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LUZ EN EL CAMINO FERNANDO LORENTE, O.H. *

La amenaza más grave en la política actual

27/feb/08 19:17
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DESDE l960 empezaron ciertos fenómenos sociales que, hasta ahora, no han hecho más que crecer y afirmarse. En España, como en otras naciones, se destacan tres: el terrorismo -muy organizado y aquí está lo esencial-, la desbordante e intensa difusión de drogas y, sobre todo, la aceptación social del aborto, al amparo de "ese progreso democrático" español que desde entonces tan lamentablemente lo ha propiciado. Aquí se contempla no el que alguna vez se cometa cediendo a impulsos fuertes en circunstancias agobiantes, sino en que eso parezca bien, un derecho, tal vez un síntoma de "progresismo". Estamos viviendo una manifiesta voluntad de ciertos grupos sociales para que se cometan abortos, para que el mundo entero quede contaminado por esa práctica, para que nuestra época se pueda definir por ella, como otras, por la esclavitud o la tortura judicial. Esta realidad, ya lo apuntaba en los veintiocho artículos publicados en este periódico, EL DIA, durante los años 1985-95 y recopilados en un libro (prologado por D. Ángel Ripollés), bajo el título "Derecho a nacer y a vivir". (Constitución española nº l5). Ante la Ley del aborto en España. Tenerife. 1995.

Hace ya veinticinco años se vivía ya esta realidad. Nos lo dice la abundante información aparecida en periódicos y revistas. De ellas ofrezco este resumen.

Me parece muy necesario y evidente tener una clara visión antropológica del aborto. Hay que separar esta cuestión de toda perspectiva religiosa, y también científica, porque la inmensa mayoría de las personas no conocen la ciencia y no tienen medio de comprobar lo que enseñan. Un cristiano puede tener un par de razones más para encontrar inadmisible el aborto, pero si yo fuese ateo opinaría lo mismo sobre el asunto. Porque aquí, de lo que se trata es de que lo que se llama "elección" es exactamente "licencia para matar"; que la palabra "interrupción" del aborto no es lo que significa esta palabra, continuar después la vida del nuevo ser humano, sino eliminar para siempre al hijo que va a nacer, a la persona "viviente" que llegará en un plazo fijo a la plenitud de la vida humana, si no se la mata en el camino. No se puede olvidar que, lejos de ser el hijo "parte del cuerpo de la madre, un tumor que se puede extirpar, es "alguien", un "quien" irreductible al padre, a la madre, a todos los antepasados, a los elementos que integran el mundo y al mismo Dios, a quien podrá decir "no". El ser humano que nace es una nueva realidad, distinta de todo. Y esto en cualquier momento.

Actualmente, está aumentando en gobiernos y en sectores políticos la más refinada hipocresía que se usa constantemente en defensa del aborto. Y cuando se considera aceptable en las primeras semanas, no después, esto equivale a ver que es bueno disparar a una persona a veinte metros, discutible a diez metros de distancia. De igual modo, si se piensa que un niño con anormalidades no debe vivir, ¿por qué no esperar a que nazca y matarlo si es efectivamente anormal? ¿Y si la anormalidad sobreviene a cualquier edad? A veces pienso que Stalin y Hitler han triunfado al final. Se dan explicaciones extrañas para justificar el aborto, como la violación. ¿Y cuántas violaciones "fecundas" se producen -tal vez, ninguna- y si eso justifica más de cuarenta mil abortos en España en un solo año (1994? y en 2007)? Otra "razón" es la necesidad de disminuir el crecimiento de la población; y, al mismo tiempo, no se tiene en cuenta el extraordinario aumento de producción de alimentos y de todo lo demás, hasta el punto de que su exceso es ya un problema.

Por debajo de todos los argumentos que nuestra sociedad quiera esgrimir para justificar el aborto, hay una arrogante y profunda voluntad política de "despersonalizar" al ser humano en general y de perturbar la esencial dualidad de la vida humana, varón y mujer, irreductibles e inseparables, constituidos por la referencia mutua. Ya hace mucho tiempo que se está intentando "reducir" lo personal a lo orgánico, y esto a lo inorgánico; lo humano a la zoología; también se descarta la libertad, la responsabilidad, el sentido de la paternidad y la maternidad. La Humanidad, que ha seguido casi todo el siglo pasado y si no rectifica en el presente, estará mostrando su retroceso a la prehistoria, suponiendo -como muchos quieren creer- que la prehistoria no era humana, que el ser humano alguna vez no ha sido humano con sus rasgos esenciales y propios.

Tremenda responsabilidad para los políticos en la defensa del primer derecho humano. El derecho "a nacer" sin éste ¿para qué le sirven los demás derechos? Y los cristianos, políticos o no, tenemos una gran responsabilidad en saber discernir que la Constitución española (art. l5) como la Ley de Dios (quinto Mandamiento) es doctrina que hemos de aceptarla y vivirla, y, desde ella, hemos de juzgar los enfoques de cualquier partido político u otra actividad; no al revés. Y si queremos contribuir a eliminar los tres fenómenos sociales que están amenazando tan gravemente a la sociedad, o sea, el terrorismo, la droga y el aborto, tenemos que sentir la responsabilidad de "botar" con decisión y de "votar" consciente y en conciencia en toda campaña electoral.

* Capellán de la clínica

S. Juan de Dios

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