G. MAESTRE, S/C de Tenerife
La primera jornada del juicio con jurado que se celebra a lo largo de esta semana contra Andrés J.S.D. como acusado de la muerte de su ex novia, Beatriz S.M., el día de navidad de 2006, se saldó ayer con la declaración del procesado en la que, si bien se ratificó en su autoría, se justificó en que había tomado previamente alcohol y hachís, que Beatriz le dijo que le había sido numerosas veces infiel y, además, que lo provocó e insultó en varias ocasiones hasta arrinconarlo en la cocina "donde cogí un cuchillo del fregadero. Lo siguiente que recuerdo es verme en el suelo junto a ella en un charco de sangre y entrarme pánico. En lo único que pensé fue en salir de allí despavorido pero me vi lleno de sangre, así que cogí parte de la ropa que me había preparado Beatriz para llevarme, me cambié y me llevé todo lo que encontré: su móvil, las llaves del piso, etc."
Con este testimonio, Andrés J.S.D. trató de dar a entender a los miembros de jurado que no fue un asesinato perfectamente preparado tal y como creen los miembros de la acusación, sino que fue consecuencia de una violenta pelea que terminó de forma dramática. Así, la defensa aludió en su primera intervención a un importante trastorno mental transitorio como causa del fatal desenlace.
"Yo no quería creer lo que Beatriz me decía y empecé a llorar. Entonces ella me dijo que era una "nenaza" y comenzó a golpearme y a insultarme. Llegó a hacer una lista con los nombres de los chicos con los que me había engañado. La discusión se fue tornando cada vez más violenta y, ya en la cocina, vi que observó el cuchillo que estaba en el fregadero y me dijo: atrévete, atrévete, es lo último que recuerdo".
Preguntado acerca de lo que sucedió después de salir del piso, el imputado relató que "me fui al coche y vi que tenía las manos llenas de sangre, me lavé con una garrafa de agua que tenía en el maletero y salí de allí corriendo, pero tenía un ataque de ansiedad y no podía conducir, así que me desvié en la primera salida. Seguía teniendo sangre así que volví a lavarme, me cambié completamente de ropa y tiré a la basura todo lo que había cogido del piso y, debido al estado de nervios en el que me encontraba, también tiré las llaves de mi coche, así que llamé a mi padre para que me trajera las de repuesto".
No recuerda cómo fue
Pese a los numerosos intentos efectuados por parte del Ministerio Fiscal y de los tres letrados de la acusación, el de la acusación particular, el de la acusación popular compuesto por el Instituto Canario de la Mujer y el Abogado del Estado, Andrés J.S.D. no logró recordar con exactitud cómo sucedieron los hechos y se limitó a decir que lo primero que recuerda es que "tras verla ensangrentada, la llamé varias veces, y al ver que no reaccionaba, me entró pánico"
Sin embargo, para todos los miembros de la acusación, los hechos son bien diferentes y se basan en la premeditación y frialdad con la que habría actuado el acusado. Así, todos consideran probado que después de que Beatriz pusiera fin a la relación, Andrés insistió en numerosas ocasiones en que la retomaran, encontrando siempre la negativa de la joven de 21 años que incluso comenzó una nueva relación sentimental.
Con la intención de darle muerte, el acusado habría esperado a que los compañeros de piso de la joven no estuvieran para ir al domicilio y, pertrechado con un cuchillo y con ropa para cambiarse, nada más abrirle la puerta se abalanzó sobre ella y le asestó hasta ocho puñaladas para, a continuación, cambiarse de ropa y deshacerse de las pruebas que le incriminaban. Dentro de este plan, llamó a su padre para decirle que había perdido las llaves y tener una coartada que le situaba fuera del lugar del crimen. En este sentido, todos los letrados recordaron que los hechos tuvieron lugar el día de Navidad y que el procesado no confesó su autoría hasta el día 28 cuando ya se encontró acorralado.
Teniendo en cuenta estos argumentos, el Ministerio Público y el abogado del Estado coincidieron en solicitar 17 años de prisión por un delito de asesinato y una indemnización de 200.000 euros, mientras que la acusación particular y la popular la elevaron hasta los 25 años por considerar el agravante de parentesco y concretaron la responsabilidad civil en 88.000 y 65.000 euros respectivamente.
Por su parte, la defensa solicitó cuatro años de prisión por un delito de homicidio con los atenuantes de enajenación mental transitoria y arrepentimiento y una indemnización aparejada de 64.500 euros.
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