JUAN J. RAMOS, Salamanca
El Tenerife se dejó en Salamanca algo más que los tres puntos en juego. En el estadio Helmántico se quedaron una nueva oportunidad de recortar distancias con el ascenso y parte de la ilusión que la afición blanquiazul tiene porque este equipo sea aspirante, algo que con un bagaje como el actual fuera de casa, pasa poco a poco de improbable a imposible.
José Luis Oltra sólo transigió a medias con las peticiones que, durante la semana, le habían llegado desde numerosos sectores y dio entrada a Iriome como sustituto del sancionado Ayoze. Eso sí, dejó sin tocar la discutida tripleta N'Diaye-Manolo Martínez-Óscar Pérez. El resultado, un nuevo fiasco. Tras el descanso, lo intentó con otros mimbres y su equipo se acercó algo al empate... y al fútbol.
Pero los primeros 45 minutos fueron una muestra de cabezonería del técnico y un canto a la desesperanza. El Salamanca, con escasos argumentos, dio un aviso muy pronto en un centro de Ze Tó, que David Rodríguez remató demasiado cruzado en el primer palo (8'). Sin más ocasiones hasta el gol, sí parecía tener el control de la situación. La fragilidad defensiva del rival (increíble con tanta gente de perfil defensivo en el campo) le ponía de cara el encuentro.
El equipo tinerfeño salió con la frialdad de otras tardes cuando juega a domicilio, pero con menos intensidad, algo que acabaría pagando. En el minuto 25, David Rodríguez recibe, de espaldas a portería, dentro del área y Culebras intenta sacar sin éxito el balón. El contacto existe, pero hace falta algo más que eso para señalar el penalty. Gallo Moreno ni se lo pensó. Quique Martín transformó engañando a Juan Pablo (26'). El castigo era justo para el Tenerife, por su nula ambición. Y es que el bagaje futbolístico blanquiazul se redujo en esta primera mitad a un pelotazo de Manolo Martínez que, por casualidad, dejó a Nino sólo delante de Pagola. El delantero almeriense, raro en él, tiró fuera junto al palo derecho (16').
Oltra cambia de fórmula
Si el partido se hubiera acabado al descanso, no sería injusto decir que los de Oltra ofrecían hasta entonces la peor imagen a domicilio de la temporada. La "charla" del técnico surtió algo de efecto en los suyos. Eso y la entrada de Jesuli, no por la aportación del andaluz que fue nula, sino porque Julio Hormiga pasó al centro. El experimento duró 14 minutos. Suficiente para ver algo de fútbol, aunque faltaban las ocasiones. Sólo lo intentó Manolo Martínez desde la frontal (56').
El siguiente paso fue dar entrada a Arruabarrena. El dibujo cambió al 4-4-2 y Hormiga volvió a la banda. Pero el tinerfeño, como resistiéndose, se echó al equipo a la espalda. Estuvo en una doble ocasión (68') que se fabricó él solito. Luego, terminó otra con un disparo desde fuera del área que detuvo Pagola (73'). El cuadro charro había dado un paso atrás, esperando su oportunidad a la contra para sentenciar, aunque sin demasiada fe. Y la tuvo, en una acción individual de Pedro Botelho. El mano a mano lo ganó Juan Pablo (72').
Así pues, el partido sólo tenía un sentido: la meta local. Al Tenerife sólo le fallaban ya los argumentos para intentarlo. La entrada de Cristo dio una nueva vuelta de tuerca a la situación y, más por empuje que por claridad, el Salamanca empezó a pedir la hora. El delantero zoquero, convocado por casualidad tras la baja de última hora de Santos, tuvo el empate ya con el tiempo cumplido. Recibió en el área, se revolvió, tiró y encontró a Pagola en su camino (94'). Antes, Manolo Martínez había cabeceado una falta lateral sin éxito (91'), en una acción en la que los blanquiazules pidieron penalty por mano de Catalá.
Lo peor, la sensación de impotencia y la cara que se le quedó a los más de 100 aficionados insulares que acudieron al recinto salmantino, con la esperanza de ver la segunda victoria a domicilio de los suyos. El ascenso, o mejor, el mero derecho a aspirar hasta el final al ascenso a Primera se escapa poco a poco. Ya sólo queda, para soñar, aferrarse a las matemáticas y la fe.
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