La Codorniz". Este pintoresco episodio me viene a la memoria cuando intento no estudiar, sino solamente comprender el tejemaneje de la Dirección General de Costas, dependiente del Ministerio de Medio Ambiente, cuya titular parece tener mala suerte o no dar una en el clavo.

Tengo entendido que la Ley de Costas comenzó a aplicarse en la década de los ochenta. No sé si entonces el "hombre ya pensaba" o no pensaba aún. Creo que ya empezaba a pensar. Parece ser que después de que se inventó el ladrillo y poco después de emplearse las piedras para la construcción, los habitantes más o menos magos de las Islas empezaron a construir chabolas, unas para vivir ellos y otras para guarecer a las cabras. Luego empezaron a hacer casas corrientes y después vino la moda de los apartamentos con la aparición de los turistas. Lo mismo se planta un cuarto en plena playa, como en un risco peligroso de la orilla. Y entonces se ideó la ley que intentaba proteger la costa en todo lo que no estaba clasificado como "urbano". Y el litoral se llenó de cuevas-viviendas y se fabricaron las viviendas en las cuevas y fuera de ellas.

Pasan años y ya se levantan en las costas grandes edificios como el hotel Médano y barriadas ilegales, porque no cumplen con las distancias a las costas y los terrenos que no deben ser ocupados. Semejan dormir los encargos de hacer cumplir la ley, de pronto despiertan llevando a cabo una serie de machuco y limpia que no respeta a nadie ni a nada. Es el caso del director general de Costas, don José Fernández, quien dice que su departamento no está dispuesto a ser el malo de la película por cumplir la ley. O sea que echará todo abajo.

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