NO EXPERIMENTÉ ninguna decepción porque la decepción ya la llevaba puesta. La organización, impecable, lo mismo que el orden y el comportamiento de los contendientes, quienes en sesiones del Parlamento han protagonizado enfrentamientos mucho peores. Crispaciones, que algunos aseguran que las hubo, fueron más suaves que otras que estamos viendo todos los días antes y durante esta precampaña electoral. Sorpresas, tampoco, porque ninguno de los dos tenía nada nuevo que decir. Sólo que, uno y otro, tienen un raro concepto de quiénes formamos el pueblo español. Creen que todos somos tontos de pueblo y pueden hacernos comprender lo incomprensible. Ejemplo: acusa Rajoy a los socialistas de dar lugar a pérdidas de empleo, a un porvenir económico dudoso, a no construir viviendas suficientes y a practicar una política exterior preocupante. Todo ello con pruebas gráficas de organismos competentes. Y contesta Rodríguez Zapatero, sin dejar de citar comparaciones con lo efectuado por el Gobierno del PP durante su gestión, que siempre sale perjudicado, que se han creado miles de puestos de trabajo, que se ha favorecido la educación, que han aumentado las becas, que ha mejorado la economía y poco menos que él y su Gobierno han convertido a España en una nueva Jauja.
Es lógico que uno de los dos no dice la verdad, porque no se puede destruir empleo y crearlo al mismo tiempo y otra serie de contradicciones que no pegan ni con la gotita. Después de una serie de comparecencias de unos descarados partidistas, sin razones en los dos sentidos, unos abiertamente a favor del PP y otros a favor del PSOE, apareció el sabelotodo de Ignacio Gabilondo, quien, como de costumbre, tiró por la cuerda de su ídolo Zapatero como era de esperar y puso a parir a Rajoy. Salió a la pantalla el señor Caldera para echar más gofio a su potaje. Pero esto es lógico, porque no iba a hablar contra su idolatrado jefe. Pero no eran igualmente lógicos, sino desvergonzadamente parciales las intervenciones de otros analistas, entre ellos el citado Gabilondo, que es la "voz de su amo", como los viejos discos donde aparece un perro. Cuando escribo este ladrillo todavía no he entrado en contacto con los medios informativos para saber de más reacciones, pero seguro que serán tan confusas, contradictorias e incomprensibles para una mente normal como lo dicho en el histórico debate, aunque lo de histórico me suena a cachondeo. Y vamos a ver qué queda por oír en el segundo round.
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