ME PASÉ algún tiempo del año pasado buscando, entre la leonera de mis papeles, un librito, una breve biografía que había adquirido hacía la tira, porque creía recordar -y acerté- que en 2007 se conmemoraba el ciento cincuenta aniversario del nacimiento de El Pedómano. Pasó el año y resulta que me encontré el ejemplar hace un par de días, casualmente. Lo buscaba para escribir un cuento basado en su figura. Tal vez lo haga, pero les adelanto aquí algunas notas sobre el curioso (y auténtico) personaje que lo protagonizará.
Joseph Pujol fue un marsellés que, en efecto, nació en 1857, y que siendo un adolescente descubrió en una playa, de manera fortuita, una cualidad que ignoraba: su capacidad para absorber agua por el esfínter anal y, después, expulsarla con tremenda potencia y precisión. El lector no debe asombrarse ni tomar a broma lo antedicho. Nuestro Premio Nobel de Literatura, Camilo José Cela, gozaba de idéntica capacidad y habrá quien recuerde que, en un programa de televisión, pidió una palangana para hacer una prueba en directo y disipar así la incredulidad de la periodista que lo entrevistaba.
El caso es que Joseph Pujol creció -y creció entrenando y dominando sus intestinos- hasta llegar a una edad en la que consideró que su habilidad podía convertirse en un negocio y un espectáculo. Y así fue. Pero, el agua ya no tenía cabida en los planteamientos teatrales de Pujol, que eligió un nombre artístico muy apropiado: El Pedómano. Joseph, durante aquel tiempo, había aprendido a dominar de tal modo sus ventosidades que era capaz de ofrecer una cantidad notable de numeritos a cual más cómico o admirable. Imitaba a la perfección el cuesco de una señorita o la pedorreta de un mariscal. Sabía peerse con tan extremada técnica que podía interpretar a base de pedos cualquier melodía, cuplé o canción de moda que le pidiese el respetable. (Se cuenta que su interpretación de "La Marsellesa" era impecable, pero solamente se avenía a semejante exhibición en privado y en presencia de gente de su máxima confianza). Finalizaba su espectáculo apagando con el gas expelido por su ano una vela situada a diez metros de distancia.
Como probablemente piensen ustedes que hablo de una atracción de feria o de un truco de barraca, aclararé que la mayor parte de la carrera profesional de El Pedómano transcurrió en el escenario del parisino Moulin Rouge y que cobraba 20.000 francos por actuación (las grandes estrellas teatrales del momento no llegaban ni de lejos a la mitad). Murió a los 88 años, por supuesto retirado y rico.
Una curiosidad. Todos podríamos entrenarnos en ejercicios de esta naturaleza. Lo normal es que cualquier persona -hombre, niño o mujer- se tire, al día, una media de catorce pedos. Aunque ni los cuente y ni cuenta se dé.
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