EN TANTO que "muerte suave y sin dolor, que sobreviene como un sueño", era algo sobre lo que me pronuncié favorablemente hace al menos treinta años. Pensaba que era una suerte de actuación requerida por el paciente o por familiares de éste, si estuviese gravemente incapacitado para tomar tan trascendente decisión. Ocurre que esta práctica se ha venido convirtiendo en "una especie de doctrina de algunos médicos que sostienen el derecho a provocar la muerte para evitar los sufrimientos inútiles de un paciente, en el caso de largas y atroces agonías determinadas por un mal incurable". Quizás a este grupo pretendía pertenecer el doctor Montes, que ejercía en el departamento de Urgencias del Hospital Severo Ochoa, en la localidad madrileña de Leganés.
Conocido a través de los medios de comunicación, el conflicto creado por el excesivo número de muertes ocurridas en aquella dependencia hospitalaria de la que el citado doctor era responsable; la investigación llevada a cabo por la Consejería de Sanidad del Gobierno de Madrid (que no de España); los informes periciales del Colegio de Médicos; la decisión judicial de no condenar al referido doctor, por ausencia de pruebas fehacientes al no haberse efectuado autopsias al efecto y hechos subsiguientes, me ha llevado a meditar respecto de aquel pronunciamiento favorable que otrora hice. Quizás se añada a ello el que ahora estoy, al menos, treinta años más cerca del tránsito de lo que me parecía estar entonces.
También puede haber influido en mi cambio de parecer el haber visto el cobijo que ha dado el Sr. Rodríguez Zapatero (todavía presidente del "Gobierno de España") y el PSOE (del que el Sr. Rodríguez es todavía secretario general) al doctor Montes y la exaltación que de él y de sus actos médicos han hecho. Incluso brindando a las puertas del hospital.
Venía barruntando desde hace algún tiempo, al menos desde el 13 de marzo de 2004, que hay personajes que para dirigir nuestros destinos son capaces de cualquier cosa, incluso la de cercenarle esa hegemonía al Altísimo. Y los festejos y parabienes al doctor Montes, además de la defensa de las clínicas abortivas que se saltaban tres pueblos la legislación vigente, me ha hecho pensar en que si otra vez tienen la oportunidad, por que se la demos los electores próximamente, de dirigir España (o lo que de ella quede), podríamos intuir cómo se reducirían los gastos de la Seguridad Social y las listas de espera: a viejito achacoso e improductivo, sujeto de derecho de pensión, sedación, matarile, y aligerar el sistema. Así se podrá recuperar a otro enfermo o accidentado que requiera menos gasto médico en su tratamiento y pueda dar más rendimiento a la sociedad. Hitler ya lo practicó profusamente. Puestos a "recuperar la memoria histórica" no está de más recordar aquello.
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