LA GENTE, nuestra gente, parece no encontrarse a gusto, quizás porque aquella "perita en dulce" que ofrecían CC y su séquito si ganaban las elecciones iba a cambiarlo todo, y el tiro nos ha salido por la culata. Por eso no es de extrañar que muchos realejeros y realejeras sientan sensaciones amargas, visto lo poco visto hasta ahora: carreteras en mal estado, agua potable que no llega a algunos domicilios, alumbrado público deficiente, plazas nada gratas donde el abandono es elocuente, aceras en mal estado, polideportivos para olvidar, tráfico intenso y sin miras a mejorarlo, bibliotecas públicas que esperan que el concejal de Agricultura las conecte a Internet como lo es la del Realejo Bajo, parques, como el de La Higuerita, en el más pésimo de los abandonos miradores que necesitan papeleras y más limpieza, senderos turísticos idos de la mano política, asociaciones vecinales vestidas con el atuendo de CC y que dejan mucho que desear... Y otras dirigidas por sus propios militantes. Atascos impresionantes de tráfico desde El Castillo hasta el puente de San Agustín. Y así la tira. Y no es de extrañar que el paladar esté amargo cuando la trifulca ya no sabe para dónde mirar.
Ana Oramas, pequeña de estatura pero con un corazón tan grande como el Teide, debe darles clases políticas a sus compañeros de partido en Los Realejos, porque me da la sensación de que ni el señor Amaro ni quienes lo acompañan en sus filas saben por dónde caminan. Ana Oramas se ha ganado el aprecio y el respeto ya no sólo de los laguneros, como es natural, sino además de muchísima gente que no es de La Laguna. Ana Oramas ha convertido a La Laguna, con su acertada gestión y siempre al pie del cañón, como Agustina de Aragón, en una ciudad encantadora, digna de todo elogio porque La Laguna es un gran palacio que Ana y los suyos han logrado enriquecer.
Lástima, y pena me da, no poder decir lo mismo de mi pueblo, Los Realejos, porque tenemos unos gobernantes que no saben dónde les queda la mano derecha. Con muy poco empeño en resolver los problemas que tiene esta villa, y ahí tenemos la casa natal de Viera y Clavijo esperando que se convierta en un museo, promesa que se viene oyendo desde que los socialistas gobernaban este municipio; la de los molinos de la Hacienda de Los Príncipes fue otra vieja promesa y no sabemos qué rumbo le darán. Y ahora ya no saben qué destino va a tomar la Casa de La Parra. Algunos dicen que será la casa del gofio, otro que la casa del vino, y hay quien asegura que será la casa del azúcar. Lástima que no sea la casa del chocolate del loro, porque hay por estos alrededores tantos sabios e inteligentes que en cualquier momento meten la cuchara en la lata de las galletas pensando que la misma está llena de leche en polvo.
Y como aquí nada pasa, ya ni las asociaciones de vecinos tienen su protagonismo. Y muy cerca de mí tengo un centro social que espera desde hace tiempo que desde el ayuntamiento se decidan a abrir sus puertas. Me refiero al Centro Social de La Caldereta, en el Lomito Baso, dentro del barrio de Tigaiga, que es el único en Los Realejos que cuenta con dos asociaciones vecinales. De sus gestiones, funciones y demás se puede escribir un amplio libro. Y como sabios abundan que es un primor, pues no dudemos que algún "bergante", con perdón, haga funcionar el ordenador y nos relate tan impresionantes historias, que las tiene, y que se deben conservar.
También parece que se tambalea la de Gordejuela. Debe de ser que el centro destinado para la misma aún está en obras y que los decoradores no han concluido sus trabajos. Mella tiene la cosa, y ya a su presidenta no se la oye protestar. Debe ser que está muy contenta con los chicos de CC en el ayuntamiento, porque mientras estuvo José Vicente González Hernández del Partido Socialista, como alcalde, todo eran protestas y manifestaciones. Ahora, y aunque yo no me lo creo, todo parece "coser y cantar". ¡Cómo cambian las cosas y la gente, compadre Casimiro!, ¡cómo cambian! Espero que no sea por un plato de lentejas.
Y que mal sabor de boca nos está dejando don Oswaldo Amaro Luis si no cambia de táctica. El hombre tiene sus caprichitos y se encuentra muy cómodo montado en su burrico camino a Jerusalén. Lo que me falta saber es si su entrada en la Tierra Santa será más dichosa que la de nuestro padre Jesús.
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