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CARLOS ACOSTA GARCÍA

De profesión, mis ignorancias (Núm. 227)

23/feb/08 19:11
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ESTOY ENFRASCADO en la lectura del libro "Cartas a Luis Maffiotte", que escribió don Patricio Estévanez y publicó el Aula de Cultura de Tenerife en 1976 con el concurso del Instituto de Estudios Canarios. ¡Cuantas cosas he aprendido sobre la vida social y política tinerfeña en el siglo XIX. Me llevé una gran sorpresa al leer la página 58. Se dice en ella que don Rosendo García-Ramos firmaba en los periódicos sus trabajos con el pseudónimo de Chantecler. Mi sorpresa es doble: por el apellido del escritor -apellido compuesto, como se ve- y por el pseudónimo elegido. Me acuerdo de mi amigo Alfonso García-Ramos, aquel inolvidable director de "La Tarde" que firmaba sus escritos precisamente con tal sobrenombre.

En el libro nada se aclara, pero tengo en mi biblioteca un ejemplar de "Pico de Águilas y otros artículos", recopilación de trabajos del bueno de Alfonso, con prólogo de mi también amigo el escritor y crítico de arte Eliseo Izquierdo. Tal prólogo tiene 40 páginas, pero me basta releer unos renglones para enterarme de que don Rosendo era abuelo paterno de Alfonso, por lo que éste decidió un día tomar como propio el pseudónimo de Chantecler. Y yo no tenía ni idea de esta circunstancia. ¡Ay, mis ignorancias!

Paso a las páginas 106 y 107, en las que don Patricio Estévanez habla de los Juegos Florales que van a celebrarse en La Orotava en febrero de 1901. Y dice el escritor:

"Los orotavenses me parece que esta vez se lucen con su fiesta. Saben en el interior hacer estas cosas mejor que nosotros".

Seguro que don Patricio nos quiso decir un piropo, pero se le escapó la palabra "interior", que en muchos pueblos no aceptamos porque nos ha parecido siempre una actitud inoportuna -por llamarla de algún modo- de ciertos santacruceros, empeñados en que lo que no es Santa Cruz ha de ser siempre "interior". Y, claro, a los garachiquenses y a los portuenses, por sólo citar dos ejemplos, no nos gusta la manera de señalar porque no estamos en el interior, sino a la orillita del mar.

Hace muchos años, concretamente el 29 de noviembre de 1972, publicó don Antonio Marti, en este mismo periódico, un artículo sobre el mismo asunto. Y lo titulaba, precisamente, "Eso del interior". Unos días después me vi obligado a contestar a don Antonio, personaje por el que siempre sentí viva simpatía.

Voy a copiar ahora unas frases que don Patricio escribió en su carta del 24 de agosto de 1901 a Luis Maffiotte.

"¿Sería fácil enviarme, sin grandes prisas, sino cuando buenamente puedas, una lista de todas las obras escritas por hijos del país o que se ocupen de Canarias, aunque sean de autores chinos? Ya tengo más de 100 y si me envías esa lista para ir cumpliendo mi bibliotequita...".

Tenía don Patricio la misma intención que he tenido yo desde hace algún tiempo. La verdad es que todavía no tengo cien obras, pero me voy acercando porque, no en vano fueron o son garachiquenses escritores como José Mª Benítez Toledo, Salvador Quintero, Analola Borges, Tomé Cano, Martínez de Fuentes, Fray Domingo José de Cáceres, Bartolomé García del Castillo, José de Monteverde y Molina, Pascual González Regalado, Cirilo Velázquez Ramos, Hupalupa, Antonio Álvarez Alonso, José Velázquez Méndez, Juan Manuel Castañeda Contreras, José Moriana, José Mª Velázquez..., todos los cuales han unido sus obras a las de los forasteros Alejandro Cioranescu, Pedro Tarquis, Domingo Martínez de la Peña, Manuel Rodríguez Mesa, José Miguel Rodríguez Yanes, David W. Fernández, Manuel Hernández González, Luis Ortega Abraham, José Bernardo González Falcón, Fernando Lima, Miguel Machado Bonde... que también escribieron mucho y bien sobre Garachico sin haber nacido en él. Pronto llegaré a tener ese centenar de obras, si cuento las 32 que han salido de mis manos. Si don Patricio Estevánez se sentía orgulloso de las que había escritas sobre este rincón de España, el mismo orgullo sentimos los garachiquenses por casi idéntico motivo, salvando, como es lógico, las distancias en calidad y contenido.

Finalizo con otras frases del notable escritor santacrucero y que leo en la página 137 de sus "Cartas a Luis Maffiotte":

"Creo que me ocupo -o me preocupo- más desinteresadamente que nadie de las cosas del pueblo; y sin embargo, no sólo no me molesta predicar en el desierto, sino que soy siempre el primero en apoyar decididamente cuanto otros proponen (...) aunque hay otras cosas que yo considere mejores y más urgentes. Lo que sí suele suceder (...) y me molesta es que cualquiera, sin pararse a meditar ni conocer las razones en que me fundo (...), se salga combatiéndolo sólo por combatir".

Cuanto antecede ha sido escrito por don Patricio Estévanez; pero en algún momento llegué a pensar que eran mis propias palabras, porque tales incidencias las he vivido yo muchas veces a lo largo de los años.

¡Ay, los celos! ¡Qué malos consejeros son!

 

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