Este es el nombre con el que es conocido el conjunto de actuaciones previstas por el Gobierno español para cooperar con los Gobiernos de ese continente cercano. Demasiado extenso como para resumirlo en estas pocas líneas, incluye numerosas propuestas para el apoyo de la educación básica, en especial de las niñas, así como la potenciación de las universidades africanas y un programa del fomento de la I+D con el objetivo de paliar parte de la fuga de cerebros que está sufriendo el continente.
Esta nueva planificación se sustenta en la existencia de una nueva realidad africana, en la que los avances registrados en procesos de paz y la progresiva consolidación de sistemas democráticos y del principio de integración regional coexisten con la persistencia de conflictos como los de Darfur o la región de los Grandes Lagos, los elevados índices de pobreza y subdesarrollo y la emergencia de nuevos desafíos como los flujos de inmigración ilegal o la amenaza de implantación de redes terroristas en Estados débiles.
Nuestro querido Archipiélago, además, se sitúa precisamente junto al África subsahariana, es decir, la región más pobre del planeta, ya que al menos 33 países de esta zona forman parte del grupo de países menos adelantados, lugares donde la esperanza de vida al nacer es de 46 años, el índice de alfabetización de adultos es del 63% y el índice bruto de escolaridad del 44%. Más de la mitad de la población subsahariana, unos 300 millones de personas, sobrevive con menos de un dólar al día. Los datos no pueden ser más claros y más terribles. Por si poco fuera, África es víctima de grandes pandemias, que además de su trágico impacto en términos humanitarios suponen un pesado lastre para el desarrollo del continente. Más de dos terceras partes del total de personas infectadas con el sida se hallan en el continente vecino. Junto al sida, la malaria y la tuberculosis también destrozan la vida en la región. El 90% de las muertes causadas por la malaria se producen en África, donde cada día casi tres mil personas mueren debido a esta enfermedad.
Ésta es la cruda realidad, esto es lo que hay. La vocación solidaria de los canarios, sobradamente demostrada a lo largo de estos años, nos incita a apostar por una sólida ayuda a los países menos avanzados del África subsahariana y, en este sentido, de los 90 millones presupuestados en 2006 se llegará a superar los 120 millones de euros este año, un auténtico hito histórico, pues es la primera vez en la historia de España que se impulsa una política de ayudas concretas hacia esta región tan relacionada con nuestro Archipiélago. Este nuevo plan, una de las grandes apuestas de Zapatero para la próxima legislatura, incluye además numerosas líneas de fomento de la cooperación para regular adecuadamente los flujos migratorios procedentes de la región y combatir el tráfico ilegal de personas, ese tráfico al que por desgracia nos hemos acostumbrado tanto los canarios. Diríase, casi, que ya no hay playa de las Islas a la que no haya arribado algún cayuco con su famélica carga.
Pero tampoco seremos hipócritas, porque desde Canarias también nos interesa impulsar, reforzar y diversificar los intercambios económicos y fomentar inversiones, porque no podemos olvidar la gran importancia estratégica de la región subsahariana para nuestra propia seguridad energética y las oportunidades de negocio en el sector de hidrocarburos para las empresas españolas. Debemos mirar hacia esta región también como una posibilidad más para el crecimiento de nuestra economía, y dejarnos de miedos o prejuicios. Debemos atrevernos.
Estoy convencido de que África nos dará más alegrías que sinsabores, que nos devolverá con creces toda esa ayuda. Y es hora de que Canarias lidere, por su privilegiada situación geográfica, los intercambios económicos con el continente vecino, tan pobre pero también tan rico, una tierra llena de posibilidades ilimitadas para también hacernos crecer a nosotros y sacarnos de nuestro aislamiento, de nuestro dormitar, a veces demasiado pánfilo o pacato, como si no fuéramos capaces de creernos nuestras propias capacidades. África tiene todavía mucho que decirnos, muchísimo que darnos y, por eso, nos extiende su mano, caliente y arenosa, a la espera de que nosotros sepamos estrecharla en un sincero apretón de camaradería, igualdad y justicia.
* Candidato al Congreso por la provincia de Santa Cruz de
Tenerife por el PSOE
© Editorial Leoncio Rodríguez, S.A. |Aviso legal | Mapa del sitio | Publicación digital controlada por OJD