PEDRO FUMERO, Tenerife
Los miembros del Laboratorio de Criminalística de la Unidad Orgánica de Policía Judicial de la 151 Comandancia de la Guardia Civil de la provincia y los integrantes del equipo de Policía Judicial con base en Playa de las Américas finalizaron ya la inspección ocular de la vivienda en la que el pasado viernes fueron hallados los cuatro cadáveres de una familia integrada por Pascuale-Marino Cerrato, Sophie de Roeck y los dos hijos de ambos. Al parecer, el presunto autor de los crímenes no dejó nota en la que pudiera revelar o dar alguna pista sobre el "móvil" de su comportamiento.
Algunas personas hablan de que la familia podría haber atravesado por problemas económicos e, incluso, supuestamente la Administración de la Seguridad Social hizo un requerimiento de embargo a Pascuale-Marino, aunque se desconoce la cantidad global de tal advertencia, que se tramitó a finales del pasado año.
Algunas fuentes comentan que tampoco se han hallado "signos de violencia" que demuestren que en el hogar de los fallecidos hubo una pelea antes de la tragedia.
Tras culminar ese trabajo básico de recoger todos los indicios posibles en el escenario del crimen, que acabó durante el pasado domingo, en estos momentos se analizan todas las "piezas de convicción" apreciadas por los miembros del Instituto Armado que han tomado parte en la compleja investigación de un hecho sin precedentes conocidos en el municipio de Adeje.
En cuanto a las autopsias, en la jornada de ayer se practicó la última de ellas en el Instituto de Medicina Legal. Por su parte, las pruebas sobre el ADN y las de toxicología tardarán aún varias semanas, según algunas fuentes.
La población empieza a recuperarse de un impacto brutal en la comunidad. Ayer, los casi 700 alumnos del colegio público Adeje Casco celebraron un minuto de silencio en recuerdo de sus compañeros fallecidos, según explicó el director de este histórico centro educativo, Federico Linares.
Para Linares, los escolares "han llevado muy bien" la trágica noticia y, además, también tuvieron un comportamiento correcto durante el minuto de silencio, que se desarrolló a las 12:00 horas.
El hijo mayor de Pascuale y Sophie cursaba segundo de Enseñanza Primaria y, según relatan quienes le conocían, era el "vivo retrato" de su madre.
Por su parte, la niña fallecida estaba en "Educación Infantil de cuatro años", según fuentes del colegio.
La tarea de explicar a los alumnos la desagradable noticia correspondió, básicamente, a la orientadora del centro, que también es psicóloga. Según Linares, dicha profesional dijo a los menores "la verdad, lo que ocurrió", aunque sin explicar cómo ni quién fue el presunto responsable. Apunta el director que tal dato no es baladí, puesto que en el colegio hay diversos niños a cuyos padres les consta una orden de alejamiento familiar y el caso descubierto el pasado viernes puede provocar "fobias" entre algunos menores. Respecto a los dos psicólogos aportados por el área de Servicios Sociales del Ayuntamiento de Adeje, que dirige Carmen Nieves Rodríguez, Federico Linares considera que su papel debe estar orientado, principalmente, a enseñar a los progenitores cómo tienen que explicar a sus hijos el fallecimiento de sus compañeros de clase.
Una fuente municipal indicó que la familia formada por Pascuale-Marino Cerrato y Sophie de Roeck, junto a sus hijos, estaba empadronada en Adeje hacía 8 años, desde el 21 de enero del año 2000. Además, antes de trasladar su residencia al complejo de adosados Vesubio, en Los Olivos, vivieron en la calle Manuel Bello Ramos, en el casco urbano de la localidad sureña, en el enclave conocido popularmente como El Cerco.
Según una de las fuentes consultadas, a lo largo de hoy está previsto que llegue a la Isla algún familiar de Pascuale Cerrato. Y esta tarde habrá una misa por las víctimas en la iglesia de Santa Úrsula y un encuentro cívico en la plaza de España del casco.
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