JORNADA, S/C de Tenerife
Raúl González (1980), puntal C del Ferretería Araya Construcciones Rodríguez Mesa, rezuma felicidad. Ayer esperaba con ansias la llegada de sus compañeros al terrero para participar en el primer entrenamiento de la semana. Detrás queda el recuerdo de su tremendo éxito el fin de semana sobre Añaterve. Pero hurgando en sus recuerdos, la alegría del momento guarda sensaciones menos gratas.
-¿Siempre llega tan temprano al campo de luchas?
-Por lo general soy el primero y me voy con el resto. En el Araya no pasa como en otros equipos, donde los luchadores van abandonando el entreno poco a poco. Aquí terminamos todos a la vez.
-¿Qué sensaciones conserva del encuentro contra el Florida?
-Nos fue muy bien. Llevaba tiempo fatal, pero desde que nos enfrentamos al Tegueste salí satisfecho. Sentí que lo había hecho bien. Pero el otro día (el viernes pasado) sorprendí a Añaterve. Ya estaba a estar bastante preocupado por la mala racha.
-¿Por qué?
-Porque comencé la temporada con muchas ilusiones. Trabajé con un preparador físico propio, lo que nunca había tenido.
-¿Cuál cree que ha sido la razón de la poca repercusión de tanto sacrificio?
-Físicamente me he encontrado bien, pero moralmente, no. Aunque tengo la impresión de que lo peor ya pasó.
-Cuando mira hacia atrás, ¿dónde ve la causa de las frustraciones?
-Perder las primeras luchas del campeonato me marcó. A partir de ahí se nos resistieron los resultados. No nos salían las cosas. Intentábamos ganar, pero no podíamos y, entonces, se va uno viniendo abajo.
-Aparte de los malos resultado, ¿hubo alguna otra razón que justifique tanto malestar?
-Los comentarios también hacen daño... (pausa)
-De lo que ha escuchado en el periodo de vacas flacas del Araya y de usted, ¿qué es lo más que le ha afectado?
-Una persona, que no voy a decir su nombre, me dijo que las primeras luchas se habían perdido por mi culpa, cuando en realidad yo creía que había estado bien en los encuentros iniciales. Tengo claro que soy el segundo hombre del equipo y que no soy el máximo responsable. Y con eso no trato de echarle la culpa a Marcos, sino decir que el equipo lo formamos doce y cuando no llegan los buenos resultados el problema es de todos.
-¿Esa reprimenda por su rendimiento la ha notado en otros directivos?
-Para nada. Tino, el presidente, es una persona seria. Con los demás gestores casi que no he tenido conversación. Muchos son nuevos pero, en general, bien. Y los luchadores tenemos que ser conscientes de que ellos son los que se esfuerzan por conseguir dinero para pagarnos; por eso tienen derecho en exigirnos resultados.
-Da la sensación de que lo ha pasado mal, ¿estoy en lo cierto?
-Sí. Lo he pasado mal porque me he tragado los problemas y me he exigido mucho. No he estado a la altura del año pasado, pero no por falta de ganas ni de entrenamiento. He trabajado más que nunca. Pero el Araya es un equipo que está acostumbrado a ganar y esta temporada nos ha costado.
-¿Hay diferencias entre el Raúl de antes y el de ahora?
-Caí con Carmelo, lucha a lucha, y con Javi Galván. Pero a partir de ahí pienso que, más o menos, estuve bien. En Valle de Guerra tiré a José Ángel y a Víctor Méndez. Contra el Chijafe quité a Pablo y al Chamo, y me eliminé con Aarón. Pero cuando perdimos contra el Chijafe fue cuando empezaron los problemas para mí, porque se suele decir que el puntal C tiene que guardarle la espalda al máximo puntal. Y me fui bastante hundido para casa. En esas circunstancias, uno empieza darle vueltas a todo y es más fácil caer en el terrero porque uno no quiere perder nunca. Ojalá siempre quede en pie y me salgan todas las luchas como contra el Florida.
-¿Cómo son las relaciones entre los compañeros?
-De piña total. Nos apoyamos en todo.
-Como segundo hombre del equipo, ¿cuánto le perjudica no poder entrenar cada día con el puntal que, por motivos de estudios, reside en Gran Canaria?
-Sinceramente, el año pasado me perjudicó todavía más que ahora. Entrenábamos José María, el Chino y yo. Ahora, sin embargo, hay más gente. No está Marcos, pero sí Juan Jesús, Eusebio, José María... (pausa). Todo el equipo es de aquí. Pero, ojalá, Marcos estuviera cada día con nosotros. Lleva dos semanas en la Isla y, la verdad, a la hora de entrenar se nota el agarrar con un hombre más fuerte que uno. Estoy seguro de que me ha ayudado a cambiar la mentalidad negativa que tenía.
© Editorial Leoncio Rodríguez, S.A. |Aviso legal | Mapa del sitio | Publicación digital controlada por OJD