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19/feb/08 19:06
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España necesita una coalición PSOE-PP

Nunca he votado al PP o PSOE. Sin embargo, considero que una gran coalición entre ambos para la legislatura 2008-2012 podría ser, si se usa bien, una tabla de salvación que resuelva con eficacia nuestros problemas presentes y despeje los negros nubarrones que en distintos ámbitos se ciernen sobre nuestro futuro.

Ese "casi gobierno de concentración" aunaría y tendría detrás una abrumadora mayoría social y parlamentaria: nada menos que el 80% por ciento del electorado y unos 315 escaños de los 350 de que consta el Congreso. Esto le permitiría tomar una serie de decisiones que el país necesita imperiosamente, pero que no es probable que el PSOE o el PP se atrevieran a adoptar teniendo a su principal contrincante poniéndole zancadillas desde la oposición.

Enumeraré algunos de los asuntos en los que, a mi juicio, es imperioso tomar decisiones drásticas y expeditivas.

Medio ambiente: por ejemplo, el abastecimiento "continuo e ilimitado del agua domiciliaria" (al que el siglo XX nos acostumbró) va a tener (para evitar males mayores) que ser objeto de unas prudentes pero aún así impopulares restricciones. Paralelamente, urge una normativa tajante, un control día a día, y en su caso una inexorable penalización de las empresas e industrias contaminantes.

Delincuencia: es un secreto a voces que la delincuencia juvenil, por un lado, y la delincuencia organizada (bandas mafiosas extranjeras) por otro, requieren un replanteamiento en profundidad por parte de los poderes públicos que habrá de conllevar un endurecimiento de las leyes, una inmediatez en los juicios y una ejemplaridad en el funcionamiento penitenciario. Son democráticamente inadmisibles los atropellos impunes que la ciudadanía pacífica está aguantando impune y crecientemente día a día.

Estado del bienestar: la plasmación real de, por ejemplo, una ley de gran contenido social como lo es la magnífica Ley de Dependencia, requerirá unos recursos públicos de los que (en la situación económica actual y nada digamos de la que se avecina) nuestro país no dispone ni dispondrá salvo que se retoquen a la baja otras prestaciones sociales menos necesarias, sobre todo por lo que respecta a los abusos en la percepción injustificada de subsidios. Ello, claro está, deberá contrapesarse desde el mundo sindical (y desde partidos como IU) para que dichos retoques no vayan más allá de lo imprescindible y preserven lo esencial de nuestro Estado social evitando situaciones de indefensión, exclusión o desvalimiento.

Educación: es un clamor que nuestra enseñanza no universitaria necesita un firmísimo golpe de timón, un giro de 180 grados, sobre todo para garantizar que los profesores, como cualquier persona que asume una responsabilidad esencial, tengan una autoridad y un mando total e inequívoco que permita que las clases "puedan funcionar". La presente realidad cotidiana (propiciada por la actual normativa) es de caos, desorden e indisciplina, y la lógica e inevitable consecuencia es, entre otras, la pésima preparación de las últimas generaciones estudiantiles.

Podríamos añadir que: en materia de turismo, que ningún país serio estaría cruzado de brazos ante las nefastas consecuencias socioeconómicas y la degradación de la calidad vacacional propiciada por el sistema del "todo incluido", que debe proscribirse o disuadirse con fuertes impuestos. En inmigración, que la falta de medios y mecanismos jurídicos para controlar el acceso ilegal a nuestro país han sido escandalosos y que esta situación debe revertirse. En materia de emisiones televisivas, que deben censurarse aquellos programas que deforman cívica y humanamente a niños y adolescentes, toda vez que constituyen una contraeducación permanente y un sabotaje a la difícil tarea de padres y profesores.

En conclusión, una coalición PSOE-PP (o PP-PSOE) es la única vía para conformar un gobierno democráticamente fuerte con verdadera capacidad de usar sin melindres los poderes ejecutivo y legislativo (y dinamizar la Justicia con una fulminante reforma procesal) como única forma de defender y compaginar (eficazmente, inapelablemente, y sin complejos) los intereses generales y los particulares.

Emilio de Fez

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