En Canarias estamos ya en el año 2067
¿No se dan cuenta mis compatriotas canarios y nuestro gobierno del desastre que tal realidad significa?
Varias veces escuchamos a Paulino Rivero durante las elecciones de mayo asegurar que la población canaria había crecido en tan sólo ocho años en 500.000 personas. Lo que no se atrevió a decir, porque al fin y al cabo es un sumiso, es que la inmensa mayoría de esas personas son españolas. Nadie puede ni debe ignorar que hay dos islas, Fuerteventura y Lanzarote, donde hay más españoles que canarios. Auténtico desastre.
Si calculamos por lo bajo que Canarias ha aumentado su población durante los últimos diez años en 55.000 personas anualmente, veremos que eso significa que cada año nuestra población ha crecido siete veces más que su crecimiento natural vegetativo, que era de un sano cinco por mil. Siendo una población de 1.500.000 habitantes, cada año crecíamos en unas 7.500 personas. Vemos, por consiguiente, que nuestra población crece a un ritmo anual siete veces superior al normal, debido principalmente a la llegada masiva de colonos españoles.
En crecimiento poblacional cada año significa siete, de esta forma en diez años es como si hubieran pasado 70 años. Añadiendo 70 años a 1997 la conclusión evidente es que ¡estamos ya en el 2067!
Con esa invasión española ¿cómo se puede pretender que funcionen la educación y la sanidad? Lo verdaderamente asombroso es que algo funcione.
¿A pesar de estos escalofriantes datos va a seguir nuestro sumiso e integrador Gobierno canario sin enfrentarse a la realidad?
El turismo nos sacó de la pobreza y podríamos mantenernos alejados de ella si pudiéramos administrar el turismo de forma sostenible y adecuada a nuestra población de 1.500.000 habitantes, pero, al no ser soberanos y estar al servicio de un país de 40 millones de habitantes, estamos acabando con nuestra riqueza en un auténtico saqueo.
Imagínense que a la metrópoli, España, llegaran, en lugar de 48 millones de turistas, la insoportable cifra de 240 millones, es decir, seis veces su población. Esto sería un gran desastre, obviamente inimaginable. Pues esto exactamente es lo que está sucediendo en nuestra tierra. Actualmente, tenemos dos millones de habitantes y recibimos 12 millones de turistas, lo que significa seis veces nuestra población. Realidad pura y dura.
La labor que tenemos enfrente es ingente y difícil, pongámonos todos los canarios a aportar nuestro granito de arena, el futuro de nuestros hijos y nietos, en definitiva, de nuestras generaciones venideras, está en ello.
Para reducir la población, reduzcamos el número de plazas alojativas turísticas, con ello reduciríamos el número de turistas. Esta es una necesidad imperiosa llena de ventajas para Canarias. Nos permitiría subir los precios, tener otra vez la sartén por el mango, y no como ahora, que estamos prostituidos.
Antonio Artiles Mejías
Intolerables actos de vandalismo en Santa Cruz
O como ciertos individuos en algún determinado lugar de España dirían, de "terrorismo de baja intensidad". Y como la confusión de los términos suele acabar en confusión de los conceptos y caos general, considero mi obligación protestar cuando veo que es la quinta vez que han quemado los contenedores de papel, los de plástico, esta última vez también los de la basura, casi enfrente de mi casa. Cosas así, no admiten en ningún caso justificación alguna. Ni tampoco, el que desde las instancias a quienes les corresponde, no se ponga a ello remedio.
Supongo que los señores de Cajasiete, a quienes les han reventado por quinta vez consecutiva la gran luna de su establecimiento, además de fundirles los letreros luminosos, más los vecinos a quienes les han ennegrecido sus fachdas e intoxicado con el humo, habrán protestado los primeros. Yo quiero sumarme a ellos.
Además quiero abogar -le parezca a quien le parezca, dicta-dura o dicta-blanda, me da igual- no, de ningún modo, por castigos. Pero sí por reeducación. Y por eso mismo también, porque quien la haga, la pague. O él, o sus padres. O eso, o vuelta a tener que pagar todos, sólo por culpa de unos pocos; aunque, por cierto, cada vez más numerosos. Y por culpa, también, de quienes, teniendo la obligación de ponerle a todo ello remedio, hacen apenas nada por evitarlo. Es más; da la impresión de que hasta lo fomentan.
Y como estamos en democracia, ya no cabe sobre esto que voy a decir ni la menor duda. De quien más, de quien menos, según su propio grado de responsabilidad, la culpa es de todos.
Ora Suno
La seguridad vial en el casco del Puerto de la Cruz
El Ayuntamiento ha procedido, con buen criterio a mi entender, a colocar en diversos puntos conflictivos de tráfico vial señales o "guardias muertos" que impiden que los coches vayan a una velocidad excesiva y que aminoren su marcha, so pena de estropear sus conductores la amortiguación de sus vehículos, aunque el fin primordial -evidentemente- es la seguridad del peatón.
Vaya por delante mi más efusiva felicitación por ello al encargado de dicho menester. Sin embargo, creo que en el entorno del casco histórico faltan por poner varios guardias muertos, a unos quince metros por delante de los pasos peatonales en diversas vías que llevan a sus espaldas un buen número de accidentes entre vehículos y atropellos mortales. Es el caso, por ejemplo, de la calle San Felipe, esquina a calle Pérez Zamora y en calle Teobaldo Power, donde, aunque están puestos desde hace tiempo pasos peatonales, no existe esa señal disuasoria para la regulación de la velocidad de los vehículos. Haría falta poner dichas señales, al menos, a la altura del famoso callejón Cagado (que de eso nada en la actualidad, sino todo lo contrario, el más bonito de la Ciudad) y antes del paso de peatones allí existente. Están colocados así en la calle Mequines, que entiendo es menos transitada por los vehículos y, por tanto, la siniestralidad es mucho menor.
Nada más por ahora, dándole muchas gracias a quien proceda y en la espera de que se instalen a la mayor brevedad, para seguridad peatonal, no vaya a ocurrir algún grave y fatal laccidente en las intersecciones indicadas en la citada vía.
Víctor M. Izquierdo Pérez
En Canarias estamos ya en el año 2067
¿No se dan cuenta mis compatriotas canarios y nuestro gobierno del desastre que tal realidad significa?
Varias veces escuchamos a Paulino Rivero durante las elecciones de mayo asegurar que la población canaria había crecido en tan sólo ocho años en 500.000 personas. Lo que no se atrevió a decir, porque al fin y al cabo es un sumiso, es que la inmensa mayoría de esas personas son españolas. Nadie puede ni debe ignorar que hay dos islas, Fuerteventura y Lanzarote, donde hay más españoles que canarios. Auténtico desastre.
Si calculamos por lo bajo que Canarias ha aumentado su población durante los últimos diez años en 55.000 personas anualmente, veremos que eso significa que cada año nuestra población ha crecido siete veces más que su crecimiento natural vegetativo, que era de un sano cinco por mil. Siendo una población de 1.500.000 habitantes, cada año crecíamos en unas 7.500 personas. Vemos, por consiguiente, que nuestra población crece a un ritmo anual siete veces superior al normal, debido principalmente a la llegada masiva de colonos españoles.
En crecimiento poblacional cada año significa siete, de esta forma en diez años es como si hubieran pasado 70 años. Añadiendo 70 años a 1997 la conclusión evidente es que ¡estamos ya en el 2067!
Con esa invasión española ¿cómo se puede pretender que funcionen la educación y la sanidad? Lo verdaderamente asombroso es que algo funcione.
¿A pesar de estos escalofriantes datos va a seguir nuestro sumiso e integrador Gobierno canario sin enfrentarse a la realidad?
El turismo nos sacó de la pobreza y podríamos mantenernos alejados de ella si pudiéramos administrar el turismo de forma sostenible y adecuada a nuestra población de 1.500.000 habitantes, pero, al no ser soberanos y estar al servicio de un país de 40 millones de habitantes, estamos acabando con nuestra riqueza en un auténtico saqueo.
Imagínense que a la metrópoli, España, llegaran, en lugar de 48 millones de turistas, la insoportable cifra de 240 millones, es decir, seis veces su población. Esto sería un gran desastre, obviamente inimaginable. Pues esto exactamente es lo que está sucediendo en nuestra tierra. Actualmente, tenemos dos millones de habitantes y recibimos 12 millones de turistas, lo que significa seis veces nuestra población. Realidad pura y dura.
La labor que tenemos enfrente es ingente y difícil, pongámonos todos los canarios a aportar nuestro granito de arena, el futuro de nuestros hijos y nietos, en definitiva, de nuestras generaciones venideras, está en ello.
Para reducir la población, reduzcamos el número de plazas alojativas turísticas, con ello reduciríamos el número de turistas. Esta es una necesidad imperiosa llena de ventajas para Canarias. Nos permitiría subir los precios, tener otra vez la sartén por el mango, y no como ahora, que estamos prostituidos.
Antonio Artiles Mejías
La seguridad vial en el casco del Puerto de la Cruz
El ayuntamiento ha procedido, con buen criterio a mi entender, a colocar en diversos puntos conflictivos de tráfico via, señales o "guardias muertos" que impiden que los coches vayan a una velocidad excesiva y que aminoren su marcha, so pena de estropear sus conductores la amortiguación de sus vehículos, aunque el fin primordial -evidentemente- es la seguridad del peatón.
Vaya por delante mi más efusiva felicitación por ello al encargado de dicho menester. Sin embargo, creo que en el entorno del casco histórico faltan por poner varios guardias muertos, a unos quince metros por delante de los pasos peatonales en diversas vías que llevan a sus espaldas un buen número de accidentes entre vehículos y atropellos mortales. Es el caso, por ejemplo, de la calle San Felipe, esquina a calle Pérez Zamora y en calle Teobaldo Power, donde, aunque están puestos desde hace tiempo pasos peatonales, no existe esa señal disuasoria para la regulación de la velocidad de los vehículos. Haría falta poner dichas señales, al menos, a la altura del famoso callejón Cagado (que de eso nada en la actualidad, sino todo lo contrario, el más bonito de la Ciudad) y antes del paso de peatones allí existente. Están colocados así en la calle Mequines, que entiendo es menos transitada por los vehículos y, por tanto, la siniestralidad es mucho menor.
Nada más por ahora, dándole muchas gracias a quien proceda y en la espera de que se instalen a la mayor brevedad, para seguridad peatonal, no vaya a ocurrir algún grave y fatal accidente en las intersecciones indicadas en la citada vía.
Víctor M. Izquierdo Pérez
Intolerables actos de vandalismo en Santa Cruz
O como ciertos individuos en algún determinado lugar de España dirían, de "terrorismo de baja intensidad". Y como la confusión de los términos suele acabar en confusión de los conceptos y caos general, considero mi obligación protestar cuando veo que es la quinta vez que han quemado los contenedores de papel, los de plástico, esta última vez también los de la basura, casi enfrente de mi casa. Cosas así, no admiten en ningún caso justificación alguna. Ni tampoco, el que desde las instancias a quienes les corresponde, no se ponga a ello remedio.
Supongo que los señores de Cajasiete, a quienes les han reventado por quinta vez consecutiva la gran luna de su establecimiento, además de fundirles los letreros luminosos, más los vecinos a quienes les han ennegrecido sus fachdas e intoxicado con el humo, habrán protestado los primeros. Yo quiero sumarme a ellos.
Además quiero abogar -le parezca a quien le parezca, dicta-dura o dicta-blanda, me da igual- no, de ningún modo, por castigos. Pero sí por reeducación. Y por eso mismo también, porque quien la haga, la pague. O él, o sus padres. O eso, o vuelta a tener que pagar todos, sólo por culpa de unos pocos; aunque, por cierto, cada vez más numerosos. Y por culpa, también, de quienes, teniendo la obligación de ponerle a todo ello remedio, hacen apenas nada por evitarlo. Es más; da la impresión de que hasta lo fomentan.
Y como estamos en democracia, ya no cabe sobre esto que voy a decir ni la menor duda. De quien más, de quien menos, según su propio grado de responsabilidad, la culpa es de todos.
Ora Suno
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