1.- Una ola de especulaciones y de rumores se ha desatado en torno a la pretendida venta de Radio Burgado, la emisora comercial de FM que creé, hace catorce años, a un grupo empresarial de Las Palmas. Al margen de que mi decisión se conocerá realmente después de las elecciones, los que ahora se asombran sobre la posible venta de la radio no han reparado en algo tan elemental como lo que voy a contar. Esta emisora ha estado funcionando, año tras año, cumpliendo sus compromisos económicos, pagando puntualmente a su personal y sobreviviendo aun en tiempos de penurias económicas. Detrás de ella, y hasta la fecha, no existe grupo empresarial alguno. Ha sido un foro de opinión y de libertad. Su nombre vale, porque hemos sabido calar hondo en el pueblo, en la clase política y empresarial, en todos los sectores. No hemos recibido subvención alguna, ni prebenda gubernamental; hemos sido discriminados una y otra vez en la publicidad oficial; hemos sufrido a veces el acoso y el derribo, cuando no la más absoluta indiferencia, de las agencias de publicidad, que recomendaban a sus clientes su ausencia de nuestra radio. Pero aquí estamos, saliendo cada mañana y cada noche a los aires de las islas.
2.- Probablemente, el esfuerzo no ha valido la pena. La radio en sí -y no el grupo de empresas- es deficitaria. Una mercantil no puede vivir de romanticismos y posiblemente ha llegado la hora de apagar la vela. Algunos curiosos se han acercado a mí para aconsejarme. Ahora todo el mundo aconseja. Me dicen: "Pero, ¿cómo se te ocurre vender la radio, ahora que van a conceder las frecuencias?". Pues miren, probablemente hasta en eso soy un ácrata, un tipo raro. Lo cierto es que estoy cansado de luchar contra los molinos de viento -¿o es que son gigantes?- y de defender a una sociedad pacata y desmoronada en la que ya no queda casi nadie valioso. Así lo creo y así lo cuento.
3.- No se extrañen, pues, de que el día 11-M diga yo adiós a Radio Burgado, que sin duda sobrevivirá. A lo mejor me da por aceptar cualquiera de las ofertas millonarias -en pesetas- que me han hecho otras emisoras. Pero ya sin tener que pagar teléfonos, ni IGIC, ni Seguridad Social, ni sueldos, ni retener el IRPF. Todo tiene un principio y un final y yo ya cumplí 60 años. Ahora me convertiré en un trabajador por cuenta ajena hasta que pierda definitivamente las ganas de luchar. Que ojalá sea muy tarde.
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