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EN EL CAMINO DE LA HISTORIA JUAN JESÚS AYALA

Canarias como campo de pruebas

21/feb/08 19:08
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CUANDO se construye una teoría política sobre un territorio determinado, en este caso Canarias, basada en el personalismo y alejada de toda lógica constructivita, lo que llega a predominar es el interés de uno mismo camuflado en discursos, a primera vista contundentes y novedosos, pero que en el fondo lo que encierran son vacuidades y simplezas. Ante esto hay que decir que estamos delante de un esperpento, por no decir de una tomadura de pelo, que sigue incesante. Como si se tratara de estimular la creencia o la idea de que los que están en disponibilidad de oír esas proclamas son estúpidos y que deben tragar e identificarse de todas todas con el emisario de tales propuestas.

Viene esto a cuento porque en las pasadas elecciones autonómicas, y bajo la influencia de la personalidad política encerrada en una aureola desmedida del que llega de la villa y corte, del que deja atrás prebendas ministeriales y que es el amor a la tierra lo que le conduce hasta las islas para iniciar el desmontaje de políticas "caducas", y que en la primera vuelta de la esquina lo que acontece es que ese empeño desmedido se diluye, y ya poco importa lo que se dijo y lo que motivó que pusiera toda la carne en el asador, hay que decir que, una vez más, a las islas algunos las han tomado como campo de operaciones; o mejor, de su individual operación, no cesando un momento en emitir farragosidades insultantes, ahora, en una campaña, ya no para ser presidente de los canarios sino para asegurarse un puesto en el congreso de los diputados e instalado en la misma cantinela donde lo que predomina es el insulto y, hasta si se quiere, el barriobajerismo dialéctico.

Es esta una constante que han tenido ciertos personajes con Canarias a la que consideran una tierra de segunda o de tercera categoría, como campo de pruebas y hacer con ella lo que se quiera elevando el tono y pronunciando discursos rayando en la incoherencia y estolidez, como si se fuera el rey del mambo, dejando sentir que es el que más sabe y que los de aquí son unos desheredados, y bastante tienen si pueden disfrutar de esa inteligencia prodigiosa de jerga, apenas entendible por los que a tan alta tribuna no pueden llegar.

Políticos hay que desembarcan en las islas para rebuscar en el baúl de los recuerdos con unas argumentaciones facilonas y conclusas que no avanzan, que se enrocan situándose en el sitio de siempre, sobre sí mismos, con idénticas palabras y al socaire de un disimulo evidente y de un pretexto, más que palpitante, escandaloso.

Cuando a las Islas se las toma como campo de pruebas, como algunos así lo hacen, a partir de ahí se construirán los nuevos y rimbombantes enunciados: "aunque esté en Madrid, aunque se desmelene en el Congreso de los Diputados, Canarias estará más cerca que nunca y aunque se retire de la arena parlamentaria de las Islas, no importa, su sitio está donde debe estar, y los incrédulos se convencerán de que Canarias no ha sido para él ningún tipo de pulso, ni de prueba alguna, sino una evidente realidad que tratará de defender esté donde esté".

De esa manera se elabora otra teoría: la del nuevo impulso, ahora acompañada de los significados más precisos y preciosos, pero que, por mucho que se la quiera disfrazar de novedosa y arroparla con el magnífico esplendor de la imparcialidad, dejará entrever, y no a través de los ademanes, no a través de las palabras, sino de la desfachatez elaborada, que en lo más íntimo del discurso lo que se pretendía era llegar y tomar Canarias como un mero pretexto operacional.

Como estamos en la era del cambio, del "talante tensionado", sí que sería interesante que se explicitara, a no dejar atrás todo lo que ahora por mucho que se diga sólo quedará como una pompa de jabón. Y si hubiera que sacar una lección provechosa de tales conductas es que no por más gestos grandilocuentes, no por más prosopopeyas atinadas ni por más insultos rebuscados se construye y defiende una tierra.

La tierra se construye y defiende con la dedicación que se merece y no hoy aquí y mañana allí, según propia conveniencia, y menos manejando pretextos posibles camuflados en un excesivo culto a la personalidad que casi se puede hasta pensar que raya en lo patológico.

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