G. MAESTRE, S/C de Tenerife
Después de cuatro días de vista oral y de uno de deliberación, a última hora de la tarde de ayer, el presidente del jurado popular conformado para determinar la culpabilidad o no de Andrés J.R.D., por el asesinato de su ex novia, Beatriz S.M., leía el veredicto por el que declaraba culpable al acusado, consideraban probados los agravantes de indefensión y parentesco, y rechazaban los atenuantes de colaboración y trastorno mental.
Sentado junto a su letrado, el procesado, que desde el principio de la sesión evidenciaba un estado de nerviosismo, se hundió y comenzó a temblar y a llorar. Y es que durante estos días ha tratado de demostrar infructuosamente que la muerte de Beatriz se produjo como consecuencia de una pelea en la que él terminó perdiendo el control de tal manera que, hasta la fecha, no le permite recordar los detalles de lo que realmente pasó.
Esta versión no ha convencido al jurado en ningún punto, ya que terminaron considerando probado que "Andrés J.R.D. atacó sorpresivamente a la víctima sin que se haya encontrado señal alguna de la lucha a la que él hace referencia. Fue él el autor de la agresión por arma blanca que llevó a la muerte a la que fuera su novia y los restos de ADN encontrados bajo las uñas de la joven así lo demuestran también".
Sin embargo, el asunto más peliagudo era determinar si la muerte de Beatriz se produjo como consecuencia de una reacción desproporcionada o si fue planificada por el agresor. En este sentido, los miembros del jurado manifestaron por unanimidad que: "Él planificó la muerte de Beatriz y, además, cómo apuñalarla para que le afectara a órganos vitales y asegurarse de que moriría", aunque rechazaron que se hubiera ensañado con ella y le hubiera causado más dolor del necesario.
No hubo trastorno mental
Respecto a la situación de enajenación mental argumentada por la defensa, el jurado manifestó que "no cabe un atenuante de trastorno mental transitorio porque no hay ninguna base que sostenga esa predisposición del acusado y la exploración psicopatológica realizada por los peritos del juzgado arrojó que no actuó bajo un estado de enajenación. Además, consideramos que el estímulo que supuestamente desencadenó el acto no fue tan fuerte como para producir la reacción que él tuvo y otro hombre en las mismas circunstancias no hubiera obrado igual".
Por último, rechazaron los atenuantes de arrepentimiento y colaboración "ya que éste no confesó hasta tres días después y lo hizo cuando la Policía ya había decidido detenerlo".
Así las cosas, y tras conocer el veredicto, los letrados de la acusación coincidieron en solicitar al magistrado presidente que emita una sentencia de 20 años de prisión y 300.000 euros en concepto de indemnización, mientras que el letrado defensor pidió que declarara la pena mínima para estos casos que es de 17 años de cárcel.
Una vez terminado el juicio, el letrado de la defensa, aseguró que no estaba de acuerdo con la decisión tomada por el jurado y que "recurriremos".
Por su parte, la madre de Beatriz, Isolina, con gran serenidad y, a la pregunta de un familiar que estaba contenta, dijo: "cómo voy a estarlo, pase lo que pase a mí me falta mi hija".
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