POR SI fueran pocas las pruebas de la infantilidad, la inocencia y la falta de elemental cultura, digamos, político-social de don José Luis Rodríguez Zapatero, candidato socialista a la presidencia del Gobierno de España en las generales de marzo próximo, ahí está la solemne gilipollez, que en canario decimos pollabobada, del individuo del talante, cuando, como consigna de su partido en los comicios, escoge la frase "Vota con fuerza", así como la señal corporal en favor de Zapatero que consiste en los dedos medio e índice formando ángulo, con el vértice para abajo, colocados en la frente. Otra insólita pollabobada que a la gente y a un servidor no le dice nada: ¿quién recuerda a Zapatero cuando vea ese ángulo?, o ¿quién recuerda a un ángulo cuando vea a Zapatero? En cuanto a "votar fuerte", puede que algún mago, canario o peninsular, se cargue la urna a poca fuerza que eche cuando deposite el voto, y dará lugar a un verdadero lío en el recuento.
En el número de EL DÍA del jueves pasado, mi antiguo y admirado compañero Andrés Chaves publica en su columna "Superconfidencial" de este periódico un comentario dedicado a Rodríguez Zapatero, titulado "Intolerable", que suscribo de cabo a rabo. Dice que Canarias, que va a recibir una anunciada visita del político risueño en la ultima semana de la campaña electoral, no ha tenido con esta región un sólo favor que podamos agradecerle y sí muchas putadas, con perdón, que reprocharle. Añade el colega que espera que no tenga tanta caradura como para presentarse en estas Islas después de mandarnos a la escoria política de su partido como López Aguilar, que ha hecho lo imposible para fomentar la desintegración y el enfrentamiento. Acusa de adulación descarada a sujetos como Ignacio Gabilondo, periodista de última fila y adulón de Zapatero y de su rebaño de inútiles, con pocas excepciones, siempre en la línea de apoyo al PSOE de la familia Polanco, como devolución de favores. Como soy de la profesión, y aunque no lo fuera, me dan asco los "análisis" políticos de Gabilondo, por su babosa parcialidad a Zapatero y su odio a Rajoy, que trata de disimular. Y, ahora, el debate, en el que oiremos las mismas cosas, veremos la misma crispación y que no atraerá a ningún votante. Al contrario, repelerá a muchos.
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