1.- Qué pena. Hace unos meses se escuchó la voz de Santiago Pérez , en el Parlamento de Canarias. Miguel Zerolo no lo escuchó, pero sí varios diputados presentes en la cámara: "Tú, al talego", gritó Pérez. ¿Ustedes creen que vale la pena votar a este PSOE, a un partido que alberga en sus filas, como dirigentes, a personas de ese talante? Pérez me está poniendo a caer de un burro, en una especie de emisora/libelo que emite desde La Laguna, cada semana. ¿Qué hago, le meto una demanda o sencillamente le recomiendo a cualquier psiquiatra amigo para que ponga sus cosas en orden? Nadie había crispado antes en nuestra tierra como estos dos personajes, perdidos en el mar de brumas de la mala política: Santiago Pérez y Juan Fernando López Aguilar. Son tal para cual, parecen cortados por la misma tijera; para ellos el mundo entero es malo menos unos cuantos de su cuerda. A mí me parecen patéticos, desorientados, histéricos y fuera de sí.
2.- No pienso aprovechar esta tribuna para contestar a Pérez; no vale la pena. Es un fracasado y él lo sabe: jamás ocupará un cargo político importante porque la gente no lo quiere; por eso intriga y muñe desde los barrios bajos socialistas; cuando llega al Parlamento no se da cuenta de que ya no está en la cloaca, sino en la institución, y una especie de dislexia y su mala leche le hacen desaforarse, bramar e insultar. Qué pena, porque Santiago no era así. La metamorfosis se la debe, quién sabe, a su amigo López. En los últimos tiempos, el PSOE ha establecido un curioso requisito para los ministros de Justicia: que toquen la guitarra; López la puntea y Bermejo la destrozaba en su destartalado conjunto musical de juventud. Y es que Dios los cría y ellos se juntan.
3.- Dice Zapatero que el PP crispa, que el PSOE no. Miente, como miente casi siempre. Que tenga vergüenza y reciba a nuestro presidente del Gobierno; que no humille más a Canarias, tarea en la que le ayuda con entusiasmo un coro de tarados y estrafalarios políticos desde el corazón de las ínsulas atlánticas. Han descubierto los socialistas el insulto como argumento, incapaces de arreglar la economía, de parar la inmigración ilegal, de conseguir que el nuestro sea un país tranquilo, de combatir al terrorismo, de bajar las brutales tasas de paro, de procurar que los españoles lleguemos a fin de mes, de eliminar las terribles bolsas de pobreza. Muy mal bagaje para tan largo viaje. Por eso espero que España entera reaccione y tome nota. Y a Santiago: hasta nunca.
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