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Comentario Internacional Enrique Vázquez

23/feb/08 19:11
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En Canarias estamos ya en el año 2067

¿No se dan cuenta mis compatriotas canarios y nuestro gobierno del desastre que tal realidad significa?

Varias veces escuchamos a Paulino Rivero durante las elecciones de mayo asegurar que la población canaria había crecido en tan sólo ocho años en 500.000 personas. Lo que no se atrevió a decir, porque al fin y al cabo es un sumiso, es que la inmensa mayoría de esas personas son españolas. Nadie puede ni debe ignorar que hay dos islas, Fuerteventura y Lanzarote, donde hay más españoles que canarios. Auténtico desastre.

Si calculamos por lo bajo que Canarias ha aumentado su población durante los últimos diez años en 55.000 personas anualmente, veremos que eso significa que cada año nuestra población ha crecido siete veces más que su crecimiento natural vegetativo, que era de un sano cinco por mil. Siendo una población de 1.500.000 habitantes, cada año crecíamos en unas 7.500 personas. Vemos, por consiguiente, que nuestra población crece a un ritmo anual siete veces superior al normal, debido principalmente a la llegada masiva de colonos españoles.

En crecimiento poblacional cada año significa siete, de esta forma en diez años es como si hubieran pasado 70 años. Añadiendo 70 años a 1997 la conclusión evidente es que ¡estamos ya en el 2067!

Con esa invasión española ¿cómo se puede pretender que funcionen la educación y la sanidad? Lo verdaderamente asombroso es que algo funcione.

¿A pesar de estos escalofriantes datos va a seguir nuestro sumiso e integrador Gobierno canario sin enfrentarse a la realidad?

El turismo nos sacó de la pobreza y podríamos mantenernos alejados de ella si pudiéramos administrar el turismo de forma sostenible y adecuada a nuestra población de 1.500.000 habitantes, pero, al no ser soberanos y estar al servicio de un país de 40 millones de habitantes, estamos acabando con nuestra riqueza en un auténtico saqueo.

Imagínense que a la metrópoli, España, llegaran, en lugar de 48 millones de turistas, la insoportable cifra de 240 millones, es decir, seis veces su población. Esto sería un gran desastre, obviamente inimaginable. Pues esto exactamente es lo que está sucediendo en nuestra tierra. Actualmente, tenemos dos millones de habitantes y recibimos 12 millones de turistas, lo que significa seis veces nuestra población. Realidad pura y dura.

La labor que tenemos enfrente es ingente y difícil, pongámonos todos los canarios a aportar nuestro granito de arena, el futuro de nuestros hijos y nietos, en definitiva, de nuestras generaciones venideras, está en ello.

Para reducir la población, reduzcamos el número de plazas alojativas turísticas, con ello reduciríamos el número de turistas. Esta es una necesidad imperiosa llena de ventajas para Canarias. Nos permitiría subir los precios, tener otra vez la sartén por el mango, y no como ahora, que estamos prostituidos.

Antonio Artiles Mejías

Intolerables actos de vandalismo en Santa Cruz

O como ciertos individuos en algún determinado lugar de España dirían, de "terrorismo de baja intensidad". Y como la confusión de los términos suele acabar en confusión de los conceptos y caos general, considero mi obligación protestar cuando veo que es la quinta vez que han quemado los contenedores de papel, los de plástico, esta última vez también los de la basura, casi enfrente de mi casa. Cosas así, no admiten en ningún caso justificación alguna. Ni tampoco, el que desde las instancias a quienes les corresponde, no se ponga a ello remedio.

Supongo que los señores de Cajasiete, a quienes les han reventado por quinta vez consecutiva la gran luna de su establecimiento, además de fundirles los letreros luminosos, más los vecinos a quienes les han ennegrecido sus fachdas e intoxicado con el humo, habrán protestado los primeros. Yo quiero sumarme a ellos.

Además quiero abogar -le parezca a quien le parezca, dicta-dura o dicta-blanda, me da igual- no, de ningún modo, por castigos. Pero sí por reeducación. Y por eso mismo también, porque quien la haga, la pague. O él, o sus padres. O eso, o vuelta a tener que pagar todos, sólo por culpa de unos pocos; aunque, por cierto, cada vez más numerosos. Y por culpa, también, de quienes, teniendo la obligación de ponerle a todo ello remedio, hacen apenas nada por evitarlo. Es más; da la impresión de que hasta lo fomentan.

Y como estamos en democracia, ya no cabe sobre esto que voy a decir ni la menor duda. De quien más, de quien menos, según su propio grado de responsabilidad, la culpa es de todos.

Ora Suno

La seguridad vial en el casco del Puerto de la Cruz

El Ayuntamiento ha procedido, con buen criterio a mi entender, a colocar en diversos puntos conflictivos de tráfico vial señales o "guardias muertos" que impiden que los coches vayan a una velocidad excesiva y que aminoren su marcha, so pena de estropear sus conductores la amortiguación de sus vehículos, aunque el fin primordial -evidentemente- es la seguridad del peatón.

Vaya por delante mi más efusiva felicitación por ello al encargado de dicho menester. Sin embargo, creo que en el entorno del casco histórico faltan por poner varios guardias muertos, a unos quince metros por delante de los pasos peatonales en diversas vías que llevan a sus espaldas un buen número de accidentes entre vehículos y atropellos mortales. Es el caso, por ejemplo, de la calle San Felipe, esquina a calle Pérez Zamora y en calle Teobaldo Power, donde, aunque están puestos desde hace tiempo pasos peatonales, no existe esa señal disuasoria para la regulación de la velocidad de los vehículos. Haría falta poner dichas señales, al menos, a la altura del famoso callejón Cagado (que de eso nada en la actualidad, sino todo lo contrario, el más bonito de la Ciudad) y antes del paso de peatones allí existente. Están colocados así en la calle Mequines, que entiendo es menos transitada por los vehículos y, por tanto, la siniestralidad es mucho menor.

Nada más por ahora, dándole muchas gracias a quien proceda y en la espera de que se instalen a la mayor brevedad, para seguridad peatonal, no vaya a ocurrir algún grave y fatal laccidente en las intersecciones indicadas en la citada vía.

Víctor M. Izquierdo Pérez

Dramatizar un poco...

Que es lo que al parecer mola. Conviene que haya tensión, que, supongo, es el medio más adecuado para el desarrollo de una normal convivencia, así, con grandes dosis de "crispacina". Hay que ver lo que se ha avanzado en esto de la sicología preelectoral y demás yerbas de la mamandurria.

Si todas las materias grises dotadas de una cierta inquietud o algún hálito de progresía... o eso creen ellos, que pululan por este país llamado España -de momento- aunasen sus esfuerzos para lo constructivo y positivo, en vez de hacerlo para dar en la crispación y en las críticas destructivas o en poner de chupa de dómine lo divino y lo humano, sin duda nos convertiríamos en una potencia mundial en todos los aspectos del progreso. Pero la cosa no funciona así. A la hora de criticar y de denostar lo propio, como ha titulado Sánchez Dragó su último libro: "Si critica de España, es español". Si hasta resulta que a la hora de considerar y juzgar a España, los de fuera lo hacen, salvo algún que otro dirigente cabrito, con más ecuanimidad y mesura.

Una prueba de lo dicho la tenemos en lo que está ocurriendo en la campaña electoral en curso, en la que unos y otros -o unos más que otros- se están cubriendo de imprecaciones, dicterios, descalificaciones y denuestos a destajo, todo ello con una retórica vacía, estereotipada, agresiva y con profusión de sandeces y boberías conceptuales que harían enrojecer de vergüenza al propio Pedrín. En resumen, que el "agit-prop" anda desmadrado y todo se les va en promesas precipitadas, muy de última hora y chorreando demagogia por los cuatro costados -sobre todo en el aspecto dinerario- y sin tener en cuenta las posibles consecuencias de tanta prodigalidad con el dinero que "no es de nadie", como dijo una ministra de cuota, sino de todos, repito: de todos.

Diversas y nada baladíes son las cuestiones que preocupan hoy día a la opinión pública. El terrorismo, la crisis bursátil, la política internacional desangelada y errática, la inflación y el incremento del paro, el aumento de la delincuencia, sobre todo la importada principalmente de los países del Este, el aborto y la eutanasia encubierta, los estatutos anticonstitucionales e insolidarios, la subida de los precios, en general, y de la cesta de la compra, en particular, la pérdida de poder adquisitivo o la crisis con la Iglesia Católica son algunas de las facetas que no parecen tener un arreglo satisfactorio a corto o a medio plazo.

J. Lavín

Puerto de la Cruz, ¡¡más madera!!

Qué desgracia más grandes nos ha caído en el Puerto de la Cruz con el nuevo pacto de gobierno, que tiene la ciudad como el camarote de los Hermanos Marx. Nunca mejor dicho. Nuestra ciudad camina día a día a un nuevo ostracismo. Si no se pone freno a tanto desatino y a tanta locura, a tanto disparate y a tanto pasotismo, pronto nos lamentaremos de no haber hecho nada más por remediar todo esto.

Tenemos una alcaldesa que sale todos los días en la tele, pero casi siempre sentada en su tribuna del Parlamento de Canarias. Allí no se pierda una sesión, ni una junta, ni una reunión de los comisionados. Sin embargo, en los actos oficiales en nuestra ciudad casi siempre preside otro u otra, ambos dos privados porque les gusta más un protagonismo que a un niño un chupete.

Tenemos una alcaldesa que dijo claramente en un pleno municipal que no iba a cobrar ni un céntimo de euro del ayuntamiento, que sólo cobraría lo que le corresponde por el Parlamento de Canarias. Y vemos en una televisión, donde no quiere ella participar de ninguna de las formas, cómo se muestran documentos que acreditan que cobra dietas y más abonos por los viajes que realiza y, eso sí, viajar sí que viaja.

Tenemos una primera teniente de alcaldesa que le sobra lo de primera y lo de alcaldesa, y sólo tendría que ser teniente, porque manda más que un ídem del ejército. En sólo seis meses ha colocado a todos los que le ayudaron para estar nuevamente en el ayuntamiento cuatro años más. Y eso que nos toca sufrir a todos los portuenses.

Tenemos a una teniente de alcaldesa que ha batido el récord, en sólo seis meses, de ser alcaldesa accidental. Ni en los momentos de Félix Real, Domingo Perera fue durante tanto tiempo alcalde accidental. Y, como a ella no le gusta el cargo, feliz y contenta que la vemos todos los días por la ciudad portuense, aunque nadie se pare a saludarla.

Lo que importa ahora es salir en prensa. Vender todo y más, informativamente hablando. Da igual que hayan sido ellas dos las que iniciaron el proyecto. Lo importante es venderlo y hacernos creer a los portuenses que ellas son lo más. Con un quita de aquí y pon esto, y con unas frases manidas de lo importante que es el socialismo popular van ellas y se apuntan otro tanto.

Y, mientras tanto, la casa sin barrer. En el ayuntamiento nadie sabe dónde. En el consistorio nadie quiere cuándo. Todos a la calle, es el grito de guerra. Nadie conoce a los ediles nuevos, pero eso da igual. Para eso ya están las archiconocidas Lola Padrón y Eva Navarro. Y así pensarán ellas. Mientras menos conozcan a los demás, más fotos tendremos nosotras.

¡Hay Virgen del Carmen!, ¡hay Gran Poder de Dios! ¿Por qué cuando las cosas iban cambiando volvemos a más de lo mismo? ¿Por qué somos tan masoquistas los portuenses? ¿Por qué no se hace nada pero se vende todo? ¿Por qué tantas fotos y ninguna recompensa? ¿Por qué no hay ninguna respuesta? Respuestas. ¿Repuestas? Próximo pleno.

Alfredo Rodríguez

Avenida de La Trinidad

En aras de la modernidad, la comodidad, la puntualidad y un largo etcétera de ventajas que nos ha proporcionado el nuevo tranvía, y que no dejo de reconocer, hay determinadas cosas que hemos perdido y que, personalmente, echo de menos. Sin ir más lejos (ahora mismo imposible hacerlo por ser final de trayecto), al apearme en el andén de la avenida de La Trinidad, observo que la imagen estética que presenta la misma deja mucho que desear con relación a tiempos pasados. Entre la construcción del aparcamiento subterráneo en sus entrañas y la instalación de las vías en superficie, ha desaparecido todo un símbolo de esta arteria lagunera: el jardín central que, engalanado de esbeltos pinos de oro y una corte multicolor de hortensias (léase "flor de mundo"), ofrecía una llamativa imagen que se grabó en mis ojos en la infancia, tal vez por el fuerte contraste con el oscuro cielo del invierno.

Entiendo la imposibilidad de recuperarlo; me refiero al jardín ¡claro!, el cielo afortunadamente aún no podemos modificarlo a nuestra conveniencia o antojo, aunque todo se andará, pero lo que no entiendo es por qué en los nuevos parterres laterales que se han habilitado han plantado creo que? camelias, en vez de las hermosas hortensias que fueron siempre su seña de identidad.

No obstante, deseo felicitar a los jardineros del Ayuntamiento lagunero por la logradísima explosión de color que ofrecen los pensamientos en la confluencia de la avenida de La Trinidad con la calle de La Carrera: ¡Todo un deleite para los sentidos!

Miguel Ángel González Yanes

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