BENJAMÍN REYES, Tenerife
Joaquim de Almeida (Lisboa, 1957) dejó a los 17 años su Portugal natal para ir a Hollywood y convertirse en el rostro masculino del cine portugués. Habla seis idiomas (portugués, español, inglés, francés, alemán e italiano) lo que le ha permitido rodar allí donde el cine le lleve. En "Óscar, una pasión surrealista", cuyo pre-estreno será hoy a las nueve de la noche en el cine Yelmo Cineplex, se mete en la piel del pintor surrealista Óscar Domínguez, papel que le ha granjeado críticas favorables a su paso por la Berlinale.
-Lucas Fernández afirma que este es su mejor papel. ¿Está de acuerdo con tal aseveración?
-He hecho setenta películas y no sé si este mi mejor papel. Es uno de los papeles que más me ha entusiasmado hacer porque se agradece un papel como el de Óscar Domínguez, tan rico. Un personaje infelizmente desconocido por el público español. No así por el público francés. Domínguez es uno de los grandes del ciclo surrealista de los años cuarenta del siglo XX, de toda esa tertulia que había entre Picasso, Man Ray o Andre Breton. Disfrute mucho haciendo de Óscar Domínguez, un hombre que vivió el surrealismo a fondo y que vivió en los extremos.
-¿Conocía antes de emprender el rodaje del filme la figura de Óscar Domínguez?
-No lo conocia, pero un amigo mío que posee una gran colección de pintura, casualmente, tiene una pintura suya. Fue mi primer contacto con una obra suya.
-¿Cómo se metió en la piel del pintor tinerfeño?
-Este papel me costó mucho trabajo. No querían que me doblasen y trabajé mucho el acento. Para recrear veinticinco años de la vida del pintor surrealista me base en testimonios y documentos que Lucas Fernández me proporcionó. Intente captar su forma de hablar y de andar, sus realaciones con las mujeres y sus fantasmas. Es un personaje muy complejo que un actor agradece. Es un papel que no te ofrecen todos los días. Detesto verme en pantalla pero con esta película sí que me gusta verme, aunque pienso que podía haberlo hecho mejor. Es un Óscar Domínguez pasado por el tamiz de Joaquim de Almeida.
-No es la primera vez que encarna a un pintor. Ya lo hizo con Fragonard.
-A pesar de crear una pintura totalmente distinta que el surrealismo Fragonard también vivió la vida al extremo. Le gustaban también mucho las mujeres.
-¿Se aborda de una forma diferente interpretar personajes que realmente existieron a personajes ficticios?
-Se encara de una forma distinta. Con los personajes reales hay que documentarse y ser lo más fidedignos posibles. En un personaje ficticio hay más libertad.
-Ha rodado en Estados Unidos, España, Portugal, Francia, Italia... ¿Se considera un apátrida del cine?
-Me considero ciudadano del mundo. Me gusta rodar en idiomas y países distintos aunque me encanta Portugal y los Estados Unidos, donde vivo hace 31 años.
-Al margen de usted, María de Medeiros y el cineasta Manuel de Oliveira, el cine portugués es un gran desconocido en España. ¿A qué lo achaca?
-El cine portugués no se conoce porque no viaja. Es un cine pobre que no tiene mucho dinero. El cine de Manuel de Oliveira es un cine de Cáhiers du cinema.
-En su filmografía concita la atención que haya repetido dos veces con la directora Luna. ¿Qué le movió a trabajar con una realizadora cuasi desconocida en "Yo, puta" y "Náufragos"?
-Por dos guiones distintos y los actores interesantes que intervenían. También por curiosidad. Me gusta hacer cosas distintas. A veces funcionan y otras no.
-¿En Hollywood le suelen encasillar en papeles de villano?
-Cuando haces un malo y lo haces bien la gente te llama para hacer más de lo mismo.
-Trabajó con los hermanos Taviani en "Good Morning Babylonia". ¿Qué recuerdos tiene de esa experiencia?
-Fue una experiencia fantástica. Fue mi primer protagonista y me abrió la posibilidad de trabajar en Europa. Los Taviani son maestros del cine italinao.
BENJAMÍN REYES, Tenerife
Joaquim de Almeida (Lisboa, 1957) dejó a los 17 años su Portugal natal para marchar a Hollywood y convertirse en el rostro masculino del cine portugués. Habla seis idiomas (español, inglés, francés, alemán, italiano y portugués), lo que le ha permitido rodar allí donde el cine le lleve. En "Óscar, una pasión surrealista", cuyo preestreno tendrá lugar a las nueve de la noche en el cine Yelmo Cineplex, se mete en la piel del pintor surrealista Óscar Domínguez, papel que le ha granjeado críticas favorables a su paso por la Berlinale.
-Lucas Fernández afirma que este es su mejor papel. ¿Está de acuerdo con tal aseveración?
-He hecho setenta películas y no sé si este es mi mejor papel. Es uno de los papeles que más me ha entusiasmado hacer porque se agradece un personaje como el de Óscar Domínguez, tan rico en matices. Un personaje infelizmente desconocido por el público español. Domínguez es uno de los grandes del ciclo surrealista de los años cuarenta del siglo XX, y se codeó con Picasso, Man Ray o André Breton. Fue un hombre que vivió el surrealismo a fondo y que vivió en los extremos.
-¿Conocía antes de emprender el rodaje del filme la figura de Óscar Domínguez?
-No lo conocía, pero un amigo mío que posee una gran colección de pintura tiene casualmente una pintura suya.
-¿Cómo se metió en la piel del pintor tinerfeño?
-Este papel me costó mucho trabajo. No querían que me doblasen y trabajé mucho el acento. Para recrear veinticinco años de la vida del pintor surrealista me basé en testimonios y documentos que Lucas Fernández me proporcionó. Intente captar su forma de hablar y de andar, sus relaciones con las mujeres y sus fantasmas. Es un personaje muy complejo que un actor agradece. Es un papel que no te ofrecen todos los días. Detesto verme en pantalla pero en esta película sí que me gusta verme, aunque pienso que podía haberlo hecho mejor.
-¿Se aborda de una forma diferente interpretar personajes que realmente existieron a personajes ficticios?
-Se encara de una forma distinta. Con los personajes reales hay que documentarse y ser lo más fidedignos posible. En un personaje ficticio hay más libertad.
-Ha rodado en Estados Unidos, España, Portugal, Francia, Italia... ¿Se considera un apátrida del cine?
-Me considero un ciudadano del mundo. Me gusta rodar en idiomas y países distintos aunque me encantan Portugal y los Estados Unidos, donde vivo desde hace 31 años.
-Al margen de usted, María de Medeiros y el cineasta Manuel de Oliveira, el cine portugués es un gran desconocido en España. ¿A qué lo achaca?
-El cine portugués no se conoce porque no viaja. Es un cine pobre que no tiene mucho dinero. El cine de Manuel de Oliveira es un cine de Cáhiers du Cinema, muy intelectual.
-En su filmografía concita la atención que haya repetido dos veces con la directora Luna. ¿Qué le movió a trabajar con una realizadora cuasi desconocida en "Yo, puta" y "Náufragos"?
-Por dos guiones diferentes. Me gusta hacer cosas distintas. A veces funcionan y otras no.
-¿En Hollywood le suelen encasillar en papeles de villano?
-Cuando haces un malo y lo haces bien, la gente te llama para hacer más de lo mismo.
-Trabajó con los hermanos Taviani en "Buenos días, Babilonia". ¿Qué recuerdos tiene de esa experiencia?
-Fue una experiencia fantástica. Fue mi primer protagonista y me abrió la posibilidad de trabajar en Europa. Son unos maestros.
© Editorial Leoncio Rodríguez, S.A. |Aviso legal | Mapa del sitio | Publicación digital controlada por OJD