ÁLVARO MORALES, El Sauzal
Por supuesto que no les gusta perder, que su espíritu competitivo y deportivo resulta innegable y que dejan cada fin de semana destellos de clase. Sin embargo, el gran triunfo, el principal valor de los miembros del Club Deportivo Asorte consiste en su empeño por romper barreras, tópicos e inmovilismos. El primer conjunto de sordos que disputa una competición oficial de fútbol en Canarias (en aficionados) deja cada fin de semana en diversos campos de la Isla un magnífico ejemplo de superación de adversidades, de trabajo en equipo y de lucha por la integración y la igualdad, sobre todo porque pequeños detalles prueban que aún deben limarse muchas cuestiones, como que, a diferencia de lo que ocurre en la Península, aquí los árbitros carecen de los pañuelos reglamentarios para señalizar las infracciones y se depende mucho más de la comunicación y buenas intenciones del rival para frenar las jugadas invalidadas y sólo pitadas.
La idea de crear un equipo de sordos surge en la temporada 2004-05. Domingo Hernández, capitán y una de las personas clave, explica que sólo pudieron en esa etapa crear un conjunto mixto. Además, y por falta de financiación, tuvieron que esperar a 2006 para volver a los campos, siendo clave el apoyo de entidades como Simpromi, CajaCanarias, el Casino Taoro y diversas empresas. Los jugadores pertenecen a la Asociación de Sordos de Tenerife. En su mayoría, proceden de Santa Cruz y La Laguna, si bien los hay de otros municipios, como La Victoria. Desde el principio, se propusieron no sólo buscar un divertimento, sino demostrar que pueden competir y demostrar su valía si se les dan oportunidades.
Como los árbitros en Tenerife carecen de pañuelos para indicar las faltas, el capitán, con sus señas, resulta clave para explicar lo que ocurre al resto de jugadores, si bien los rivales también ayudan en este apartado.
El 23 de octubre pasado se reconoció la lengua de signos. Se trata de un gran paso que los integrantes del equipo celebraron por todo lo alto y que los anima para seguir luchando contra la "discriminación" que aprecian cada día en la sociedad hacia las personas discapacitadas. La falta de subtítulos en telediarios y otros programas televisivos, unida a múltiples trabas sociales y laborales y al escaso número de charlas específicas, lejos de achicarles los convencen de que su ejemplo es más necesario que nunca y requiere apoyo.
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