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Salvador González, un pastor que recorrió Arona con sus cabras

25/feb/08 19:14
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Cumpliendo con la cita de la semana pasada, "El DÍA de Ayer" se desplaza hasta el municipio de Arona para conocer desde dentro los cambios que ha experimentado el sur de Tenerife. Salvador González, nuestra fuente oral de hoy, desde el barrio de El Fraile nos relatará su pasado como cabrero y los duros días que le tocaron vivir en el frente durante la Guerra Civil.

Salvador nació el 15 de noviembre de 1919 en el barrio sureño de Cañada Verde. Miembro de una familia numerosa tuvo que dedicarse desde muy joven a la cría de cabras, motor económico para la subsistencia de los suyos. "Cuando mi madre me tuvo estaba rodeada de cabras, así que desde que nací estoy ligado al cuidado de los animales", nos comenta Salvador, quien se autodefine como "un hombre del sur que nació cuando en el sur todavía había mucho campo".

Desde los seis años

Salvador nos cuenta que la escuela no la conoció ya que desde los seis años comenzó a ayudar a su padre en las labores de pastoreo, dedicándose a controlar las cabras mientras ellas pastaban. Nuestro protagonista recuerda perfectamente sus primeros días en el oficio: "Mi padre me encargó controlar cuatro machos y el tiempo de pasto lo dedicaba a coger caracoles. Bien caminaba yo por esas montañas de Guaza". Y a esto nos añade algo que tiene muy claro: "Le puedo asegurar que debo mi vida a las cabras".

La Guerra Civil marcó la vida de nuestro protagonista, abandonando el oficio de cabrero durante su etapa en el frente y en los primeros años de posguerra. En 1940 su padre lo sacó de Ávila como mantenedor y de vuelta a Tenerife comenzó a trabajar en la construcción de la carretera vieja del sur, para pasar posteriormente a la siembra de tabaco y al oficio de canalero. Tras varios años inmerso en otros oficios, la vejez de su padre fue el motivo de su retorno a su labor natal. "La carretera se pagaba a siete pesetas el día. Perdía dinero al volver a las montañas pero tenía que ayudar a mi padre", nos señala.

Con el inicio de los años cuarenta, Salvador comenzó a trabajar en una finca de la Cañada Verde, siendo el cuidado del rebaño de cabras su oficio. La venta de queso era la principal fuente de ingresos del cabrero y a la fabricación del mismo dedicaba gran parte del tiempo nuestro protagonista. "Llegué a tener a mi cargo 140 cabras y sacaba 25 ó 30 kilos de queso diarios". Salvador destaca la subida de precio del queso desde aquellos días de su juventud hasta estos últimos años. "En cincuenta años el precio del queso ha pasado de 13 pesetas a 200 pesetas el kilo".

La guerra desde dentro

Nuestro protagonista fue uno de los tantos canarios que tuvo que abandonar la tierra para ir a combatir en la Guerra Civil. A los 18 años tuvo que dejar todo, su oficio, su familia, sus amigos? para desplazarse a tierras peninsulares y cumplir con el mandato militar. "Me mandaron al frente de Los Pirineos y fuimos avanzando por la costa mediterránea hasta llegar a Castellón, fueron momentos muy duros", nos afirma.

La dureza de los tiempos de guerra la transmite el rostro de Salvador cuando recuerda aquellos días: "Los habitantes de Castellón colocaban en las cumbres una figura de San Nicolás para ir a orarle y pedirle que aquello se acabara. Fíjese si eran tiempos de penurias". Nuestro protagonista se acuerda especialmente de las llegadas a los cuarteles de campaña. "Pasábamos muchos días fuera y al llegar a los cuarteles de campaña estaban todos los compañeros leyendo algunas cartas de familiares. Eran momentos muy emocionantes". Salvador nos asegura que así y todo el ejército le ayudó a formarse en labores sanitarias como la de practicante. "Me enseñaron a poner inyecciones y ahí aprendí algo más en mi vida".

Hoy, Salvador descansa junto a su familia, viendo con añoranza cómo las tierras del sur de Tenerife se masifican de construcción y sufriendo porque "la juventud pierde el respeto al pasado. Y eso no puede ser así", nos sentencia. Salvador González, a sus 88 años, continúa participando en todas las actividades del pueblo con un entusiasmo que le ha sido reconocido con una calle que lleva su nombre en el barrio de El Fraile. Salvador continúa ahí en Arona, adonde nosotros regresaremos el próximo lunes para traerles "EL DÍA de ayer" de Eduardo Oramas, un verdadero maestro del palo. FUENTE: ANSINA.

domingo.jorge@canaryinfoweb.com

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